OSCAR WILDE EN EL
TIEMPO DE COMPRENDER EL FANTASMA
Epistola in carcere et vinculis: De profundis
Bárbara Maria Brandão
Guatimosim
“(…) como consecuencia de haberme dejado coger en la trampa (…) me
encuentro en el más profundo lodo, entre los célebres Gilles de Retz y Marqués
de Sade”.
“¡Desde las profundidades del abismo, clamo a vos, Señor! Señor, escuchad
mi voz.
Extended vuestros oídos atentos a la voz de mi súplica”.
De Profundis, Salmo 129
A los cuarenta y un años, teniendo
ya prácticamente escrita toda su obra, compuesta de cuentos, ensayos, poesías,
obras teatrales y una novela, el escritor irlandés Oscar Wilde, inglés por
adopción, se ve comprometido en su vida personal y artística por el encuentro
con lo que fuera para él una “funesta amistad” [1]. En Londres,
ya casado y con dos hijos, mantenía relaciones con otros muchachos, que acogía
generosamente en un “banquete de panteras” [2]. Eran en su
mayoría prostitutos, que la era victoriana, con sus leyes que condenaban la
homosexualidad, convirtió en chantajistas potenciales. Con algunos de estos
muchachos no buscaba solamente diversión. “Me casé tres veces en mi vida, una
con una mujer, dos con hombres”. Su último y fatal matrimonio fue con un joven
de poco más de veinte años, Lord Alfred Douglas, del cual intentó separarse
varias veces[3]
y que ya frecuentaba amigos homosexuales poco fiables. El bello Douglas,
aspirante a poeta, pasó a vivir como un mantenido[4] a costa de un
Wilde que siempre cedía[5], de su madre
débil y complaciente[6], y en
constante disputa con su padre, J. Queensberry, que hacía del estandarte del
moralismo una promoción propia.
Douglas
no era muy discreto en su amistad con Oscar y con esto provocaba a Queensberry,
que pasó a insultar al escritor ya famoso acusándolo de sodomía y corruptor de
jóvenes, o más concretamente, de su hijo[7].
Incitado en extremo por Lord Alfred, Wilde resolvió intervenir en la disputa
entre hijo y padre procesando al último por difamación[8].
Oscar, que se decía hijo típico de su siglo, no contó con la violencia de la
hipocresía de la sociedad inglesa que tanto criticaba, pero de la cual también
se aprovechaba. Wilde, con su doble vida, convencional y clandestina, recurrió
a la ley moral y recibió su respuesta invertida[9].
El padre acusado en nombre de la moral se convirtió en acusador del inmoral, y
por medio de estratagemas sutiles, consiguió condenar a Wilde a la pena máxima
de dos años de prisión a trabajos forzados, después de un largo proceso del
cual rehusó huir por una mezcla de honra, orgullo, prepotencia, impotencia y
sacrificio[10].
Wilde
pasó en su carrera, rápidamente, de la fama incontestable a la infamia y
bancarrota absolutas. En la prisión sufría horriblemente, con derecho a raras
visitas y restringidos contactos por carta con pocos amigos. Pero de A. Douglas
sólo le vino el silencio y noticias que le indignaban. Fue en los últimos meses
de cumplimiento de su pena en la prisión de Reading, con acceso ya a algunos
libros, papel y tinta antes negados que, ante el silencio del amante y en el
aislamiento, redactó tal vez la mayor carta de amor conocida en la literatura,
destinada al “querido Bosie”, A. Douglas. La epístola, según Wilde, no defiende
su conducta: la explica. Pero no sólo eso: se lamenta, acusa, interpreta, busca
redención en el sufrimiento, en el dolor, en el amor, en el perdón, en la
humildad, en Cristo, y esperanza en la “vita nuova” que se prescribe, haciendo
el levantamiento de las causas y de la dimensión de su ruina. Insistía en decir
que la prisión lo había cambiado profundamente “porque allí encontré mi alma”[11].
Puesto
en libertad, intentó retirarse a un monasterio de jesuitas, pero fue rechazado.
Tal vez, recluso se sintiera más libre. Pues su libertad parece tenerlo aún más
prisionero. Divorciado de su mujer, Constance Lloyd, y habiéndosele prohibido
ver a sus dos hijos, retomó su vida con Douglas, su “puerto seguro”, y fue por
él nuevamente abandonado, reincidiendo en la misma situación anterior, ya que
no había dinero para mantenerlo[12].
