“El hijo y el
objeto a ” SUMARIO
Quiero presentarles, quizás de una forma un tanto descriptiva, el trabajo que ha ido realizando hasta el momento una paciente.
De este tratamiento en curso lo que me interesa presentarles es el siguiente recorrido: 1).- Lisa, en su historia familiar, parte de un I(A) que viene representado por su hermana mayor y del cual ella se sostendrá hasta el momento en que surgirá el deseo de tener un hijo, lo que para Lisa supondrá un cambio de posición subjetiva y la caída de éste y otros ideales.
2).- Lisa desea un hijo, aunque tal deseo no es compartido por su marido; tras un pacto entre la pareja, este hijo será engendrado y llegará a la familia sin la cobertura del marido. Veremos los efectos que ello produce.
3).- Este hijo, desde el inicio, y durante un tiempo, estará situado para Lisa en el lugar “del objeto a´ del fantasma del Otro”, el Otro materno, que fue la madre de Lisa y que podemos enunciar así: “aquel objeto que Lisa fue para su madre”.
Mediante el trabajo realizado a lo largo de estos seis años de tratamiento Lisa conseguirá: primero, distanciarse de ese lugar que ella ocupó para su madre, reconocer alguna de las marcas que este lugar le dejó, marcas que después devendrán pulsiones con las que podrá ir rescatando “un objeto a” distinto “al objeto a’ del fantasma del Otro”. Hasta el momento Lisa ha podido rescatar un S1: “callada”. La dialéctica establecida entre este S1 en relación a otros significantes (S2), frente a un I(A), le ha posibilitado ir desalojando a su hijo del lugar del objeto a´ del fantasma del Otro, situándolo más como un objeto pulsional. Veremos también en un tercer paso como este hijo podrá ocupar el lugar del I(A) de la pareja parental y, en la actualidad, estar colocado en el lugar del síntoma de la pareja entendido como, “ lugar donde uno es depositario de lo que no anda entre sus progenitores.
4).- Creo que es importante señalar de entrada que tanto la paciente como su hijo son dos sujetos de estructura neurótica ya que, hasta el momento, tanto por los dichos como por los decires de Lisa, no tengo ningún indicio que me haga pensar lo contrario.
Quiero hacerles referencia a una nota de J. Lacan titulada: “Nota sobre el niño”, publicada en El Analiticón nº3, “Psicoanálisis con Niños”, donde Lacan escribe: “La distancia entre la identificación con el ideal del yo, y la parte que toma en el deseo de la madre, si no tiene mediación (de la que normalmente se ocupa la función del padre), deja al niño abierto a todas las maneras de ser presa del fantasma, se convierte en “objeto” de la madre, y no le queda otra función que la de revelar la verdad de ese objeto”... “El niño satura, sustituyendo ese objeto, el modo de falta en que se especifica el deseo (de la madre)”... “El niño, en la relación dual con la madre, le da, accesible sin mediación, lo que le falta al sujeto masculino: el objeto mismo de su existencia, apareciendo en lo real”.

Este
triángulo pueden encontrarlo, apuntado, en el texto “Interpretación, saber y
verdad. Apuntes sobre el triángulo saber-verdad-Goce en relación a la
interpretación”; Texto de
Lisa llega a mi consulta a mediados del año 1998; dirá que la manda su médico de cabecera y que le ha recetado un ansiolítico. Desde entonces, a temporadas, lo toma cuando se siente muy ansiosa o angustiada que es “cada vez que tiene que afrontar una situación nueva por insignificante que sea.”
