Apuntes sobre el triángulo saber-verdad-goce en RELACIÓN con la interpretación

 

 

 

Carlos Bermejo Mozas

 

 

“En vuestro discurso analítico, al sujeto del inconsciente ustedes le suponen saber leer. Y no es nada más que eso su historia del inconsciente. No solamente le suponen saber leer sino que le suponen poder aprender a leer.

 

Sólo que esto que le enseñan a leer no tiene entonces nada que ver, en ningún caso, con lo que pueden de ahí escribir”

 

Jaques Lacan [1] (pág. 38)

 

 

Ya que se trata de una intervención breve, la situaré de entrada. La tríada saber-verdad-goce ¿tiene la misma lógica en el Seminario XV que en el XX? ¿La dirección de la cura, y por ende, la interpretación que se deriva de ellas son del mismo estilo?

 

Aclaraciones previas. ¿Por qué elegimos el Seminario XV? Porque culmina la segunda época de la obra de Lacan. ¿Por qué la cita del Seminario “Encore”? Porque creemos que da paso a una nueva rigorización. ¿Cuál ha sido el cambio? De hecho, han sido varios, pero el principal es la nueva rigorización de “la función de lo escrito” situada entre el significante y el significado, es decir, en la tópica del inconsciente. Función que quedará, un poco después, plasmada en el Escrito “Lituraterre” (Autres écrits [16]). En él, Lacan se plantea el paso del significante al significado que sufre su pasión no de una forma directa, sino en las dos direcciones: ruisselement y ravissement, de forma que las marcas sobre lo real (ravinement) van a ser trabajadas mediante un artefacto de escritura y lectura y no sólo de palabra.

 

De hecho, Lacan sitúa a la letra como necesaria para el paso del significante al significado, y a la inversa, quedando la escritura-lecto en dos direcciones. Una, más en el sentido clásico en la ciencia, es decir, que de un discurso se promueven (o llueven) letras que hacen surcos (marcas o ravinement) en lo real, es lo que denomina ruisselement. Lógicamente, éste es el camino de la condensación con la que me anclo en lo real mediante el uso de la  condensación, (Autres écrits [2], (pág. 420). Esta última queda muy bien topologizada mediante el concepto de triskel. Dos, más difícil de graficar, en el que, de las marcas del significado o el significado a secas, surgen las letras como arrebato (ravissement) en el paso del significado al significante; paso efectuado mediante la trasposición (Entstellung) vía metonimia, o mejor, traspaso. Este traspaso (virement) es el que lleva la contabilidad del goce.

 

Para esta segunda vía no tenemos una operación topológica precisa de momento, puesto que la metonimia no es el simple desplazamiento de la cadena significante. Debido a ello, en el Seminario XX, Lacan se conforma con la analogía de la araña tejiendo su tela. Esta segunda vía está absolutamente descuidada en la ciencia como doctrina, pero en absoluto es exterior a la investigación en laboratorio (si no, que se lo digan a Madame Curie, o a algunos físicos del proyecto Manhattan). Ven que el psicoanálisis es una apertura, un poco más allá, del discurso de la ciencia y, como consecuencia, sin ella no podía venir al mundo. Pero en este momento de la doctrina es más importante la vía metonímica del goce que la metafórica de la significación. Esta vía que grafica la araña tejiendo su tela nos reenvía, hoy en día, no tanto a la topología pura, sino a una nueva geometría denominada Fractal, donde lo irregular y discontinuo toma su forma imaginaria en la naturaleza antes de que se pueda convertir en un semblante. Es la nueva “rayal” si cambiamos letra por raya, tema apasionante al que emplazamos a los que estén interesados.

 

El primer triángulo

 

           

Volvamos a nuestra tríada primera. En la página 70 del Seminario[1] “El acto psicoanalítico” [3] encontramos un esquema resumen de la doctrina en referencia al triángulo mencionado. No está de más recordar que, en la ciencia, la tríada es distinta: saber-verdad y energía. En la ciencia se trata de encontrar un saber verdadero sobre lo real, y como mucho adjudicarle a dicho saber una energética. Un saber verdadero quiere decir que es isomorfo a un supuesto noúmeno en lo real. Lacan lo plantea menos científicamente y más filosóficamente: que el pensamiento sea equivalente a lo pensado. Así es como comienza Freud buscando un saber verdadero en el inconsciente, verdad que no aparece en el discurso común y que completaría sus lagunas. Freud aún cree en una verdad equivalente a un real, en ello es científico. En la tercera parte de su obra, Lacan lo critica indicando que el problema de Freud son sus “amores con la verdad”. Ya desde el Escrito “Subversión del…”  [4] nos había indicado Lacan que el psicoanálisis no alcanza verdad última alguna, ni los psicoanalistas son garantes de una tal verdad: la metáfora que emplea es cristalina “las tumbas de Moisés y de Cristo está vacías etc.” (por cierto, la de Marx también).

 

Conclusión: La separación con la ciencia en lo tocante a la verdad es imprescindible[2]; no hay leyes últimas verdaderas, pero tampoco podemos prescindir del concepto de verdadero si queremos que el sinthoma esté imbricado en lo real, o, dicho de otro modo, no nos desanudemos de lo real en una vuelta a un discurso en el que el único real sería el que está bajo el narcisismo. Si nos situamos en un inconsciente estructurado como un lenguaje y en él “Ello habla”, la función verdad no es desdeñable. Y además, debe ser una función que articule algo de lo real con lo simbólico y a la inversa, de lo contrario estamos en un delirio del semblante, imposible de sostener si no es dando la razón a nuestros críticos y deshaciendo la filigrana tejida por Lacan en este punto.