Su única obra posterior al tiempo de cárcel fue
La
condición de viudo le reservó una pensión modesta, siempre insuficiente para
sus gastos. Pasó el final de su vida bebiendo, holgazaneando, divirtiéndose con
muchachos, y en conversaciones con algunos pocos amigos, admiradores y
piadosos, que lo mantenían en todos los sentidos. Pero sufría con la
indiferencia y desprecio de la mayoría y de muchos a quienes su generosidad
había regalado en los tiempos de gloria y fortuna. Por eso, pasó a evitar
también la convivencia, aún de los que le eran agradables. Murió en 1900, en la
miseria, rodeado de los contados amigos más allegados y de Robert Ross, que
nunca lo abandonó y que fue su albacea literario. Cuando salió de la prisión,
Y es
de esta carta impresionante, dramática, desigual, contradictoria, entretejida
de reflexiones filosóficas, religiosas y artísticas, atormentada como el
complejo remitente, que hago una lectura a partir de la escucha psicoanalítica,
siguiendo, en el testimonio que aporta, algunas de sus líneas temáticas, con
sus circuitos, sus repeticiones y su despecho. Las muchas citas seleccionadas y
numeradas en el cuerpo y en el final de este texto, extractos de la voz escrita
de Wilde, tienen el objetivo de hacer que la carta hable por sí misma, dando
soporte vivo a lo que voy apuntando.
No la
religión, pero sí la vida de Cristo emerge, en ciento punto del texto, análoga
a la verdadera vida del artista. A partir de eso, Cristo es representado, de manera
nada ortodoxa, como el mayor poeta romántico del esteticismo, con el cual Wilde
se identifica idealmente, un tanto a su imagen y semejanza[32].
Defiende que los rituales litúrgicos deberían ser una especie de celebración
teatral. Cristo es entonces protagonista, no del altruismo, sino del supremo
desapego individualista, porque mira hacia el alma del hombre[33];
la de unos vale como la de los otros, porque son diferentes[34].
Defendiendo el error[35],
desprecia a los hombres para quienes la vida es una sagaz especulación, un
cálculo de los caminos y medios, y que, donde quiera que van, visten la máscara
de lo que programaron; y el castigo es que tendrán que usarla. Wilde entiende
que Cristo amaba a los pecadores, próximos a la perfección, porque sólo ellos
podían arrepentirse[36].
Comprende que el deseo primordial de Cristo no era reformar a los hombres, ni
tampoco aliviar el sufrimiento[37].
Sin creer en reformas morales o teológicas, los pasos de la pasión de Wilde le
dan el derecho adquirido de compatibilizar el dolor[38],
dolor que aquí, infiel a Dante, toma como un bello bien[39]
con una convencida lealtad eclesiástica. Quiere que el dolor se introduzca en
su obra conviviendo, no imitando la realidad, ni de la forma vulgar que lo
experimentó[40],
sino con una cierta cualidad estética[41].
Sin embargo, este proyecto no fue realizado.
Wilde
prosigue en
Todo
lo que acontece en la vida de Wilde sobreviene de una fijación de la cual no consigue,
en gran medida no quiere, decididamente, librarse. No solamente retomó su
vínculo con Douglas después de la prisión, como la propia carta vaticinaba[49],
sino que, tal vez por saber más aún del goce a partir de
A lo
largo de toda la carta, donde leemos el discurso histérico ejerciéndose en
plena súplica, produciendo saber, haciendo ciencia, reseguimos también la
gravedad de la seducción del fantasma que se hace, al final, inexorable,
obstruyendo la salida. Ciertamente la bella imagen de Douglas era solamente una
tela imantada, elegida de entre todas, que encubría el fantasma masoquista y
mortífero[50].
Pues lo que la pintura hecha por Wilde refleja y retrata[51]
era lo que Douglas implicaba como figura obscena e imperativa del goce que no
quiere saber de lo imposible; o sabe, pero aún así… No es sorprendente entonces
que al pintar la imagen de Douglas encuentre los colores lúgubres de la misma
figura en sí mismo. Es como Wilde fabula el encuentro con su alma en la
prisión.
