Hay más luz cuando
alguien habla
Ana Casino
-“Tía
dime algo, tengo miedo porque está muy oscuro”.
Y la tía
le dice: “¿De qué te servirá, si no puedes verme?”
Y el
niño le responde: “Esto no importa, hay más luz cuando alguien habla”.
Tres ensayos de teoría sexual (1905)
Sigmund
Freud
Iniciaré
mi intervención como un cuento para comentar un pequeño fragmento de mi experiencia
en el Centro de Asistencia en Salud Sexual y Reproductiva. Os propongo un poco
de fantasía en una jornada como ésta...
Érase
una vez un equipo de profesionales que trabajaba en un centro, llamado en aquel
momento de Orientación y Planificación Familiar. En su práctica se planteaban:
-¿Por
qué una mujer que tiene miedo al embarazo no utiliza ningún método
contraceptivo?
-¿Por
qué la mujer maltratada por el marido no se separa?
-¿Por
qué un hombre se quiere hacer una vasectomía sin haber tenido hijos?
Y todo
esto, y más, les hacía preguntarse: “¿Qué pasa?” “¿Por qué?” “¿Qué quieren?” Y
decidieron buscar un/a psicólogo/a para formar parte del equipo de trabajo.
Mientras
tanto, en el Hospital Municipal de Badalona, estaba el Centro de Higiene Mental
realizando una tarea de prevención y atención a la salud mental y ofreciendo un
tipo de asistencia diferente. Y... he aquí que se encontraron...
-Estamos
buscando un/una psicólogo/a interesado/a en trabajar en la atención “psico” en
este ámbito-, decían las del barrio de Santo Cristo.
Y el
gerente del Hospital de aquel momento lo propuso al Centro de Higiene Mental de
Badalona (CHMB):
-Queremos
hacer un trabajo donde no sólo se dé valor al cuerpo, sino también a la
palabra-, decían las de Planificación Familiar -Trabajar la particularidad del
sujeto, si la sexualidad es el eje central para el psicoanálisis. –
-Desde
luego que sí, -decían los del CHMB.
Y así
fue como iniciamos juntas un viaje... Un viaje a través de algunas ideas, de la
puesta en común de intereses y de intenciones, de deseos y de dificultades y de
un diálogo para establecer un lenguaje en común para conseguir abordar las
demandas de forma integral y global... Un viaje en un pisito pequeñito que ya
habían compartido con algunos del CMB, y que actualmente continuamos en otro
lugar, en un espacio más amplio y muy posiblemente más adelante nuestro trabajo
continuará... en otros espacios.
Después
de estos años, ahora os quiero decir algunas ideas: la salud sexual y
reproductiva es un ejemplo de cómo la ciencia, posibilitada socialmente, busca
disputarle a la madre naturaleza ciertos privilegios sobre la sexualidad y la
reproducción. Todo esto en función del bienestar o la ausencia de malestar.
Sin
embargo, no podemos obviar el hecho de que la vida se mueve en una dialéctica
con la muerte, y que, lejos de oponerse, forman parte la una de la otra y se
dan sentido la una a la otra. En este aspecto, es necesario integrar el
malestar en la vida, la enfermedad en la salud. La búsqueda del bienestar sin
conflicto es también una ilusión, pero si nos empeñamos en la persecución del
bienestar a cualquier precio acallando, sometiendo o ignorando el malestar
propio de la vida, este hecho acarrea sus consecuencias.
Podemos
comprobarlo tanto en el ámbito individual como en el ámbito social. Cuando se
trata de un bienestar ficticio, nos encontramos que esconde una corrupción;
esto es lógico, dado que todo aquello que no está bien o huele mal y se tapa tiende
a corromperse. Por otro lado, tener en cuenta el malestar no es sólo importante
para evitar la corrupción, o porque el estado de cosas cada vez irá peor, sino
porque cierto grado de tensión, de conflicto, de malestar es necesario tanto
para el desarrollo de la sociedad como del sujeto.
En este
sentido, es importante tener en cuenta que el sujeto se desarrolla y estructura
porque soporta una cierta tensión, un displacer en el aparato psíquico. Tiene que
soportar un cierto grado de malestar, de frustración, de insatisfacción que le
estimula y le hace crecer.
Si la
madre respondiera hipotéticamente, a cada tensión que se produjera en el niño
impediría su crecimiento con su omnipresencia.
Podemos
preguntarnos si el momento actual no dificulta en algunos aspectos este
crecimiento del individuo. A veces parece querer implantarse un consenso de
bienestar. Todo vale, se puede tener todo, todos tenemos que estar bien, y
parece que estamos bien cuando no hablamos, no preguntamos, no protestamos...
Ya sabéis: “calladita estas más guapa” o “calladito estas más guapo”. Si no
hablamos, todo va bien. Cuando lo que parece más específicamente humano es
poder convivir con cierto malestar propio de la vida.