 

Una cita de Lacan nos sitúa la diferencia sentido y verdad en relación con la interpretación: “No es porque el sentido de su interpretación ha tenido efectos por lo que los analistas están situados en lo verdadero, porque incluso siendo ajustada (juste) sus efectos son incalculables. Ella no testimonia ningún saber ya que, tomándola en su definición clásica, el saber se asegura de una posible previsión.  Autres écrits, pág. 558. [2]

 

Avancemos un poco: la verdad era una función al pricipio de la obra lacaniana, una función de la palabra y no de la escritura; el cambio que aparece en esta época (Seminario XV [5]) de Lacan es situar la verdad como una función simbólica, pero, y esto es lo importante, una función que no hace al saber isomorfo con un supuesto saber en lo real, sino que está en relación con el dicho. Todavía le es dificultoso situar la verdad del dicho en relación con el decir, aunque tiene la tesis de que articule algo de lo real; por eso indica que sólo puede ser un medio-decir. Es una verdad que pertenece a la “dit-mansión” del lado de lo dicho y en el Seminario [6] siguiente la situará del lado del semblante de forma que el discurso “no sea del semblante”, frase que indica que es una denegación, es decir, que se sitúa mediante el semblante, pero éste está movido por un más allá del semblante. Para simplificar, el semblante queda del lado de la existencia y el más allá del lado de la ex-sistencia.

 

Siempre es bueno ver las dificultades para situar esta función que, perteneciendo al semblante, está comandada por el goce. Rotura, pues, de la isomorfía supuesta en la ciencia. La primera conclusión a sacar es que en la interpretación no se trata de una interpretación verdadera, tal como indicaba la cita, (tema que ha obsesionado a los metodólogos críticos con el psicoanálisis) y que las internacionales resuelven con la garantía. Una garantía obtenida mediante el ajuste de la verdad del dicho a un Ideal o a un objeto. ¡Como si el objeto “a” fuese el mismo para todo el mundo!. Encontrarán el argumento de autoridad sobre este tema en la página 120 del Seminario XV [5]. Las internacionales tienden a la ciencia, aunque no se den cuenta o, especularmente, a la religión.

 

Digámoslo de otra manera: Para que se tratase de una interpretación verdadera, tendría que haber un saber verdadero, es decir, un metalenguaje. ¿Qué nos propone como saber en este momento de su obra Lacan? El saber es una idealización, una función imaginaria. Es sorprendente esta afirmación, puesto que conocemos que el saber estará después en su obra, y también antes, desde el Seminario XI [7], materializado mediante significantes. Para orientarnos, tenemos aquí un ejemplo de lo que será el matema (un dibujo, en este caso) para corregirnos la trasmisión. Se ve aquí que hay dos saberes: uno, el saber del inconsciente; y otro, en minúscula, del lado de la idealización. Si nos fijamos bien en la lógica del dibujo, que tomo como matema, desde cada registro cae sobre los otros dos una función, de las tres en las que hace estallar al sujeto unificado, que hace de límite a uno de los elementos de la tríada. Podemos, pues, situar la doble definición del saber diciendo que el Saber con mayúscula queda dificultado por el saber de las idealizaciones en minúscula. El goce queda dificultado por el principio del placer y, añadimos, la verdad-toda quedará dificultada por el Otro.

 

Esto último no está en el esquema, pero sí en el discurso de dicho Seminario XV: “la verdad está en el lugar del Otro, la inscripción significante”. Esto mismo había sido dicho en otros Seminarios indicando que la enunciación es verdadera en sí misma por el simple hecho de ser enunciada. Cosa que nos sitúa a la psicosis del lado de la verdad verdadera confundida con un real, puesto que no tienen forma de cuestionar la enunciación del Otro. De ahí que la ciencia sea para el psicoanálisis una paranoia dirigida. Se trata de que la cura no lo sea, pero lo será en el caso de que se dirija desde una psicología dinámica, a entender como que se trataría de un psicoanálisis dirigido desde la juntura entre lo simbólico y lo imaginario con una verdad como función simbólica hacia un real escribible.

 

En esta época se trataba de situar el deseo y lo hace como cuarto término colocado en el centro del dibujo-matema. Que la verdad quede del lado del Otro, será mas tarde situado de forma que, ante la imposibilidad de escritura de la relación sexual, sólo le quede al sujeto la relación con el Otro, que es justamente de lo que se trata en esta época de Lacan que estamos comentando.

 

Es en esa relación con el Otro, donde el progreso de Lacan no situará la verdad como una operación; ya no es sólo una función. Un gran salto, definirla como operación mayor cuyo resultado no tratará ya tanto de la verdad de la enunciación, sino de que -y es la definición de la castración en la época- no existe el órgano que aseguraría el goce en la relación sexual. Bien es verdad que va a situar también al objeto “a” como la verdad de la estructura. Luego tenemos que la verdad es medio dicha y, de esos decires, sabemos dos verdades: la verdad de la estructura y la verdad de la castración. Una vez más, Lacan incluye como decir los dichos de la doctrina.

 

En este momento, la interpretación es definida (Seminario XV [5] (pág. 102) como una intervención significante que denomina inmixión, y que no define, pero a la que sí le pone condiciones. Una de ellas es la de que no es susceptible de ninguna generalización que permita denominarla “saber”[3], poniendo como ejemplo la llave universal que abre todas las cajas, llave que es al mismo tiempo una llave particular.

 

Por otro lado, ya insiste Lacan en la “Proposición del 9 de octubre” que el objeto no podrá aparecer como el ser del sujeto. Lo remarco porque hay intento en algunos psicoanalistas de reintroducir la ontología por el lado del objeto “a”. Por eso después será denominado el signo del sujeto y no el ser del sujeto, que como mucho queda del lado de la castración, , (“Proposición del 9 de Octubre” [8]) y más tarde como el ser de goce.