“Un
hombre deparó con un ser, que le escondió su rostro, y dijo: ‘Voy a obligarlo a
mostrar su rostro’. El ser huyó. Al ir a su encuentro, lo perdió de vista, pero
su vida continuó. Por fin su placer lo llevó a una sala larga, donde las mesas
habían sido puestas para muchas personas, y, en un espejo, vio el ser que
persiguiera en la juventud. ‘Esta vez tú no te me escarparás’, dijo, pero el
ser no sólo no intentó huir sino que tampoco ocultó el rostro. ‘¡Mira’, gritó
el ser, ‘y ahora sabrás que no nos podremos volver a ver, pues éste es el
rostro de tu propia alma, y es horrible!’”. (Wilde, citado por Ellmann, R..., p
487.)
De la
misma forma que el amado, no fue la homosexualidad la
que condenó a Wilde y a la cual él
nunca renunció, que no lamentó[52]
o cuestionó. Igual porque la homosexualidad ya se perfilaba en la casta y
sobria Inglaterra de entonces. Era tolerada, siempre que no se revelase. No fue
el sexo, sino un amor devastador lo que le aprisionó. Este “Amor que no osa
decir su nombre”, como Douglas lo llama en su poema “Dos amores”, esconde menos
la opción sexual amorosa que otra terrible pasión oculta: aquella que lo lleva
a la muerte. Y Wilde responde repitiendo como un eco en los dichos y escritos
últimos: “Porque cada uno de nosotros mata lo que ama, pero no todos han de
morir”[53].
Es
probablemente con la lúcida visión de ese escenario trágico que Wilde, en la
carta, se identifica con el débil Hamlet de Shakespeare, al sentir la misión
que le llega del fantasma como un peso insoportable para él: un poeta, un
soñador que se arrastra a la acción, sin saber qué hacer[54].
Compara a Douglas con los compañeros de Hamlet, los inmortales tartufianos
Rosencratz y Guildenstern[55],
y la dulce Ofelia, que rozan el secreto trágico del príncipe, pero no saben
nada de él, y de nada sirve revelarles aquello que no pueden comprender[56].
Aún
así la carta se mantiene del inicio al fin, mezclando variaciones temáticas, como
una gran súplica sinfónica al Amor; Amor que, con toda la estupidez, sin
comprender nada, sabe del goce: “¿Por qué no me escribiste?”, “¿Por qué no me
escribes?” Pregunta que el autor, por sí mismo, va respondiendo
insistentemente, explorando de modo desesperado los incansables matices de una
“comprensión”, tan incesante que se vuelve, en el texto, innumerable. Una
comprensión que se dice y se revela por demás “psicológica” para lo que es
preciso “aprender” y “enseñar”[57]
a Douglas[58];
esto es: el imposible, don de la castración[59].
Evidentemente, el hecho de insistir por escrito en esa comprensión, en nada
cambió la vida del escritor, ni le reservó un futuro distinto[60].
Wilde pasó sus
últimos años de vida abandonándose a ella, haciendo comedia de la tragedia
humana, navegando en una y otra, sedándose con alcohol y humor cuando el dolor
de su desgracia mostraba sus garras. Bajo el nombre de Sebastián Melmoth, que
adoptó en la prisión, pasó sus últimos meses exiliado en París; pero, como
disfraz, era completamente inútil; Wilde, con su estatura gigantesca debía ser
tan conocido como la torre Eiffel. Tuvo como compañero inseparable su estilo
inconfundible, una escritura compuesta de ironía, humor y poesía que, mas allá
de su obra escrita, lo mantenía como un conversador insuperable, contador de
historias, prosista irresistible, lo que ciertamente lo salvó de la soledad
absoluta, en el epílogo de su vida, acompañándolo hasta su lecho de muerte.
De profundis es una súplica ilimitada, una
especie de expurgación que, por falta de un corte conclusivo, acto decidido,
hace retroceder el largo tiempo de comprender al instante de ver –y entonces se
vuelve inevitable repetir y revivir la misma y nefasta experiencia en looping.
Dejado a la deriva el comprender, sólo puede degradarse en la sumisión y en la
servidumbre a lo que fue revelado. El tiempo de comprender sólo se legitima
como tal –real elaboración, construcción- a partir de la lógica que el momento
de concluir exige como pérdida de goce y apuesta por lo desconocido, abriendo
las puertas de la celda fantasmagórica. En el caso de Wilde, el resultado es
que el prisionero no sale de la prisión. Es más, ésa es la certeza que él
anticipa como sentencia.
