EDITORIAL

 

 

Estimado lector,

 

Hemos llegado con éste al número cuatro de a-NUDAMIENTOS. Un número límite para el psicoanálisis, que aún no sabe contar hasta cinco. En él encontrará, como es habitual, un apartado insignia sobre la topología y la lógica de la clínica. En él, un primer trabajo sobre la dirección de la cura teniendo en cuenta los diferentes goces y las operaciones que entre las tópicas los estructuran y modifican. Trabajo en el que dichas operaciones están articuladas por la letra en sus dimensiones de leer, escribir, y dada a escuchar en la dimensión de la pulsión invocante. Trabajo que termina una trilogía del mismo autor que ha sido publicada en los números anteriores de esta revista.

 

Un segundo trabajo sobre el orden de prioridad, en las tópicas freudiano-lacanianas, de las operaciones de trinas, dominantes en los sujetos, en función de cómo se hizo el primer anudamiento, o metáfora paterna de la que depende la identificación primera al padre, y el orden en el que anudó el cuarto nudo a los otros tres. Un trabajo para diagnosticar mejor a los sujetos sin patologizarlos como suele ser habitual con diagnósticos suplementarios: narcisistas, caracteriales, etc. añadidos a la tríada neurosis, perversión y psicosis.

 

Un tercer elemento, que es una clase-conferencia sobre la letra, la topología y el espacio para definir el concepto de cuerpo en psicoanálisis. Decimos que es un elemento y no un trabajo debido a que es la transcripción de una secuencia hablada, y no escrita.

 

 

En el apartado de teoría y clínica encontramos dos textos de dos autores que se entrecruzan sobre lo trascendente, definido como aquello imposible de pensar. Procedentes de un seminario de la APJL, nos aportan un debate serio sobre ese problema y la crítica a la solución religiosa habitual: el nombre del padre simbólico. Critican, pues, uno de los malos finales de análisis posibles de los analistas. Un tercer trabajo sobre la diferencia, en un autor y su creación, entre fenómeno y síntoma. Un cuarto trabajo de lectura precisa del Seminario de la angustia y dos conceptos de división aplicados en relación al objeto y en relación a los dos sexos del lenguaje.

 

Además presentamos tres casos clínicos. El primero, infanto-juvenil, en el que una psicosis parece apuntar hacia una estabilización mediante la transexualidad, ésta vehiculizada por un juego de letras que permiten una metonimia fundamental. El segundo, un caso excepcional para visualizar que si la muerte no tiene inscripción en el inconsciente, se requiere algún significante metonímico que la sitúe. Sin él es imposible articular el duelo. Tres, un ejemplo de cómo puede trabajar el psicoanálisis dentro de instituciones de Salud Mental, en particular en servicios de atención a la drogadicción, introduciendo la escucha y la subjetivización.

 

En el apartado más ligero de enunciaciones encontramos cuatro exposiciones. Una sobre la atención dentro de un centro de asistencia sanitaria a la sexualidad en general, de la escucha analítica en momentos de aparición de lo real del embarazo. Una segunda que marca las diferentes concepciones del fenómeno psicosomático cuando éste es abordado por la medicina o por el psicoanálisis. Una tercera sobre el objeto @, la angustia y la falta. Y una cuarta que diferencia la enfermedad producida por lo real del cuerpo frente a la producida por las palabras substitutas del real del psicoanálisis.

 

Finalmente presentamos dos comentarios de libros. Uno que compara dos monografías psiquiátricas sobre casos caros al psicoanálisis. Un segundo que nos inmerge en una visión del psicoanálisis visto desde la perspectiva del goce y la responsabilidad frente a él.

 

Esperamos que la lectura sea provechosa y recordamos que para publicar en esta revista sólo hay que enviar un mail con el texto al coordinador.

 

 

Barcelona, Mayo 2007

 

Carlos Bermejo

 

atopmejo@copc.es

 

 

SUMARIO