 

Esta tríada de saber-goce-verdad va a necesitar de otra operación para que la interpretación pueda tener lugar y no sea una simple construcción sumada a un decir de un sujeto; es la operación transferencia. Operación que Lacan va a situar mediante un excelente artificio: el sujeto-supuesto-saber. Tema delicado, puesto que Lacan juega con un doble sentido: sujeto supuesto al saber y depositación en un individuo de un significante para poder hacer que su significante pulsional le represente para, lo que hace imaginariamente, suponer un saber a dicho individuo. Pero lo importante es que Lacan indica que, para que la articulación de los significantes que representan al sujeto, articulación problemática, se efectúe con los significantes del saber (que no representan en ningún caso a un sujeto sino a la representación[4]) es necesario en el horizonte esa suposición del sujeto-supuesto-saber. Tal como el matema de la trasferencia indica.

 

Si pensamos en los matemas del discurso que se van a producir dos años más tarde, y los juntamos con el de la trasferencia, nos aparece un triángulo que, si suponemos la situación analítica, graficamos así:

           

Me detengo aquí para resaltar que, en esta época, el triángulo es coherente o correlativo con lo que después será un tipo de anudamiento borromeo: el registro simbólico actuando sobre la imaginarización de lo real. Pero quisiera remarcar dos cosas:

 

a)       Los tres registros están todavía en un plano, es decir, no hay anudamiento; o sea, que aún Lacan no ha convertido el triángulo en un triskel.

b)      El objeto “a” pertenece a los registros imaginario y simbólico.

 

Podríamos poner entonces el siguiente esquema para situar las operaciones en el triángulo saber-verdad-goce, añadiendo al matema del discurso un tercer elemento que sitúe al grupo y el narcisismo. La definición sería que: un significante representa a un sujeto para otro significante, si es el caso, ante un Ideal.

 

Nos explicamos, a los lugares del agente (semblante después), el Otro, la verdad y la producción, se les añade el lugar del grupo[5] y el del poder.

 

 

 

 

 

 

 

                                   Grupo

                                    --------

                                    Poder

 

            agente                                                 Otro

            ---------                                                  ------

            verdad                                             producción

 

De momento, recordaré el mismo ejemplo de Lacan, la representación diplomática: los sujetos sólo entran en juego en tanto que significantes, pero lo son ante el rey o equivalente. Luego ¿por qué no situarlo así?:

                       

Y quedando un gráfico más elaborado, en el que situamos los elementos estructurales de la clínica en esa época, de la siguiente forma:

 

 

 

       

Siendo a’ el objeto del fantasma del Otro. Supongo que se ve que las tres letras del denominador corresponden a las tres funciones del triángulo lacaniano que hemos comentado, amén de situarnos a la vez los términos simbólicos que articulan el espejo y el fantasma. También nos sitúan las insignias de goce I/a, ésas que Lacan decía que debían mantenerse separadas por el analista.

 

Este esquema nos ayuda a entender el comienzo de muchos análisis, que, como nos indica Lacan, sitúan al analista en el lugar del ideal del Otro. Para verse amables, dice. Lo que supone todo un trabajo, y un acto del analista, para la entrada en análisis. También nos sirve para entender que el objeto, que está de entrada, es el que se le supone como goce al analista, con las dificultades que crea, muchas veces significado por el dinero. Recuerdo un caso de una colega en supervisión, en el que una señora a la que tenía en entrevistas previas se abalanzó sobre la analista y le dijo cogiéndole una prenda de ropa que llevaba puesta: “dígame cuánto quiere por él, que se lo compro ahora mismo”. También nos sirve para no confundir las insignias del Ideal con los significantes amo, o pulsionales, si se les quiere denominar así. Y es un esquema clarificador sobre la tesis lacaniana de que en un análisis hay que mantener separados el objeto “a” del Ideal del Otro, es decir, separar las insignias de goce (término ya usado en otro sentido por otro autor, que no tiene en cuenta este esquema trino situándolas en la juntura de S1 y a).

 

Por otra parte podemos entender entonces la entrada en análisis como la aparición del otro triángulo, el de la transferencia, de tal manera que el poder esté ocupado por el sujeto-supuesto-saber, y el objeto de goce del Otro sea sustituido por un significante transferencial que represente al sujeto, y no que el sujeto se sitúe frente a dicho objeto. Son de sobras conocidas las tesis de Lacan sobre que es la transferencia la que genera poder en un grupo, y redoblada por el ideal del Otro, si fuese el caso[6]. Luego si el objeto del Otro es sustituido por el sujeto-supuesto-saber tenemos la entrada en análisis, al menos desde un cierto punto de vista.

 

La aparición del sujeto-supuesto-saber nos da paso a un segundo tiempo en el análisis. Este sujeto supuesto debe caer también y ser sustituido (golpeado, dice Lacan) por la verdad de la estructura “a”. Resumiendo mucho, la operación verdad debe “no sin el significante o lo que será dicho como no sin el saber[7]” pasando por la castración, la falta fálica, hacer aparecer la carencia que está de entrada, carencia que el objeto “a” viene a taponar. A partir de dicho momento, el analista debe pasar a ocupar el lugar de dicho “a” y, a nuestro juicio, comienza un tercer tiempo del análisis, y es al que va Lacan a dedicar parte de sus teorizaciones.

