Del significante a la letra.  El Psicoanalista como traductor

 

Pepa Medina

 

 

“Las palabras, esos guardianes del sentido, no son inmortales, no son invulnerables”

 

      Arthur Adamov

 

“Cuando usamos una palabra despertamos la resonancia de toda su historia previa. .. Leer íntegra y cabalmente equivale a restaurar lo vivo de los valores y de las intenciones dentro de los que la lengua se da en la realidad.”

 

G. Steiner. Después de Babel. Aspectos del lenguaje y la traducción. Fondo de Cultura Económica.

 

 

Introducción

 

El tema del seminario que estamos trabajando es El acto psicoanalítico, sus condiciones y coyunturas; la pregunta que orienta mi presentación es: ¿Cómo opera el analista para producir un acto psicoanalítico, a través de la interpretación, y con ello conseguir reducir lo real del síntoma, el goce del síntoma?

 

Para darme una respuesta, tomaré de Lacan las siguientes orientaciones que me sirven de referencia :

 

"¿De qué modo opera el analista? Sería excesivo decir que el analista sabe de qué modo operar. Lo que sería necesario es que sepa operar convenientemente, es decir que pueda darse cuenta de la pendiente de las palabras para su analizante, lo que incontestablemente ignora".

 

"El psicoanalista es un retor (rhêteur) en tanto retorifica (rhètifie) lo que implica que rectifica (rectifie)".

 

"El retor no opera más que por sugerencia. Él sugiere, es lo propio del retor, no impone de ningún modo algo que tendría consistencia".

 

"Es necesario metalenguar, es decir traducir, uno no habla jamás de una lengua como no sea en otra lengua. Si he dicho que no hay metalenguaje, es para decir que el lenguaje, eso no existe: no hay más que soportes múltiples del lenguaje que se llaman "lalengua" (lalangue), y lo que sería necesario, es que el análisis, llegue a deshacer por la palabra lo que es hecho por la palabra".

 

J. Lacan. Seminario XXV, "El momento de concluir", 15/11/77

 

Cuando Lacan habla de “la pendiente de las palabras del analizante”, entiendo que se le plantea la cuestión sobre cuál es el momento de suspender la libre asociación y con qué criterios. La misma cuestión se nos plantea a cada analista, en cada sesión y con cada analizante. Lacan plantea como necesaria la tarea de traducir lo inconsciente.

 

“Traducir” se podría entender como reunir lo que no puede ser reunido. Si tratamos de definir en qué consiste la tarea de traducir, podemos decir que implica un mecanismo de interpretación por parte de un traductor. La tarea de traducir es un tejido de relaciones y el traductor se ha de plantear cómo lee un texto, cómo lo interpreta, cómo lo entiende. Cualquier discurso en una lengua determinada por parte de un oyente, o la lectura de un texto por parte de un lector, constituye un acto múltiple de interpretación y nuestras respuestas se alojan en nuestra “lectura” de ese texto. La lectura implica la tarea de identificar los elementos léxicos y también atender a los aspectos sintácticos, a la gramática.

 

Cuando los psicoanalistas utilizamos el equívoco como instrumento de interpretación,  me pregunto:

 

1.       ¿Dónde está el límite de lo que es pertinente y lo que no lo es para el analista?

2.       ¿Qué textos se pueden traducir en cada analizante?

1.       ¿Dónde está el límite del desciframiento?

2.       ¿Quién hace de traductor?: ¿El analista? ¿El analizante? ¿Ambos?

 

Dejemos estas preguntas por el momento; después las podemos retomar en el coloquio.

 

Como respuesta a la primera pregunta, en relación a qué parte del discurso sería pertinente puntuar, diría lo siguiente: la escucha analítica de lo que hace síntoma para ese analizante es la que nos orienta respecto a esos fragmentos de discurso donde puede aparecer un equívoco que pueda permitir hacer una lectura pertinente en relación al síntoma. Éste es uno de los criterios que yo utilizo. También determinadas puntuaciones pueden estar orientadas por el saber inconsciente que el analista tiene del analizante.

 

Dejar de hablar y empezar a leer implica, para el analizante y para el analista, un cambio de tarea. Hasta ese momento, el analizante habla y el analista escucha. Si éste interrumpe el discurso del analizante para puntuarlo, es para identificar los elementos que hay que leer. Para leer, partimos de que hay algo escrito, cuyo sentido desconocemos.

 

Pero, eso que Lacan llama leer, leer el saber inconsciente a través de algún dicho, ¿es una lectura, tal como la entendemos, como cuando leemos un texto escrito, o se trata de identificar en determinadas identidades lingüísticas otras unidades que también se encierran en ella y encontrar su semántica?