Actualmente, Lisa tiene 37 años, vive en pareja y es madre de un niño de 9 de años. Es la menor de una familia numerosa formada por un varón y tres mujeres aunque parece ser que la madre después de tenerla a Lisa, tuvo dos embarazos más que no llegaron a término. Con la hermana mayor tuvo una relación estrecha hasta que ésta se fue de casa muy jovencita (siempre fue una mujer marginal e independiente); de ella dirá que fue su ideal, que la admiraba mucho tanto de pequeña como de adolescente y también de adulta, pero todo cambió cuando Lisa fue madre: ahí empezaron a distanciarse hasta que llegaron a un punto donde no existía prácticamente relación puesto que ya no pensaban igual, no tenían nada que compartir ni nada que decirse. Para Lisa, la maternidad implicaba una elección, un lazo social distinto, un viraje en cuanto a sus ideales y valores, una responsabilidad que pasaba por conseguir un trabajo estable y legalmente reconocido; esto implicaba una cierta integración en la realidad social establecida, lo que la llevó a apartarse de las juergas que hasta aquel momento frecuentaba con otros con los que compartía ciertos rasgos de “marginalidad social”, cosa que hasta entonces la había ido sosteniendo. Primero, su hermana mayor, como representante de ciertos ideales y valores, dejó de ocupar el lugar del I(A) para ella y, después, fue perdiendo consistencia lo que hasta entonces representaba la marginalidad como “territorio o espacio de dignificación del sujeto” donde alojarse, llegando a hacer insignia de rasgos tales como ser anticonsumista, antisistema...
La opción de Lisa, a partir de la maternidad, empezará a pasar lentamente por otras coordenadas, no sin grandes dificultades que ya iremos viendo.
De su otra hermana dirá que es “la clásica” de la familia; nosotros podríamos decir que es la hija que responde al ideal de los padres. Lisa dirá que de pequeña no se llevaba bien con ella; su hermana, en casa, siempre contaba todo lo que había hecho en el colegio, mientras que ella siempre se quedaba callada (S1; significante que a lo largo de su historia la ha ido representando para otro significante frente a un I(A)).
Del hermano mayor sólo dirá que de joven se fue al extranjero, allí empezó a trabajar y a organizarse su vida, de vez en cuando viene y sólo se ven en fechas muy señaladas.
Respecto
a los padres, hasta el momento ha dicho poco; su madre parece ser una mujer
poco tolerante, a la que las hijas le han pesado demasiado a lo largo de su
vida, sobretodo la mayor, porque en momentos determinados, desestabilizó a
Del padre sólo ha dicho que es un buen hombre, pero siempre cree tener la razón en todo, comenta que fue un padre rígido y vigilante excepto con el hijo varón.
Lisa plantea su demanda así:
“Necesito que alguien me ayude porque mi hijo me angustia mucho, tengo serias pesadillas por las noches, me despierto sobresaltada pensando que mi hijo está enfermo, que se puede morir y que yo no sé cuidarlo, llega un momento que me obsesiona la relación que tengo con él” (el niño, en 1998, tiene unos tres años ). Mencionará también que siempre tiene que quedar bien con todo el mundo, no puede negarle nada al Otro; la familia, el trabajo, el niño..., Además, comenta que con el marido las cosas no andan como a ella le gustaría, se siente sola tanto en la educación de su hijo como en la relación de pareja. Dirá que de todo esto lo que más le angustia es su hijo: se despierta por las noches sobresaltada, aparecerán muchos temores siempre relacionados con la exclusión del marido viéndose ella como única responsable de su hijo. Éste será el punto central por donde, poco a poco, la demanda de Lisa irá desplegándose y la pondrá a trabajar.
Durante los primeros tres años y medio de tratamiento, Lisa centrará su trabajo en la relación madre-hijo, marcada ésta, fundamentalmente, por una considerable imposibilidad de separación entre ambos. Cuando ella se pregunta por qué van apareciendo otras preguntas y varias respuestas, entrando en una dialéctica que le permitirá, de momento, aunque sea a trompicones, “introducir al marido como padre de la realidad para después, en un segundo tiempo, posibilitar que aparezca la palabra paterna para el hijo, valorarla sobretodo delante del niño y así “colaborar”, como dice ella, a que su marido ejerza de padre con su hijo” (introducción de la ley). Sabemos que la entrada del tercero permite la separación entre madre e hijo. La incorporación del registro simbólico organiza y posibilita el triángulo edípico que en este hijo, al final de este período, queda establecido; la función paterna anda “a trompicones”, la pareja parental como tal va operando para este niño y las angustias y obsesiones de Lisa respecto a su función materna aminoran, cosa que, poco a poco, le permitirá hablar más, no callar tanto y plantear algo de su deseo.