Wilde
acaba renunciando a lo que fue dicho tan nítida y radicalmente en el
levantamiento de la contención, en el olvido; todo aquello a lo que dice no,
todo a lo que dice basta es nuevamente recalcado. Si con la carta, de algún
modo, intentaba realizar una mutación de la posición subjetiva, es como si
estuviera escribiendo en el agua, o rogando al viento. – Finaliza
“Tengo
un deber para conmigo mismo que es el divertirme temerariamente. No felicidad.
Sobre todo, sin felicidad. ¡Placer! Hay que aspirar siempre a lo más trágico”.
Referencias bibliográficas:
Ellmann, Richard, Oscar Wilde,
Companhia das Letras, S.P., 1988.
Wilde, Oscar, Obra completa, editora Nova Aguilar,
R.J., 1980.
Miembro de
Traducción: Cristina Fernández y Marta Jiménez
[1] “Te había dicho antes una
infinidad de veces que ibas a ser la perdición de mi vida y esto te hacía reír
siempre”. P. 1384.
[2]
“(…) eran deliciosamente sugestivos y estimulantes
(…) El peligro constituía la mitad del placer. Era como embriagarse en la
compañía de panteras: el mismo peligro era la verdadera embriaguez”. P.1415.
[3] “Me era imposible apartarte de mi vida; lo había intentado en varias ocasiones (…) con la esperanza de librarme de ti; pero todo fue inútil. Tú eras el único que podías haber hecho algo eficaz; en tus manos estaba la solución del problema”. P. 1370.
[4] “(…) y así tuve que pagar diariamente todos los pequeños gastos que hacías. Esto solo lo podía hacer un hombre que fuese de una bondad de corazón realmente única o de una estupidez ilimitada; en mí se unían, desgraciadamente, las dos cosas”. P. 1424.
[5] “Esto trajo como consecuencia inmediata que tus pretensiones, tus ansias de dominio y tus abrumadoras exigencias aumentasen hasta lo absurdo. El más mísero de tus impulsos, el más bajo de tus apetitos y la más abyecta de tus pasiones se transformaron para ti en leyes que debían regir siempre la vida de los demás, a las cuales éstos tenían que ser sacrificados, en caso necesario, fatalmente sin el menor escrúpulo”. P. 1349.
[6] “(…) tu madre tendrá de deplorar alguna vez el haber intentado descargar sobre otra persona sus graves responsabilidades, sobre otra persona que ya debía soportar una carga enormemente pesada (…) Si yo tuve la máxima indulgencia con tus caprichos, tus arrebatos y tus escándalos, debe de haber tenido ella la misma indulgencia.” P. 1422.
[7] “De todas las numerosas personas que cruzaban mi vida fuiste la única sobre quien no podía yo de modo alguno y en ningún sentido influir (…) Esa teoría de influencia de un hombre sobre un muchacho puede ser graciosa hasta llegar a mi conocimiento, porque después es grotesca”. P. 1423/4.
[8] “(…) te dije que me daba perfecta cuenta de que os iba a servir únicamente de instrumento en vuestra contienda y de que, por estar colocado entre los dos, saldría siempre perdiendo”. P.1384.
[9] “Naturalmente, una vez puestas en movimiento las fuerzas de la sociedad, se volvió ésta contra mí y me dijo: ‘Has vivido durante todo este tiempo desafiando mis leyes y ahora recurres a ellas para que te protejan. Te serán rigurosamente aplicadas. Tendrás que someterte a las leyes que invocaste.’ El resultado es que estoy en prisión”. P. 1415.
[10] “Me forzaste a entablar un proceso, porque sabías perfectamente que a ti nunca te atacaría tu padre, ni en tu persona ni en tu vida, y que yo os defendería a ti y a tu vida hasta el final, echando sobre mis hombros todo cuanto quisieras cargar sobre ellos”. P.1422.
[11] “Se dice que detrás del dolor siempre hay dolor. Habría sido aún mucho más sensato decir que detrás del dolor hay siempre un alma”. P. 1414.