 

Veamos con algún ejemplo de mi clínica, qué uso he hecho de algunos equívocos en particular.

 

El analizante del que hablaré a continuación es un niño de 10 años. Este caso  y el de otros niños con los que he trabajado me han planteado la cuestión de quién puede hacer uso de la regla psicoanalítica de asociación libre y cuándo. La clínica con niños que tienen muchas dificultades para hablar me plantea la pregunta acerca de qué es hablar y en qué consiste el decir. Durante bastante tiempo, muchos niños, en sus sesiones de análisis, están silenciosos; sí que hacen otras actividades: juegan, modelan, dibujan, etc. En general “hacen cosas”. Lo que quieren expresar lo hacen a través de una actividad que producirá un producto o no. Algunos, más tarde, hablan a solicitud del analista y lo hacen cuando quieren y pueden hacerlo.

 

En el análisis con niños, se hace necesario utilizar otros medios alternativos o complementarios del discurso verbal, para que se puedan expresar. Estos medios, como juguetes, material para dibujar, material para modelar, etc., les permiten hacer “un discurso lúdico”, “un discurso gráfico”, crear formas y representaciones con distintos materiales. El discurso verbal se irá tejiendo a partir de este “hablar haciendo” del niño. Ahora bien, es importante localizar el momento preciso de la entrada en análisis, que no se sabe a priori, pero que podemos ubicar después de que algún acto analítico, hecho por el analista, produzca algún tipo de desciframiento.

 

La entrada en análisis implica que el analizante ocupe su lugar y el analista el suyo. Se puede producir cuando el analizante haga una demanda de saber al analista al hablarle de algún síntoma. También es precisa una posición de no saber, de ignorancia respecto a eso que no sabe por qué le pasa. El momento en que el analista promueve el desciframiento de alguna formación del inconsciente, en relación al síntoma, puede precipitar la entrada en análisis. A partir de esa entrada, de que la transferencia al saber se instale, el analista y el analizante comenzarán la tarea del desciframiento de ese goce sintomático.

 

A continuación, presentaré un fragmento clínico que da cuenta de ese preciso momento, después de 2 años de trabajo preliminar.

 

 

Fragmento clínico

 

Daniel es un analizante de 10 años, con una sordera de percepción en grado severo, diagnosticada a los 3. Cuando tenía 7 años, sus padres me pidieron ayuda para él, preocupados por la falta de seguimiento escolar, la poca motivación por los aprendizajes y dificultades de relación con niños de su edad. A su madre le preocupaban los olvidos continuos "de cosas importantes". Lo calificaba de "despistado" y de "trasto". Para ella, él sufría mucho y tenía complejo por ser sordo. Cuando le pusieron los aparatos, a los 5 años, Daniel sufrió una alopecia. Ella se sintió muy decepcionada porque pensaba que con los audífonos recuperaría la audición normal y no fue así. Al padre de Daniel le preocupaba que su hijo fuera retrasado. A mi pregunta sobre por qué pensaba que tenía un retraso, añadió que no hablaba bien y que no resolvía los problemas de matemáticas. Le preocupaba que no estuviera al nivel de los demás. Pensaba que podía tener un nivel intelectual inferior a los niños de su edad.

 

Hasta aquí por lo que respecta al síntoma en el niño para los padres. Poco tiempo después, Daniel hablará de su síntoma. Hablará durante el primer año de sus "olvidos" y en el segundo año de análisis empezará a hablar de sus miedos: miedo a hablar, a oponerse.

 

En una sesión reciente de su tercer año de análisis, me dice:

 

“Els ninots de peluix em fan por. Tenim un pallasso a casa, que el tenim guardat perquè em fa por. Jo em defenso, els pego, quan estic sol i no hi és la meva mare. Els llocs on tinc més por és a la cuina i a l’ordinador (otra habitación). On estic més segur és al menjador i a l’ordinador. Quan estic sol a casa, tinc por que algú vingui i no em deixi anar”.[1]

 

Comenzó a tener miedo alrededor de los 5 años. Según él, empezó a desencadenarse a partir del  momento en que vio una película por la tele, donde un muñeco hablaba y se movía. De la escena que vio y que le impresionó vivamente, dice:

 

"Les persones, primer, el veien quiet i després s´espantaven perquè s’havia mogut de lloc; venia pel darrere, t´agafava i no et deixava anar. Si el mataves, sortia com un fantasma que es ficava dins teu i tu eres com un ninot[2].