¿Cómo consiguió Lisa responderse a por qué no podía separarse de su hijo y lo que fue apareciendo alrededor de esta pregunta?
Lisa habló y habló de cómo ella se identificaba con su hijo: cada vez que su hijo estaba enfermo, ella también; se despertaban por la noche los dos al mismo tiempo; cuando su hijo se angustiaba, ella lo pasaba mal. Quizás podamos pensarlas como identificaciones imaginarias sostenidas por el propio fantasma.
Lisa
pudo contar, no sin grandes dificultades, cómo ella deseaba tener un hijo y no
así su marido; esto llevó al matrimonio a diversas discusiones donde aparecían
los planteamientos, enfoques y filosofías distintas sobre la familia, la vida y
el mundo en general, y siempre acababan las discusiones con posiciones
diferentes; ella quería formar una familia: un hijo era alguien que podía
llenarle la vida, traer alegría al matrimonio y era pensado como una nueva
etapa en sus vidas, ya que ella y su marido , se casaron muy jóvenes y es cerca
de los 27 años cuando ella se plantea
- “tener un hijo de esta manera, me ha
traído consecuencias tales como: sentirme sola y ver que un hijo tiene que
educarse con un padre y una madre, no con una madre que intenta llevar a cabo
las dos funciones a la vez.” -
Creo que ésta es la manera que Lisa tiene de transmitirnos que este hijo fue engendrado porque ella lo deseaba. Para ella, tener un hijo sin la cobertura del marido hace surgir la verdad de su propia existencia en el campo del Otro: ella está marcada por el deseo de muerte de su madre, una madre que dice a las hijas: ”sois insoportables, desapareceré ”. De entrada, la relación entre Lisa y su hijo viene marcada por este lugar de deseo mortífero en el cual su madre la colocó a ella como objeto. Para Lisa, su hijo viene a realizar algo de este objeto que ella ha sido para el Otro: un objeto mortificante para la madre; es por eso que desde un principio su hijo estará situado basculando entre el lugar del objeto a´ del fantasma del Otro, (la madre de Lisa) y el lugar del objeto a de su propio fantasma ( el de Lisa) convirtiéndose así en objeto plus de goce y ¡como no!, de sufrimiento para ella.
Es a partir de esta significación: “tener un hijo de esta manera...” que Lisa podrá empezar a releer su historia y recorrer todo un trayecto para poder situar a su hijo en el lugar del I(A) de la pareja parental.
En este primer tiempo de trabajo fue surgiendo “la cara terrible del Otro” encarnada en la reaparición de angustias y miedos infantiles tales como miedo a lo desconocido, a las broncas familiares y a las figuras imaginarias de los profesores de la escuela pública a la que iba. Recordó que desde muy pequeña siempre tenía miedo y angustia, que era una niña muy estudiosa y brillante en los estudios. Ella siempre obedecía y se callaba pasara lo que pasara.
Explicó que empezó a tener miedo a la noche y a la soledad, cada vez que se quedaba sola en casa con su hijo. Los espacios abiertos la agobiaban, los cerrados también, no quería viajar, todo aquello que ella no podía tener controlado en su pequeño territorio le producía angustia y se encontraba mal.
En el mundo laboral, empezó a agobiarse, no podía afrontar ninguna situación nueva, sólo podía trabajar pocas horas, no aguantaba una jornada laboral entera (ella se dedica al mundo de la arqueología, trabaja en una empresa donde su jefa es desorganizada y muy autoritaria, donde los límites y funciones de cada cual nunca están claros, aspecto que a ella la va descolocando sistemáticamente. Varias veces se ha planteado dejar el trabajo, pero de momento va poniendo ciertos límites al Otro lo que le permite seguir trabajando en lo que le gusta).