 

Con lo dicho hasta ahora podríamos introducir una pregunta-definición de la interpretación. Es muy importante subrayar que no es por la vía del sentido por la que el sujeto entra en el artefacto del discurso, sino por la del signo. Cita: “…los que me siguen aún no han comprendido que lo que hace entrar en la matriz del discurso no es el sentido, sino el signo, he aquí lo que nos da la idea que precisamos de esta pasión por la ignorancia.”  (Autres écrits, [2] (pág. 558).

 

Entonces podríamos establecer nosotros esa pregunta-definición: ¿La interpretación es un des-hacer[8] el signo de amor que produce la transferencia, bajo la cual está el saber, para producir el cambio de discurso? Teniendo en cuenta que el amor es un amor al saber, pero atrapado en el amor al S.s.S lo que produce el aspecto resistencial de la transferencia, es decir, la pasión por la ignorancia. Vayamos al segundo triángulo para avanzar un poco.

 

El segundo triángulo

 

Para el nuevo abordaje, debe partir Lacan de dos premisas nuevas. La primera premisa que tenemos que introducir es que no sólo se trata de la impotencia, graficada hasta el momento por , sino que hay que trabajar la imposibilidad, . La segunda premisa es que la relación sexual no se puede escribir, lo que lleva a situar el falo como contingente y lo real como imposible. De hecho, toda la modalización aristotélica debe cambiar para la praxis del psicoanálisis. Lo hemos demostrado en otro trabajo que pronto verá la luz. Podríamos indicar una tercera premisa: ahí donde la energética falla en el discurso analítico, el ser que nos propone Lacan es el goce. De hecho, el ser llamado ser de goce había quedado aparcado desde el Escrito “Subversión ….” [9]. 

 

El goce necesita una contabilidad de tipo económico, al hilo de lo que el marxismo había expuesto. En consecuencia, a lo significante hay que añadirle un plus-de-goce. Resumiendo, del goce sexual nada sabremos y sólo tendremos sustitutos de él, pero comandados por su ex-sistencia. ¿No se ve imprescindible que el triángulo cerrado se rompa por sus vértices y se modifique?

 

 

 

 

     

 

La primera modificación es que, ahora, arriba no está lo simbólico, sino lo imaginario, ya que se trata de la articulación entre lo simbólico y lo real anudada o sostenida por lo imaginario. Insistimos, no se trata de que el encuentro entre lo real y lo imaginario en el ser parlante esté articulado por lo simbólico, esquema que ayudaba mucho a entender los efectos del significante sobre la estructura imaginaria el narcisismo y el fantasma, sino del encuentro entre el nuevo concepto de saber frente a ese real que no puede escribirse.

 

El propio Lacan considera que el Seminario XX está dedicado a entender bien lo que significa el saber del inconsciente. En los principios de su obra, el saber, en el más puro sentido freudiano, provenía de las Vorstellungs imaginarias devenidas significantes por el hecho de una Aufhebung[9], y articulado como saber del Otro y como sistema. Por otro lado, estaban los signos que podían dar pie al ideal del Otro, signos devenidos significantes por el hecho de poderse articular a dicha batería. Este modelo era claramente insuficiente para diferenciar los signos de percepción del saber del inconsciente; por eso Freud tiene tantas dificultades para diferenciar pulsión y saber del inconsciente (diferenciarlos en la rigorización, ya que nunca los confundió) ¿Y la pulsión?, podemos ahora preguntarnos. Eran unos significantes especiales de la historia del sujeto que tenían un valor especial. Sobre el Seminario XI [7], la cosa empieza cambiar, y el saber sigue siendo el representante de la representación freudiana, pero aparece el concepto de significante unario (distinto del signo que deviene trazo unario) que, poco a poco, va a dar pie a ser significantes pulsionales o significantes que representan al sujeto, significantes del Ello, si se quiere. Por fin, Lacan sobrepasa a Freud, y plantea claramente un significante pulsional distinto del saber del inconsciente, ése que se obtiene de la marca y su borramiento (tal como lo había ya indicado en el Seminario IX [10]). Y nos propone una solución para articular pulsión y saber: la nueva definición de cadena significante, borromea, que empieza, e incluso da su matema, en el capítulo final del Seminario “Encore” [1].

 

Por otro lado, el objeto ya no sólo es un objeto imaginario que tapona la castración (Seminario IV [11]), sino que es simbólico, objeto vacío de la demanda; añadimos nosotros que es un objeto que aparece por la imposibilidad, en lo simbólico, de sincronizar las dos cadenas del significante y del significado. Y además, el objeto es el plus-de-goce, luego el objeto pertenece a los tres registros tal como demuestra el nudo borromeo escrito unos años después. Todavía no anuda el triángulo en el capítulo “El saber y la verdad” y los siguientes del Seminario “Encore”. Es un avance del nudo, pero aún no está bien visualizado; veámoslo con detalle.

 

Lo primero que debemos recordar es que, desde el concepto de discurso, Lacan da una nueva definición de la verdad: ahora es un lugar, no sólo una función y una operación. Si es un lugar, quiere decir que algo es verdad por estar ahí. Esto es muy importante, porque ya no es sólo una función aplicada más o menos a un saber como en la filosofía o en la ciencia. En dicho lugar puede estar la división del sujeto y entonces se entienden según qué comportamientos o discursos, etc.

Decíamos más arriba que, en el discurso analítico (a ése que, de vez en cuando -ya que la cosa funciona mediante continuos giros de los 4 discursos por efecto del inconsciente[10]-, el analista debe dar soporte), el saber está en el lugar de la verdad; cuidado, no se trata de que el saber sea simplemente verdadero, sino “de interrogar como saber lo tocante a la verdad”. El cambio es importante, ya que han girado los registros: no se trata de adjudicar verdad a un saber, sino interrogar lo real que corre bajo esa verdad mediante el saber. La interpretación deberá, a partir de ese momento, dirigirse a favorecer dicha interrogación y mucho más desde el lado del acto que del significante; el corte de la sesión tomará aquí un valor esencial, puesto que no se trata de aportar saber, sino como mucho de ayudar a levantar los equívocos de sentido para que pueda aparecer, tras el sentido del sinthoma, la Bedeutung fálica en su neutralidad frente al sentido; dicho de otra manera, apuntar al sin-sentido para que se abra la hiancia de lo simbólico frente a lo real, y en las dos direcciones.