[12] “Te dije muchas veces – ¿recuerdas? – cuánto me desagradaba que vieses en mí un hombre ‘útil’, sabiendo que el artista y también el arte, en su más íntima esencia, deben carecer por completo de utilidad”. P. 1424.
[13] “(…)durante el tiempo en que estuvimos juntos, no escribí una sola línea (…) mi vida, mientras estuviste a mi lado fue enteramente estéril, nada creadora”. P. 1345.
[14] “Todo tiene que brotar de uno, espontáneamente. Decir a alguien una cosa que ni siente, ni puede comprender no tiene finalidad alguna”. P. 1371.
[15] “Debes leer esta carta hasta el final, aunque cada palabra tenga que ser para ti como el cauterizador o el bisturí del cirujano que quema o sangra las carnes delicadas”. P. 1344.
[16] “Sabías muy bien que te era suficiente provocar un escándalo para imponer tu caprichosa voluntad y por eso era muy natural que, tal vez inconscientemente, no lo dudo, tornases más aguda la violencia hasta lo inverosímil (…) quisiste poseer, en la ceguera de tu deseo insaciable, mi ser entero. Hiciste de él tu presa. Fue éste el momento más crítico de mi vida y de un aspecto más trágico”. P. 1349.
[17] “Debería haberte prohibido la entrada a mi casa y a mis aposentos. Me censuro sin reservas por mi debilidad. Eso no fue más que una debilidad (…) en el caso de un artista, la debilidad es nada menos que un crimen, cuando esa debilidad es la que paraliza su imaginación”. P. 1346.
[18] “Poseía genio, un nombre distinguido, una elevada posición social, brillo y audacia intelectual”. P. 1388.
[19] “Lo que parecía al mundo y a mí mismo mi futuro, lo perdí irreparablemente, cuando me dejé arrastrar por la tentación de emprender una acción judicial contra tu padre; lo había perdido, lo puedo afirmar, en realidad, mucho antes de eso…” p.1347.
[20] “Necesito decirme a mí mismo que tengo la culpa de todo, que nadie se aniquila sino por su propia voluntad (…) Esa acusación cruel la echo sin piedad sobre mi conducta.” P. 1388.
[21] “En realidad, todo eso está simbolizado y previsto en mis libros (…) No habría podido ser de otra manera, porque en cada momento de nuestra vida nosotros somos aquello que seremos, e igualmente lo que se es, ya se fue”. P. 1398/9.
[22] “Creí que la vida era una brillante comedia y que tú serías uno de sus encantadores personajes. Descubrí que era una tragedia indignante y repulsiva y con que tú, una vez caída la máscara del placer y la alegría, que lo mismo a ti que a mí podía habernos engañado y equivocado, eras el funesto instrumento que la impulsaba hacia las grandes catástrofes, funesto a causa de la tensión de sus anhelos y de la fuerza de su comprimida energía”. P.1366.
[23] “Me divertía ser un flâneur, un dandi, un hombre a la moda. Me rodeé de personas de mentalidad grosera y malgasté mi talento. A veces el desperdiciar una juventud eterna producía en mí un extraño goce. Cansado de las alturas, bajé a lo más profundo en busca de nuevas sensaciones. El deseo fue, al final, una enfermedad y una locura. Llegó a no importarme la vida de los otros; tomaba el placer donde lo hallaba y continuaba después mi camino.” P. 1389.
[24] “(…) ese mundo irreal del arte en el cual antes fui rey y lo habría continuado siendo, si no me hubiera dejado aprisionar por ese otro mundo real y bajo, de pasiones crueles y limitadas, de un gusto torpe, de deseos sin límites y de apetitos desaforados”. P. 1385.
[25] “Procuré huir de todo sufrimiento y amargura. Como odiaba el dolor, resolví ignorarlo en cuanto me fuese posible, tratarlo como algo imperfecto, distante de mi ambiente. No le concedí el menor resquicio en mi filosofía”. P. 1395. “(…) no hay verdad comparable a la del dolor y hay momentos en que pienso que el dolor es la única verdad posible (…) Hay en el dolor una intensa y extraordinaria realidad”. P. 1396.
[26] “El sufrimiento, por curioso que esto pueda parecerte, es lo mejor por lo que existimos, porque es lo único gracias a lo cual tenemos conciencia de existir; y el recuerdo del sufrimiento en el pasado nos es necesario como garantía y evidencia de nuestra continua identidad”. P.1356.