Creo que para Lisa, desde un inicio, he ido ocupando el lugar del Otro de la palabra, un Otro que le va posibilitando hacer significaciones que le permiten ocuparse de sí misma y de su hijo para poder desalojarlo del lugar del objeto a´ del fantasma del Otro. Un trabajo que le permite ir atemperando el goce del Otro y dar entrada al marido, posibilitando así la introducción de la ley paterna; primero, para que este hijo siga ocupando el lugar de falo imaginario en el triángulo imaginario del esquema R (falo imaginario, i(a), í’(a)) y después, para que pueda situarse en el lugar del Ideal en el triángulo simbólico del esquema R ( I(A), A, lugar del falo simbólico) y así, en la separación, poder distinguir el objeto a’ del fantasma del Otro y el objeto a de su propio fantasma, que tendrá que pasar por la articulación que vaya haciendo el sujeto en diferentes momentos de su recorrido, con la marca que el deseo del Otro le dejó. Esto implicará una dialéctica pulsional donde el sujeto podrá ir rescatando un objeto.
El trabajo de distanciamiento que Lisa va
realizando le permite dejar de ocupar ese lugar de objeto terrible que fue para
su madre, dignificándola como sujeto al tiempo que va consiguiendo vaciar el
goce que articula ese deseo mortífero que el fantasma del Otro le ha dejado
como marca. Ahora puede comenzar la dialéctica con el propio fantasma, es
decir, a preguntarse por su deseo.
A nivel de diagnóstico, una vez tuve claro que estaba frente a una estructura neurótica y visto desde la actualidad podría decir que durante este primer período fundamentalmente mis intervenciones apuntaron a la introducción del tercero, a la necesidad de poner límites al Otro y a hacer presente su deseo cada vez que éste aparecía tanto a nivel laboral como en la relación con el Otro.
En cuanto a la transferencia, ¿qué lugar ocupo? Creo que el lugar de un Ideal que sabe hacer sobre la función materna, de la misma manera que en otros momentos de su vida otros Ideales le indicaban cómo hacer.
Un segundo tiempo de trabajo
Fue
después de estos primeros años de tratamiento cuando propuse a Lisa el paso al
diván; ella aceptó tranquila pero un poco sorprendida por el cambio. ¿Por qué
el paso al diván en este momento y no en otro? Algo de la separación con su
hijo estaba bien asumido, la angustia, ansiedad y los síntomas corporales
habían aflojado y ella se planteaba que quizás debería abordar otros temas que
no fueran su hijo o el trabajo. Pensó que estaría bien poder hablar de su
padre, de su marido y de las cosas que pasaban en casa cuando era pequeña. En
este segundo período de trabajo, Lisa comenta que la relación con su marido ha
cambiado un poco; se sorprende al ver el interés que tiene él por su hijo.
Respecto a los amigos, su actitud es más abierta y sociable, hay un punto de
sorpresa respecto a que quizás pueda recuperar una cierta alegría en
Lisa se interroga sobre su timidez y sobre por qué todo lo que sale de los hábitos cotidianos y del pequeño círculo de amistades la inquieta tanto. Le gustaría hacer algo más, como trabajar en una empresa más grande. De momento aparece como algo imposible; ya le van bien las cosas tal como están.
Respecto al goce, ella señala que es un goce en solitario, con su imaginación, el goce fálico parece no pasar ni por el marido, ni por otros hombres. ¿Qué estatuto darle al silencio que ella mantiene respecto a los hombres?