 

Quisiéramos aclarar que el equívoco de sentido se apoya sobre el significante y en su caso en la letra que le da soporte (como ya en el Seminario V había adelantado), pero no en el segundo concepto de letra, concepto del que hablamos en el tercer epígrafe de esta intervención. Dicho de otra manera, el equívoco juega entre el significante y su efecto de sentido. Por eso la interpretación que sigue su lógica deja al descubierto la relación (neutra en lo que concierne al sentido) del significante con lo real mediante la Bedeutung; insistimos, la deja al descubierto porque el sentido se adhiere ahí donde lo simbólico no puede dar respuesta a lo real, pero no ofrece solución alguna, puesto que el tonel está siempre presto a volver a ser llenado, de ahí que se deba apuntar  al sin-sentido.

 

Tenemos tres cosas más a situar en esa hiancia. Una: dicha verdad no puede más que medio-decirse. Lo que quiere decir que el Otro no puede situarla toda, como parecía en el triángulo del Seminario XV [5]. Hasta el Seminario XVIII [12], la tesis era la siguiente: lo que el Otro enuncia es verdadero y mediante el significante de una falta en el Otro, S(), podía cuestionarse dicha verdad. Ahora la cosa va a ser distinta: S() indica la imposibilidad de decir todo lo verdadero; es decir, la verdad que quedaba del lado del semblante, pero tras la cual está el goce, hay que situarla en la flecha que va desde lo imaginario a lo simbólico enfrente de lo real. Va desde lo imaginario a lo simbólico en una ascensión hacia una función u operación como en el primer triángulo[11]. Una vez más, Lacan tiene en cuenta la lógica de los registros, y una verdad que proviene de lo real primero es imaginarizada, lo que tiene muchas consecuencias en la dirección de la cura. No hay que confundir jamás esas imaginarizaciones de un cierto real como pasos hacia atrás, sino todo lo contrario: son avances para que, mediante imaginarizaciones, muy especulares incluso, se efectúe esa interrogación como saber de la verdad a la que aludíamos antes. Una vez más, insistimos: ha cambiado el orden de los registros y no se llega a lo real a través de simbolizaciones imaginarias de lo real, sino que se llega a lo simbólico a través de imaginarizaciones de dicho real.

 

Antes estaba ahí el objeto “a”, pero luego Lacan ha cambiado, para dar entrada al goce que no puede escribirse, ha cambiado la verdad de la estructura por el “no puede decirse todo lo verdadero” situado al lado de lo verdadero.

 

Luego la verdad está situada enfrente de lo real y no de lo simbólico, como antes; por eso indicamos que ya no es tanto una función como un lugar, y Lacan además la barra. Es lo que denomina la escisión de la coalescencia entre S() y “a”, y que indica que la psicología no ha efectuado. De hecho, si abatimos, en el triángulo, lo imaginario sobre lo simbólico nos quedará un solo segmento y aparece el dualismo de la ciencia.

 

Dos, el objeto “a” ha pasado ahora a situarse en la flecha de lo simbólico a lo real. Aquí debo detenerme un poco, porque en el seminario se da pie a una confusión con el término semblante. Lacan tanto lo usa para indicar la apariencia del significante como la apariencia del objeto “a”. Para el primero se trata de la apariencia de una cierta verdad (que en la ciencia se hace equivaler a la verdad de lo real), y para el segundo, somos apariencia de tener o disponer de un ser. No son para nada lo mismo, por eso en estos capítulos se refiere al objeto “a” imaginario. Es la pregunta que se hace al final del capítulo “El saber y la verdad” del Seminario “Encore” [1]: El niño mirado tiene el “a”, ¿Es que tener el “a” es el ser? Si seguimos el texto, veremos que “a” en el gráfico quiere decir el que está enfrente del registro Imaginario[12], y, por el contrario, semblante quiere decir el que proviene del significante. Entonces entendemos que el objeto que Lacan pone enfrente del registro Imaginario queda redoblado por el semblante. Pero la flecha indica claramente que el semblante aparece como apariencia del registro simbólico. Lacan ha cambiado el Ideal por el objeto “a” imaginario.

 

Tres, frente a lo simbólico, en la flecha que va desde lo real a lo imaginario, el falo simbólico, sostenedor de la poca realidad que el principio del placer permite. Es importante que sea una flecha que vaya desde lo real a lo imaginario, puesto que indica que el falo es lo que “cesa de no escribirse”, luego viene de lo real (recuerden que estamos en un aparato de escritura, en este caso, de lo real a lo simbólico), aunque luego tome su función como sostén del sujeto dividido (como en el primer triángulo). Que el falo es el sostenimiento de la realidad desde luego no es nuevo, ya que pertenece al Escrito “La cuestion preliminar…”[13]; sólo que allí en el esquema R no aclara suficientemente que su función no sólo aplica en el redoblamiento del triángulo imaginario sino también al real exterior al plano proyectivo que sostiene la realidad. Lo que había denominado después “la realidad sexual”, Seminario IX [7]

 

Repasemos: donde teníamos verdad-saber-goce, ahora tenemos verdad-semblante-realidad. Y donde teníamos , I, a, tenemos , a, S(). Ha introducido la teoría del semblante y la verdad. Mejor dicho, no interesa la relación del sujeto con el Ideal, sino con el objeto imaginario (una de las caras del abjeto que situará más tarde en el centro del triskel). Esto le permite introducir la realidad, que en el anterior triángulo no estaba, que en el esquema R sí estaba. ¿Qué se ha caído del triángulo roto por sus vértices? (Triángulo que hemos introducido más arriba). Pues el goce que no se puede escribir, el imposible, “no cesa de no escribirse”.