En el
momento actual hay la creencia que para cada dolencia o trastorno de nuestro
cuerpo hay un medicamento oportuno o se soluciona con una pastilla. Se produce
un fenómeno de des-subjetivación que se manifiesta en la consulta en que los
síntomas no aparecen prácticamente estructurados, anomalías que manifiestan una
desestructuración de la persona.
Quizás
uno de los trastornos más evidentes de nuestra época es una pérdida del valor
de la palabra, como si esta palabra no tuviera peso ni relieve, ni relación con
el sujeto que la dice.
Esta
desestructuración y des-subjetivación también se manifiestan en una demanda sin
implicación por parte del paciente; como si dijera: “Traigo este problema,
resuélvamelo”, o cuando se le pregunta: “¿Con qué relaciona lo que le pasa?” su
respuesta, sea: “Si lo supiera, no hubiera venido”.
Otro
peligro es dónde colocar el límite a la sumisión; ciertas sumisiones pueden dar
lugar a la destrucción. Pero sin llegar a esta situación límite, la sumisión de
lo que molesta da lugar a los síntomas, entre los cuales, aquellos a los que
llamamos disfunciones sexuales.
Las
disfunciones son el producto del sometimiento del malestar inherente al ser
humano y del deseo que lo estructura. Los síntomas son la manifestación de un
conflicto que se produce en una persona que tiene dificultades en reconocer
algo fundamental en relación a su deseo inconsciente que busca ser escuchado y
reconocido.
El
síntoma trata de acallar ese malestar y al mismo tiempo manifiesta que este
existe y que el paciente tiene un conflicto con él.
La
salida, tanto del síntoma como de la sumisión, es posible encontrarla a través
del reconocimiento de la mujer, del hombre, del deseo, de la naturaleza, y en
definitiva, de todo aquello que nos molesta, y aprender a vivir con ello.
La contracepción
La salud sexual y reproductiva ha conseguido una
serie de logros; entre ellos, poder separar la sexualidad de la reproducción,
que no se produzca un embarazo en un acto sexual y también es posible lo contrario,
que se produzca un embarazo sin un acto sexual.
Es
importante tener en cuenta las consecuencias de este cambio, cuando puede tomar
la cara peligrosa de la omnipotencia, accediendo sin obstáculos al hijo como un
bien de consumo más.
La planificación
familiar tuvo, entre otras ilusiones, la lucha contra la sumisión y la
marginación de la mujer. En tanto que profesionales ¿No corremos el riesgo de
reproducir lo que queríamos evitar? Esta sumisión y marginación se puede
producir a través de la psicologización y de la medicalización, en el sentido
de dar respuestas automáticas, ajenas al sujeto y exponentes del poder y saber
psicológico y médico, a acontecimientos puramente de la mujer como la regla, el
embarazo, el parto, la sexualidad, la menopausia. La psicologización y la
medicalización le confieren un poder al profesional en detrimento del sujeto.
Por ejemplo, cuando a una mujer embarazada que se siente triste se le dice que
es producto de los cambios hormonales o por una depresión.
A veces,
la mujer pide y se ofrece pasivamente para ser manipulada, tratada como un
cuerpo sin palabras.
En otros
casos, es la tecnificación, en la relación con el/la paciente, lo que
contribuye a una despersonalización, quitándole importancia a lo que el/la paciente
quiere decir.
Decíamos
que luchábamos contra la marginación, y una de las formas de alineación, quizás
la más importante, es quitarle la palabra a alguien, hablar por él, saber lo
que el otro necesita.
Tal vez
una de las funciones como profesionales podría ser no tapar la boca a quien
necesita expresar su malestar. Poder escuchar lo que los pacientes quieren
decir, teniéndolos en cuenta como sujetos, dando un valor a sus palabras,
incluso poder percibir que hay cosas que no pueden decir pero que son vitales.
Y así, descubrir juntos como el personaje de El diario rojo de Flanagan,
de Andreu Martín y Jaume Ribera, que cada uno tiene una manera diferente de
vivir y que...
Hay gente que se tira a la
piscina de cabeza,
...Y hay quien entra
bajando la escalera, poquito a poquito,
...Y hay quien se tira en
bomba,
...O quien necesita tomar
mucho el sol y ponerse muy caliente, antes de sumergirse.
Hay a quien le cuesta mucho
decidir-se.
Hay quien prefiere más que
el agua este fría y hay quien la prefiere caliente o tibia.
Y hay quien, una vez
dentro, se pone a hacer piscinas a crol, como loco, de un lado al otro, a toda
velocidad.
Y hay quien la atraviesa
plácidamente a braza.
Y quien hace el muerto.
Y quien bucea...
Y dicho
esto, no vale, decir a nadie lo que tiene que hacer, como a menudo nos piden,
sino poder tener los ojos cerrados y las orejas abiertas “para que haya más luz
cuando alguien habla”.
Presentado
en
Noviembre
de 2004