[27] “Dante coloca en el infierno a aquellos que viven voluntariamente en la tristeza (…) Tampoco podía comprender cómo Dante, que dice ‘el dolor nos une a Dios’ pudiese ser tan duro para con los enamorados de la melancolía (…) No pude imaginar entonces que llegaría un día en que esto se convirtiese en la gran tentación de mi vida”. P. 1394.
[28] “El odio – y esto has de aprenderlo aún – es, desde un punto de vista intelectual, simplemente negativo. Y para el corazón es una de las formas de atrofia, de consecuencias mortales, pero no solamente para la persona misma (…) ¿Comprendes ahora lo que es el odio y cómo lo ciega a uno? ¿Reconoces ahora que, cuando digo que el odio es una atrofia funesta y no sólo para aquél que lo siente, defino de un modo científico una verdad de tipo psicológico?” . P.1372.
[29] “Su odio contra ti estaba en tu padre tan arraigado como el tuyo contra él, y yo era, entre vosotros dos, algo así como el escudo que tanto sirve para el ataque como para la defensa”. P. 1369.
[30] “(…) No es realmente una vida nueva, sino simplemente la evolución lógica que prolonga mi vida anterior”. P. 1398.
[31] “Es algo que sólo se puede alcanzar renunciando a todo cuanto se posee y solamente cuando lo perdemos todo, nos damos cuenta de que, por fin, la poseemos”. P.1390.
[32] “Sin duda alguna el lugar de Cristo se halla entre los poetas. Su concepto de humanidad provenía de la imaginación, y solamente a través de ésta puede ser comprendida”. P.1400.
[33] “Para comprender la realidad del alma, es preciso que nos desprendamos de todas las pasiones extrañas, de toda la cultura adquirida, de todos los bienes exteriores, sean buenos o malos”. P.1402.
[34] “Cristo no soportaba los rutinarios sistemas, mecánicos inanimados, que consideran a los hombres como objetos, y a todos tratan por igual; para Él no existían leyes, sino simplemente excepciones”. P.1408.
[35] “Los hombres cuyo deseo consiste únicamente en realizarse a sí mismos no saben nunca adónde van. Ni pueden saberlo. En cierto sentido de la palabra es necesario (…) conocerse a sí mismo (…) pero reconocer que el alma humana es desconocida y es la suprema realización de la sabiduría”. P.1411.
[36] “El momento del arrepentimiento es el de la iniciación. Más aún: es el momento mediante el cual alguien puede alterar su pasado”. P. 1410.
[37] “No tuvo el propósito de transformar un ladrón interesante en un hombre honrado y aburrido”. P.1410/11.
[38] “Tal vez salga de aquí con algo que antes no poseía (…) Pero así como la resolución de convertirme en un hombre mejor es un acto de hipocresía anticientífica, el llegar a ser más profundamente humano es un privilegio de los que sufrieran”. P. 1412.
[39] “(…) tal vez lo que aún me reste de belleza de vida esté contenido en algún momento de abandono, de rebajamiento o de humillación”. P. 1414.
[40] “En mi tragedia todo fue espantoso, mezquino, repugnante y desprovisto de Estilo. Nuestro propio uniforme nos torna grotescos. Somos bufones del dolor. Payasos con el corazón partido. Estamos especialmente indicados para excitar el sentido humorístico”. P.1414.
[41] “(…) lo más terrible de la época actual es que la tragedia se viste con ropas de comedia, de modo que las grandes realidades parecen triviales, grotescas o carentes de estilo. Esto es completamente cierto respecto a la época moderna. Fue probablemente cierto en la vida real”. P.1413.
[42] “(…) detrás del dolor sólo se encuentra el mismo dolor. El sufrimiento, contrariamente al placer, no usa máscara”. P. 1396.
[43] “Eras mi enemigo, un enemigo como no tuvo nadie jamás. Te había consagrado mi vida y para satisfacer las más viles y despreciables pasiones humanas –el odio, la vanidad y la gula– fuiste lejos. En menos de tres años me arruinaste por completo bajo todos los aspectos. En mi propio interés ya no podía hacer otra cosa que no fuera quererte”. P.1374.
[44] “¿Pudiste, cuanto menos, imaginar qué tragedia más tremenda fue para mi encontrar en mi camino a tu familia?” P.1419.