 

Lacan ha podido ir situando los S1 como aquello que se escribe ahí donde la relación sexual no puede escribirse, pero no puede situar en un triángulo lo que no se escribe. Entonces ese goce lo sitúa con mucha dificultad mediante dos lazos abiertos que salen de lo real. Lazos que nos recuerdan el termino “vacuola” utilizado en el Escrito “L’étourdit” (Autres écrits [18]). Veámoslo:

 

 

El pre-nudo

 

Una consideración previa: si sólo consideramos lo real como un vértice en el triángulo o un círculo en el nudo más tarde, ¿se ve el problema? Es un real que se puede escribir. ¿Cómo resolverlo? ¿Cómo plantearse ese real frente al cual se sitúa el saber, saber que en la palabra crea al Otro, real que no hay que confundir con el Otro mismo? Confusión o fusión,  como cuando Lacan estructura das Ding, que quedaba representada por los objetos “a” –representándolo del todo, mediante un recubrimiento finito que la compacidad asegura (y que la clínica del coleccionista, psicopático o no, contradice).

 

El primer intento de solución es salir de un aparato psíquico con dos dimensiones, salir de la superficie, y plantear una tercera dimensión, la que envuelve al triángulo. Es por eso que Lacan va a dar una vez más la definición de lo real como imposible, pero recordamos la sutil definición (Seminario “Encore” [1] (pág.  87): “Lo real como un abierto entre el semblante, resultante de lo simbólico, y la realidad tal como se soporta en lo concreto de la vida humana”. Aquí Lacan sitúa lo real entre el plano proyectivo y el exterior y no sólo en el exterior; como consecuencia, debe ampliar el espacio, tal como indicaremos más abajo, a dimensión tres y hacer una topología nueva.

 

En el gráfico, dicho abierto encierra un círculo con una J, es decir, un goce más allá. Desmenucemos el gráfico y la definición. En el gráfico, los lazos indican la salida del plano del triángulo, luego son el preludio del nudo borromeo: un pre-nudo, lo hemos denominado.

 

En la anterior definición debemos situar un constructo y dos líneas de sentido. El constructo: un abierto, término de la topología general conjuntista, que indica que es un subconjunto de un conjunto (un real primero indeterminado) que pertenece a los elementos de su topología. Esto es así si consideramos ese espacio previo, o mejor, creado por la primera operación significante, como un espacio topológico. Además, si suponemos que se trata de la denominada topología habitual, dichos subconjuntos son abiertos en otro sentido: no incluyen su frontera. Esto último tiene mucha importancia, porque es una manera de rigorizar que entre la frontera de lo simbólico y lo real está la letra y ésta pertenece a lo simbólico[13] y no a lo real aunque pueda ser la letra la adherencia (o cierre) posible de este abierto, luego lo real queda como un conjunto sin su frontera y sólo hay cierre de lo simbólico. Es lo que denomina pasaje del litoral a lo literal en el Escrito “Lituraterre” (Autres écrits [16]).

 

Recordamos la definición que utiliza Lacan para situarnos esa frontera en la que el ser que no se puede escribir se sitúa mediante la letra (Seminario “Encore” [1] (pág, 89): “así se deduce el hecho de que el saber está en el Otro, que no debe nada al ser si no es que éste haya vehiculizado la letra. Por lo que resulta que el ser pueda matar ahí donde la letra reproduce, pero no reproduce nunca el mismo, nunca el mismo ser de saber”.

 

Fíjense bien que se trata del camino inverso al de la letra producto escrito de un discurso que sí está destinada a ser leída en el sentido de un signo (lógico). Tenemos ahí una nueva indicación para la interpretación, si es el caso, que nos recuerda una ya antigua de Lacan: “hay que tomar el deseo a la letra”. Ésta antigua definición, que nos encaja mejor con la doctrina que hemos expuesto en el primer triángulo, veamos ahora cómo situarla en lo tocante al goce. Ahora la letra está aún por desarrollar, pero ya no es el significante el que mata sino el ser. Recordamos que dicha definición de letra vehiculizada supone el camino del significado al significante, el ravissement. La letra, que es, y esto es lo importante, como un germen que no pertenece al cuerpo, es la que puede reproducirse.

 

Una de las propiedades diferenciales entre la letra y el significante es que la letra, a diferencia del significante, sí es idéntica a sí misma, de ahí que se denomine dicha reproducción (no repetición en el sentido psicoanalítico) instancia, término que utiliza Peirce para indicar las diferentes reproducciones de un mismo signo a lo largo de un texto.

 

La primera línea, “…entre el semblante resultante de lo simbólico…” quiere decir que lo real está mas allá del semblante que el significante introduce por ser significante; en esto hemos venido insistiendo a lo largo de todo el trabajo, (en último caso, Lacan dedica todo un Seminario, el XVIII, a diferenciar lo real de la apariencia ,“semblante”, que introduce el significante).