Unas cuantas amistades, el mundo laboral, el marido, el hijo y la familia parecen configurar el círculo donde Lisa se ha ido moviendo hasta ahora. ¿Qué pasa con lo endogámico, qué del goce está en juego, si puede plantearse así? De momento, es una puerta que se va abriendo poco a poco y permite que su discurso se vaya histerificando, al mismo tiempo que el deseo, en Lisa, ya no está ni tan prevenido ni desfallece con tanta rapidez como al inicio: ahora lo podrá sostener en distintos ámbitos, lo que supone una ganancia que la vivifica y la aleja de la posición mortífera frente al Otro en la que estaba situada. Veámoslo:
Desde
hace unos meses ha habido una cierta apertura en el mundo laboral y social; de
trabajar, sola, en un espacio reducido, haciendo jornada reducida, ha
pasado a trabajar en equipo, en trabajos de gran envergadura, en espacios amplios y con compañeros, trabajo
que está siendo muy gratificante y enriquecedor para ella, tanto a nivel
laboral como social. Le costó mucho decidirse, pero la decidió el querer
trabajar con compañeros, en espacios amplios, y el hecho de que es un trabajo
discontinuo: el trabajo siempre tiene un tiempo de inicio y fin que hay que
cumplir, lo que para Lisa supone poder combinar temporadas de trabajo en equipo
y temporadas de trabajo en solitario a media jornada.
Este trabajo le ha posibilitado viajar a lugares
lejanos y también ir haciendo nuevas amistades y relaciones con sus compañeros
de trabajo que por ahora mantiene también fuera del ámbito laboral.
Los cambios ya no son tan traumáticos para ella, aunque se angustia, sabe hacer y no se inhibe frente a las situaciones; su marido tuvo un accidente laboral y ella pudo afrontar todo el proceso con bastante serenidad y normalidad del cual salió con un cierto “bienestar y un no saber qué decir” que la llevó a plantearme varias preguntas: ¿Cómo seguir trabajando? ¿De qué hablar? ¿Qué cosas quedan por resolver? ¿Qué aspectos deberían salir o aparecer en su tratamiento que aún no han surgido..?. Le devolví la pregunta y frente a su silencio e insistencia le señalé que quizás podría explorar más sobre su infancia, la relación con su madre... La dejé un poco en el aire y tímidamente fue hablando de su triángulo edípico. Ahora está apareciendo el dolor infantil sufrido por una madre a la que ella define como egoísta, neurótica, “mimada y consentida a la que las hijas le molestaban y eran un gran estorbo para ella”; se atreve a criticarla y empieza a surgir un cierto odio. Lisa dirá: “mi madre nos amenazaba con matarse cuando nosotras, las hijas, no nos portábamos bien; era y sigue siendo una histérica ; mi madre estaba todo el día de mal humor y protestando a mi padre por el malvivir que le dábamos las hijas. ¡Cómo no iba a estar yo siempre angustiada de pequeña!”
Por primera vez ha hablado de la relación que ella tenía con sus tios de Galicia, que para ella representaron la cara amable y tranquilizadora del Otro. De pequeña pasaba los veranos en casa de éstos en una aldea cercana a la ciudad, y dirá: “allí yo era feliz, estaba tranquila, con mi tía la relación era sencilla, fácil y tierna. ¡Con ella sí podía hablar, me escuchaba, me entendía y no había gritos! Jugaba en la calle con los niños y niñas de la aldea; aquel ambiente me gustaba. Eran niños de clase humilde, las familias de allí vivían de forma sencilla y sin complicaciones (rasgos y ambiente que encajan con los orígenes de su marido, quizás algo de estos ideales infantiles sea lo que permitió establecer un fuerte lazo amoroso con el marido), todo muy distinto al ambiente de casa”, dirá Lisa. Recuerda que esperaba con gran ilusión que llegara el verano para irse a la aldea.
Lisa, en la actualidad, sigue hablando de su estructura familiar, y esta madre, silenciada hasta ahora, empieza a ocupar el centro de su discurso, permitiéndose a sí misma “no callar”, decir y expresar el dolor que ello le causa.
Para concluir, podría decir que, en esta mujer, esto implica un cambio importante, ya que lo que está en juego es el pasaje del “callar” (S1), al “decir”, (del “goce del Otro al goce fálico”).
Barcelona, Enero del 2005 SUMARIO