[45] “Me censuro por haber permitido que una amistad no intelectual (…) dominase por completo mi vida”. P.1344.
[46] “Me censuro por haber permitido que una amistad no intelectual (…) dominase por completo mi vida”. P.1344.
[47] “Él (…) no podía soportar a los necios (…) personas que están repletas de opiniones y no comprenden una siquiera; tipo genuinamente moderno, descrito ya por Cristo”. P.1408.
[48] “…¿No comprendes ahora que tu falta de imaginación era el único defecto verdaderamente fatal de tu carácter?” P. 1370, y también en las págs. 1346, 1360, 1374, 1388, 1414, 1419, 1433.
[49] “Recuerda también que aún tengo que conocerte. ¿O tal vez tengamos que conocernos mutuamente?” P. 1437.
[50] “A veces tengo la impresión de que tú mismo no fuiste más que un fantoche movido por una mano secreta e invisible para conducir unos sucesos terribles a un final terrible. Pero hasta los propios fantoches tienen pasiones. Aportan una nueva fábula a aquello que representan y, para satisfacer cualquier capricho o apetito personal, complican el final prescrito. Ser completamente libre y estar al mismo tiempo enteramente dominado por la ley es la eterna paradoja de la vida humana, que sentimos a cada instante. (...) y ésta es –como pienso a menudo- la única explicación posible de tu naturaleza”. P. 1364/5.
[51] “(…) si leyeras esta carta con cuidado, como debes, te verás ante ti mismo, verás delante de ti tu vida”. P.1426.
[52] “La moral no sirve para nada. Soy, por naturaleza, opuesto a la ley, y estoy hecho para las excepciones. Mas a la vez que no veo mal alguno en mis actos, me doy cuenta de que no puedo decir lo mismo respecto a sus consecuencias y está bien que haya aprendido esto”. P. 1391.
[53] “Es error común creer que aquellos que son la causa o la ocasión de las grandes tragedias comparten los sentimientos propios de esta modalidad trágica: no hay error más fatal que esperar eso de ellos”. P. 1428.
[54] “(…) la locura de Hamlet es una simple máscara para disimular sus debilidades (…) Se obstina en jugar con la acción, como el artista con una teoría. Es el espolón de sus propios actos y, escuchando sus propias palabras, sabe que éstas no son más que ‘palabras, palabras, palabras’. En vez de intentar ser el héroe de su propia historia, intenta ser el espectador de su tragedia. Duda de todo, incluso de sí mismo y, no obstante, esta duda no lo ayuda, pues no proviene del escepticismo, sino de la voluntad dividida”. P. 1429.
[55] “(…) Guildenstern y Rosencratz son inmortales (…) Son la contribución de la vida moderna al antiguo ideal de amistad (…) Son tipos fijos para todos los tiempos (…) Se encuentran singularmente fuera de la esfera: es todo”. P. 1430.
[56] “La diferencia que existe entre tú y yo es mayor que la existente entre ellos y Hamlet. Lo que en ellos se debía al azar, fue en ti libre elección”. P. 1430.
[57] “(…) estoy lejos aún de la verdadera fortaleza del alma (…) y por más incompleto que yo sea, puedes, con todo, aprender mucho de mí. Viniste a mí para aprender el goce de la vida y el goce del arte. Tal vez haya sido tu escogido para enseñarte algo más maravilloso: el significado y la belleza del dolor”. Págs. 1401, 1437.
[58] “¿Vas comprendiendo ahora un poco? ¿Despierta por fin tu imaginación del sopor letal en que estuvo sumergida? Ahora ya sabes lo que es el odio. ¿Pero comienzas a entrever lo que es el amor y la esencia del amor? No es tarde aún para que lo aprendas, a pesar de que enseñarte me haya costado vivir muriendo en una celda carcelaria”. P. 1374.
[59] “En otro tiempo estuvimos separados por un profundo abismo, el que separa el arte verdadero y perfecto de la cultura adquirida. Y ahora ese abismo es más hondo todavía, porque es el del dolor; no obstante, no hay nada imposible para la humildad, todo es factible para el amor”. P. 1437.
[60] “Todos los juicios de una causa son juicios de una vida entera (…) La sociedad, tal como la construimos, no tendrá lugar para mí”. P. 1435.