 

Segunda línea, “…y la realidad tal como se …”: es una manera de recordarnos la Bedeutung fálica, o, dicho de otra manera, lo real está entre el supuesto real que hay bajo la apariencia (y si se quiere podemos añadir ahí también el semblante de ser haciendo de borde, tal como aparecerá después en el nudo) y las significaciones que el sujeto, vía condensación, sostenida por la Bedeutung del falo, haya podido hacer. Lo real está entonces entre dos bordes o dos bordes-frontera: uno, el que aparece en los límites de la realidad psíquica que la condensación permite; otro, exterior a los traspasos que, desde lo real, permite la metonimia. Sirva como recuerdo una frase de “Radiofonía”, [14] (pág. 420): “Pero yo me desplazo con el desplazamiento de lo real en lo simbólico, y yo me condenso para tomar pie por mis símbolos en lo real, como conviene siguiendo el inconsciente por su trazado.”

 

Como indicaba al principio, no hay un matema topológico claro para la metonimia, tal como el triskel para la condensación, aunque algunos autores, recogiendo las últimas elaboraciones de Lacan, apuntan a usar la banda de Moëbius con tres torsiones para pensar dicho desplazamiento, usando la heterogénea y la homogénea. Encontrarán un resumen de ello en un trabajo de Richard Abbibon en el número 2 de la revista a-NUDAMIENTOS [15].

 

Para terminar ¿qué interpretación es posible en esa vía de lo que no se escribe de forma que lo que se escribe, S1, pueda articularse con un saber? Y nos referimos a algo muy puntual, puesto que es en esta fase del análisis donde el analista debe aparecer más en silencio, un silencio que marque eso que haga presente lo que no se puede escribir. De todas maneras, Lacan nos da un ligero apunte, que es la nueva fórmula de la cadena significante.

 

Si bien en dicha cadena borromea pueden eliminarse las singularidades del primero y el último eslabón, por el contrario Lacan propone diferenciar el enjambre de los S1 del conjunto del saber S2. Y nos da una definición preciosa: “El S1, enjambre, significante-maestro, es lo que asegura la unidad, la unidad de la copulación del sujeto con el saber, es en lalengua, y no en otra parte, en tanto ella es interrogada como lenguaje donde se obtiene la existencia de lo que una lingüística primitiva ha designado mediante el término elemento..” “El significante Uno no es un significante cualquiera. Él es el Orden significante en tanto que se instaura por el envolvimiento por donde toda la cadena subsiste” y (Seminario “Encore” [1] (pág. 130) “El uno encarnado en lalengua es algo que queda indeciso entre el fonema, la palabra, la frase, incluso todo el pensamiento”.

 

¿Cómo entender esta frase? Para acceder a ella ayuda mucho leer el libro Essaim, de Jean-Michel Vappereau; con mucha simplificación, diremos que el S2 en una cadena puede envolver como un toro a muchos S1 del enjambre, pero que siempre, como mínimo, dejará un S1 fuera relacionado con un S2 formando un falso-agujero; exactamente al contrario de como Lacan lo planteaba en el Seminario XVI [6], donde del conjunto del Otro salían S1, pero, como siempre, caminos suplementarios, puesto que pueden darse las dos vías y que sea el S1 el que envuelve a todos los significantes incluso anulando cualquier singularidad del primero y el último en la cadena. Entonces ¿qué tenemos? Pues una cierta indecisión de las posibles “copulaciones” del S1 con el saber. O, dicho de otro modo, una cierta indecisión dentro de la cadena del punto en el que se efectuará dicha copulación; ahí hay un margen para la intervención del analista que no será neutra, sino vehiculizada por su deseo, el que obtuvo en su análisis, y en función de la fijación de dicha indecisión, la extracción del objeto será distinta. Ése que dice Lacan “te pido que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso”.

 

No deseamos terminar sin añadir que eso debe efectuarse enseñando al sujeto a leer sus S1 (metonimias ahí donde la relación sexual no puede escribirse) tal como indicábamos con la cita, y eso supone leer lo que primero se presenta como ilegible, es decir, que no tiene ningún sentido como signo, sino que deben ser marcas pasadas a significantes. Creemos que en este paso de lo ilegible al significante, quizá, insistimos, quizá ahí también haya una posible intervención del analista, sobre la letra y no sobre el significante, sobre esas letras que indicábamos más arriba que no son las mismas que las que dan soporte al significante y sus cortes y por tanto al efecto de sentido. Intervenciones que pueden girar en torno a la fonematización de la marca[14]. Por eso, en psicoanálisis, primero se aprende a leer y más tarde quizás a escribir algo.

 

Con lo que volvemos a la cita con la que abríamos esta exposición. Hay que enseñar a leer, en esos puntos de indecisión de la cadena significante, algo de lo ilegible que proviene de lo real. Esto permite que, terminado el análisis, el sujeto que aprendió a leer pueda seguir haciéndolo, con una nueva trasferencia al trabajo y no al S.s.S. Una última cuestión, ese aprender a leer no se puede efectuar por la vía del saber, sino no-sin el saber. Esto quiere decir que sólo puede hacerse vía análisis. Es donde no se justifica el análisis de un supuesto analista sólo para su cura, sino para poder transmitir lo que del análisis es intransmisible por la vía, incluso, del matema.

 

Esta última conclusión impone una cierta desesperanza, además de explicar muchas de las dificultades que el psicoanálisis lacaniano tiene en su desarrollo y extensión: resulta que algunos no aprendieron porque no se les enseñó. Más bien parece que se enseñó a interpretar signos, en último caso, más que a leer lo ilegible. Ven, pues, aquí una dificultad mayor para la formación del analista que es crucial en la transmisión del análisis. Dificultad mucho más difícil de resolver que la que ya apuntaba Lacan en su presentación en el congreso de la Escuela Freudiana de París en Abril del 70 (Autres écrits [2] (pág. 299): no puedo ser enseñado más que a la medida de mi saber, y enseñante, hace mucho tiempo  que cada uno sabe que es para instruirme”.