 

Aquí tenemos el síntoma como real y su articulación fantasmática. En su  discurso da cuenta de lo simbólicamente real connotado como angustia; angustia por identificarse a ser un objeto para el deseo del Otro.

 

En ese equívoco, "Que no em deixi anar", se puede captar su deseo inconsciente y el goce presente en su fantasma.

 

Gran parte del análisis se lo ha pasado dibujando, modelando y hablando de monstruos, de luchas entre ellos, de trampas para ganar a los poderosos, etc.

 

Un cambio de posición subjetiva, respecto a la utilización de la palabra, se produce a partir de descifrar, de traducir el equívoco que estaba presente en el significante "encallat":

 

 

 

Encallat

 

 

 

 

(En) callat

 

Forma verbal del v. encallar: estar parado y privado de ir hacia delante por razón de un obstáculo que obstaculiza  su movimiento.

 

No decir, no hablar.

 

 

 

Al indicarle ese equívoco, respondió: "A mi no m’ha passat mai de quedar-me encallat"[3]. A este adverbio, "mai" (nunca), le doy un valor de negación pero no es el "no". Deja libre que algo puede no ser negado y podemos pensarlo como un proceso de negación adverbial en relación con el tiempo.

 

A continuación presentaré el material clínico de una sesión que precipita la entrada en análisis. Para contextualizarla, haré un recorte de su discurso de la sesión anterior, donde hablaba en los siguientes términos:

 

"Aquesta setmana estic nerviós, perquè m´han canviat de grup de matemàtiques. No sé com ho puc fer perquè no em passi això. És com si no volgués anar. Aquest grup és més ràpid que el grup al que jo anava. Amb la professora no em sento bé, m’embolica bastant amb les divisions sense resta. Les sé fer, però quan m´equivoco m’embolica.” Agrega: “És el quocient el que m’embolica, el número a sota del divisor, el residu"[4]. 

Por mi parte, puntué la palabra "residu" y le dije que esa palabra, además de significar el resto de una resta, también tiene otro sentido en relación a alguna cosa que se tira porque ya no sirve. Que piense qué relación puede tener eso con él.

 

El residuo, el desperdicio, él lo encarnaba  en determinadas situaciones. Lo que falta por elaborar es su posición respecto a ese significante.

 

En la siguiente sesión me habla de un acto fallido que le sucedió el día anterior. Cometió un error al coger “el quadern de divisions en lloc del quadern de problemes”[5]. Debido a esta equivocación, no pudo hacer los deberes y está preocupado por cómo reaccionará su maestra. Recorto ambos significantes: problemes y divisions y le invito a que me diga lo que se le ocurra. Me dice que se lía con los problemas y nunca se aclara respecto a la operación que debe hacer. En cambio, las divisiones se le dan mejor.

 

Con la ayuda de la escritura, juego con él a romper cada uno de esos significantes. Así puedo identificar otras unidades lingüísticas, otros significantes que, además de escucharme a mí, lee por escrito. Poco a poco va captando cómo en ese significante que yo le he escuchado hay encerrados otros que identifica a través de la escritura. También descubre que estas palabras oídas y escritas por el analista tienen un sentido. Algunos sentidos los conoce, otros los descubre por primera vez. También va relacionando esos significantes y esas palabras escritas en relación a inscripciones y cosas que le han sucedido a él. 

 

DIVISIONS:

 

 

DI

 

Significante con doble sentido en castellano:

 

1. Imperativo del verbo “decir”: manifestar con palabras habladas o escritas, o por medio de otros signos el pensamiento o los estados afectivos.

 

2. Dí : 3ª pers. del pret. indefinido del verbo “dar”: traspasar uno a otro la posesión de alguna cosa.

 

En otra acepción, también tiene el significado, entre otros, de poner a una persona o cosa en manos o en poder de otro.

 

3. Es una sílaba de su nombre propio.

 

 

 

VISIONS (VISIONES)

 

 

 

 

 

 

 

 

VI

 

 

VISI = VICI (leído por él) (VICIO)

 

V

 

 

Visions (plural de visió en catalán).

 

1. Acción y efecto de ver.

2. Ilusión por la cual se cree ver alguna cosa que no está ante los ojos y que representa como reales cosas que no existen sino en la imaginación.

 

1.       Sinónimo de mirar. 3ª pers. pret. indef. del verbo “ver”.

 

 

 

1. Una de las letras del alfabeto tanto de la lengua catalana como castellana, y donde él dice, al leer la letra b: es la b pronunciada como "be", en inglés. 