 

Reflexión final

 

En esa juntura de los dos bordes de lo real donde aparece el goce vehiculizado por el ser mediante la letra existe un riesgo muy bien marcado por Lacan en la última consideración sobre la interpretación en el Escrito “Televisión” [2] (pág. 545). En la pregunta, el presentador le cuestiona la dificultad del estilo lacaniano, es decir, algo que él situará sin decirlo en la vía de lo incurable. No deja de ser una pregunta por el goce del mismo de Lacan. Éste se zafa como puede, pero al final se recupera y responde desde el lado de la interpretación y sus límites. “…de lo que se pude saber, y mejor: menos jugar con la buen dicha de lalengua que seguir el ascenso en el lenguaje.” Lo entendemos como pasar del sentido hacia ese saber en juego.

 

Y sigue la cita “…la interpretación debe estar presta para satisfacer al entrepréstamo”. Aquí Lacan juega con la homofonía entre intérprete (el que descodifica algo) que es lo que no quiere que sea, y un neologismo con los términos prestar y entre, y también estar listo. Parece una vez más remitirnos a una contabilidad en la que se recibe un préstamo. Si estamos en lo acertado, el peligro queda rápidamente situado, en el párrafo final: “De lo que perdura de pérdida pura (a) a lo que no apuesta más que del padre a lo peor” (). Cómo no ver ahí un intervalo, entre una contabilidad que puede producir el objeto, pero en el préstamo (donde estaría la letra) ir a la vía de lo peor, es decir, la vía del no castrado. Se habrán dado cuenta de que no utilizamos para leer este párrafro la fórmula que Jaques-Alain Miller sitúa; no creemos que la castración imaginaria sea la que hay que poner ahí, sino la vía del padre del goce, ya que para nada  envía a lo peor, ni se está hablando del fantasma.


Referencias bibliográficas:

 

1 Lacan, J. La fonction de l’écrit. En: Le séminaire, livre XX, Encore. Éditions du Seuil.

2 Lacan, J. Autres écrits. Éditions du Seuil, París, 2001

3 Lacan, J. Le séminaire, livre XXV, Le moment de conclure. Documento interno de l’Association Freudienne Internationale destinado a sus miembros.

4 Lacan, J. Subversión du sujet et dialectique du desir dans l’inconscient freudien. En: Écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 1966

5 Lacan, J. Le séminaire, livre XV, L’acte psychanalitique. Documento interno de l’Association Freudienne Internationale destinado a sus miembros.

6 Lacan, J. Le séminaire, livre XVI, D’un Autre à l’autre. Documento interno de l’Association Freudienne Internationale destinado a sus miembros.

7 Lacan, J. Le séminaire, livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París.

8 Lacan, J. Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste de l’École. En: Autres écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 2001

9 Lacan, J. Subversión du sujet et dialectique du desir dans l’inconscient freudien. En: Écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 1966

10 Lacan, J. Le séminaire, livre IX, L’identification. Documento interno de l’Association Freudienne Internationale destinado a sus miembros.

11 Lacan, J. Le séminaire, livre IV, La relation de l’objet. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París.

12 Lacan, J. Le séminaire, livre XVIII, D’un discours qui ne serait pas du semblant. Documento interno de l’Association Freudienne Internationale destinado a sus miembros.

13 Lacan, J. D’une question préliminaire à tout traitement possible de la psychose. En: Écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 1966

14 Lacan, J. Radiophonie. En: Autres écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 2001

15 Abbibon, R. C’est le désir de l’analyste qui opère. a-NUDAMIENTOS, nº 2. Barcelona, 2003.

16 Lacan, J. Lituraterre. En : Autres écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 2001

17 Lacan, J. La science et la vérité. En: Écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 1966

18 Lacan, J. L’étourdit. En: Autres écrits. Éditions du Seuil, “Champ freudien”. París, 2001

 

 

SUMARIO



[1] Usamos, para los Seminarios inéditos, los apuntes internos establecidos por la Association Freudienne Internationale.

[2] Por eso Lacan escribe el Escrito «La ciencia y la verdad » (Escritos [17]), para diferenciar los 4 tipos de verdad en función de los 4 tipos de discursos que puede aislar como primeros en ese momento de su obra.

[3] Remitimos una vez más a la cita de “Introducción a la edición alemana de los Escritos”.

[4]  Representación que no representa nada; de lo contrario, volveríamos a un saber tipo signo que estaría anclado “per se” en lo real. Cosa que hasta Descartes no da por segura, a menos que el dios de la filosofía lo asegure.

[5] Recordamos que un grupo son dos individuos.

[6] De hecho, la sustitución de un esquema por el otro nunca es completa y quizá fuese mejor añadirlo en un esquema a cuatro, pero de momento lo dejamos así.

[7] Cuidado con las traducciones que dicen no sin saberlo.

[8] En los dos sentidos que tomaría en francés, des-hacer lo hecho pero des-hacer ese hacer signo.

[9] Término que indica, según Lacan, un bonito sueño de la filosofía.

[10] Lo que nos hace suponer que el inconsciente está más del lado del tiempo que del espacio,  pero nos detenemos en esto.

[11] Recordamos la igualación, S()= - del Escrito “Subversión del …”[9]

[12] Aquí sí vemos claramente que Lacan sitúa al objeto “a” en su dimensión imaginaria; por eso no acaba de estar en el centro de los registros.

[13] Recordamos que la letra está fuera de la palabra, pero sin salirse del campo del lenguaje.

[14] Nos remitimos a las últimas líneas abiertas por Lacan sobre fonética y sentido.