 

2. También así se escribe el número 5 del alfabeto romano.

 

 

 

 

PROBLEMES :

 

 

 

PRO

 

 

Suena como però en catalán y tiene varios significados :

1. Concesión

2. Objeción, dificultad.

 

 

             (BL) EMES   

 

                     

                       EM   

 

 

                             ES

 

1. Emes: Nombre de la letra M en plural.

 

Pronombre personal de 1ª persona del singular.

 

3ª pers. presente ind. verbo “ser”.

 

 

 

Asocia en inglés : "I am be a boy", pero añade que no está seguro si se dice así. Le digo que eso se parece a : I want be a boy (quiero ser un chico).

 

Esta expresión en inglés, asociada a continuación, le va a permitir poder nombrar un deseo. A continuación le hago observar que en las dos palabras: “divisions” y “problemes”, está presente el sonido /b/ con las dos letras con las que se le puede representar: v, b. y que ese sonido está presente en uno de sus apellidos. Inmediatamente asocia el nombre: BORRÀS (pronunciado “burrás”), y se queda sorprendido.

 

Hay una expresión catalana que es: “Ets un burràs”. Se le dice a alguien que hace burradas, el tonto. Le digo que, si cambiamos el acento, aparece otra palabra. Él añade: BORRAS (significante en castellano).

 

 

BORRAR

 

 

BORRAR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BURRA (R), femenino de burro.  Significante en castellano y catalán

 

 

B

 

 

 

Viene de “burra” y tiene varios significados:

 

1. Hacer desaparecer por cualquier medio lo representado con tinta, lápiz, etc.

2. Hacer desaparecer lo escrito con rayas o borrones para que no pueda leerse.

3. Borrar de la memoria.

 

Estúpido, que obra irracionalmente.

 

 

 

Descompongo la B, a través de la escritura en un palote y el nº 3.

 

 

 

En ese momento, en que él dice "borras", y descomponemos la B, de donde sale el número 3, recuerdo lo que sus padres me explicaron en la primera entrevista. Fue a esta edad cuando se le diagnosticó la sordera y más tarde, en el momento de colocarle los aparatos para corregirla, sufrió una alopecia (caída o pérdida del pelo). Pongo en relación este número 3 con estos hechos vividos por él y así se lo explico. Hasta entonces, nadie le había hablado de eso y se interesa por lo que ocurrió en ese momento; particularmente, por la caída de su cabello. Le remito a los padres para averiguarlo.

 

A la sesión siguiente, averiguamos que fue a los 5 años cuando sufrió la alopecia. Tengo que decir que durante gran parte de su análisis no pudo hablar de su sordera. Funcionaba haciendo ver que oía bien y nunca preguntaba si no había oído o no había entendido. También formaba parte de su funcionamiento habitual en la escuela olvidarse de las demandas de la maestra. Cuando ésta le pedía los deberes, no respondía a sus responsabilidades. Se “hacía el sordo".

 

“Burro” era un significante  que apareció por primera vez en una historia que él me explicó de Pinocho. En ella, un señor le lleva a una feria y le convierte en medio burro, por mentir. Podemos pensar que en ese significante se jugaba algún tipo de identificación.

 

A continuación toma papel e intenta hacer un cerdo y dice: "Anava a fer un porc de paper però no m´ha sortit"[6]. Me pregunto: ¿Por qué esta asociación? ¿Por qué en este momento aparece ese deseo de hacer un cerdo de papel? ¿Por qué no lo ha podido hacer?

 

 

 

 

 

PORC

 

Del lat. porcus. Como adjetivo significa muy sucio

 

 

Una vez acabada la sesión, con la ayuda del diccionario etimológico, averiguo que la caída de mechones de pelo, que le acabo de nombrar, tiene un significante en castellano que es “cerda” que significa "mechón de pelos". 

 

 

 

 

CERDA

 

 

Etim. derivado del lat. cirrus, "rizo de cabellos". Significa "mechón de pelos", cada uno de los pelos duros y gruesos de ciertos animales, como el caballo y el cerdo.

 

 

 

 

Daniel hace un acto fallido de aquello olvidado que se recuerda en este acto. Todo acto fallido es un discurso logrado. Es en tanto letra que vuelve el significante reprimido. Lo reprimido retorna y así se revela. La letra leída en esos significantes permite aislar aquello que queda como resto de lo olvidado.

 

¿Por qué la elección de esos significantes que han sido dichos por él, en este momento del análisis?

 

Esos significantes o cifras nunca son elegidos al azar. Tienen una relación con el deseo del sujeto (J. Lacan, Seminario “Au Pire”, clase 15.12.71).

 

Podemos comprobar, a través del estudio semiótico de estos dos significantes, “divisions” y “problemes”, cómo el inconsciente se dice. Se sirve de determinados significantes, dichos por el sujeto para que, a través de ellos, puedan leerse, con la ayuda de la escritura, otros significantes reprimidos o letras, que no se pueden decir y de cuyo sentido se goza. Parece que el inconsciente, para decirse, se sirve de una lengua particular, lalengua, en terminología lacaniana. Lalengua es una lengua marcada por el goce y el deseo. Esa lalengua está constituida por signos, elementos que se configuran en dos vertientes: letras y significantes.

 

¿Cómo traduce el psicoanalista esa lengua en la que habla el sujeto de lo inconsciente?

 

El psicoanalista, en su tarea de traducir esa lengua del inconsciente, particular para cada sujeto, utiliza la lengua o las lenguas que él mismo conoce. La atención flotante del analista distinguirá determinados significantes que se presten a un equívoco y los propondrá  leer al analizante. Trabaja subvirtiendo el sentido de ese tejido de palabras entre las cuales hay equivocación. También puede subvertir el sentido proponiendo la ruptura de algún significante que se proyecta en una unidad de contenido. Este significado sólo puede nombrarse por medio de otros significantes. Lo que sucede con este tipo de equívoco es que podemos encontrar otras unidades expresivas que producen progresivos deslizamientos de contenido.

 

Para terminar, una última pregunta: ¿cuándo empieza a leer ese saber inconsciente cada analizante?

 

Es importante que el analista le dé un lugar a ese sujeto del inconsciente capaz de leer, pero también ha de tener en cuenta que hace falta tiempo para que el analizante vaya aprendiendo a leer. Con los niños se capta muy bien cuando todavía no pueden hacerlo y esas palabras, o esos dichos, todavía no los pueden romper o leer con otro sentido.

 

He observado que hay una cuestión de tiempo, particular para cada analizante. Con niños me parece importante que vean por escrito lo que ellos mismos han dicho, si ya pueden leer, además de escucharlo, para reconocerse en ese dicho. Podemos tomar un apoyo en la letra, en la fijeza que da la letra, para que el niño entienda algo que imaginariamente se le escapa y no comprende por más esfuerzos voluntarios que haga.

 

Y ¿para qué sirve identificar y desanudar el sentido de determinados significantes o enunciados equívocos de un analizante? En esos determinados significantes o giros discursivos, que se prestan al equívoco de esa lalengua particular, se dice algo del deseo del sujeto. También se puede atrapar algo del goce del síntoma que hace sufrir. Se trata de ir posibilitando que el analizante se sostenga de lo que dice, del discurso.

 

Para acabar, plantearé la siguiente pregunta: ¿Dónde está el límite del desciframiento, si no todo está cifrado en el inconsciente con lo simbólico? ¿Qué hacer con ese otro real, objeto plus de goce que no tiene cifrado?

 

 

 

Este trabajo fue presentado en Barcelona, el día 22-3-2002 en el seminario  Condiciones y coyunturas del acto psicoanalítico”, coordinado por Pep Monseny.

 

 

 

 

SUMARIO



[1] Los peluches me dan miedo. Tenemos un payaso en casa, que tenemos guardado porque me da miedo. Yo me defiendo, les pego cuando estoy solo y no está mi madre. Los lugares donde tengo más miedo son la cocina y la sala del ordenador. Donde me siento más seguro es en el comedor y en la sala del ordenador. Cuando estoy solo en casa, tengo miedo de que alguien venga y no me deje marchar.

 

[2] Las personas, primero lo veían quieto y después se asustaban porque se había movido de lugar; venía por detrás, te cogía y no te dejaba marchar. Si lo matabas, salía como un fantasma que se metía dentro tuyo y tú eras como un muñeco.

 

[3] A mí no me ha pasado nunca eso de quedarme encallado.

[4] Esta semana estoy nervioso porque me han cambiado de grupo en matemáticas. No sé cómo puedo hacerlo para que no me pase esto. Es como si no quisiera ir (a un grupo de más alto nivel). Este grupo es más rápido que el grupo al que yo iba. Con la profesora no me siento bien, me lía bastante con las divisiones sin resto. Las sé hacer, pero cuando me equivoco, me lía. Agrega: es el cociente lo que me lía, el número debajo del divisor, el resto.

 

[5] El cuaderno de divisiones en lugar del cuaderno de problemas.

[6] Iba a hacer un cerdo de papel pero no me ha salido.