LO trascendEntE
Pierre Bruno
Lo trascendente es la respuesta a
lo que se caracteriza por no ser cuestionable: lo impensable. Lo impensable no es
lo forcluido, es decir lo que está rechazado por lo psíquico. Lo impensable es
lo que, de lo psíquico, no es de naturaleza para formar parte de lo simbólico.
Para situar el tema, puesto que tampoco es un hecho, no hay simbolización de la
pérdida de
"¿Por qué hay más bien algo que
nada?" Esta misma cuestión famosa de Leibniz que se encuentra formulada en
el párrafo 7 de los Principios de la naturaleza y de la gracia (1714) no
es ella misma formulable más que produciendo el impasse, por medio del principio de la razón suficiente, es decir
de Dios, sobre este impensable. Esta cuestión es en efecto un lapsus, ya que
"nada", es la cosa (rem), y no se puede poner un nada
que no sea la cosa en el sitio de la cosa.
Veamos ahora lo que es lo
trascendente. Reparé en Lacan en dos casos, posiblemente haya otros. El primero
se encuentra en "Kant con Sade", página 772 de los Escritos.
Sin que lo haya premeditado, este término aparece para calificar al objeto,
como faltante, según Kant, en la experiencia moral, y este objeto es reenviado
a "lo impensable" de la cosa en sí. Es tal objeto que, en la
experiencia sadiana, designaría al ser-ahí del agente del tormento, no sin
"guardar la opacidad de lo trascendente". ¿Qué se puede decir? El
bien (Gute) como objeto de la razón pura práctica no puede ser determinado
conceptualmente antes de la ley moral. Es la forma de la ley la que debe
determinar a priori la voluntad y luego el objeto conforme con esta voluntad y
no a la inversa.
Entonces, la máxima sadiana del
derecho a gozar del cuerpo del Otro corresponde a la forma exigible del
imperativo categórico kantiano desde que se supone que el mismo que lo enuncia
("puede decirme(lo) cualquiera") está dispuesto a someterse a ello.
El sádico, pues, ya que este "cualquiera" se refiere a él, puede
justamente torturarme si está dispuesto a tomar mi sitio de víctima al momento
siguiente. Basta con situar este imperativo así para que sea puesta en
evidencia "la impostura perversa", porque el masoquista en que el
sádico debe aceptar convertirse para que la máxima sadiana sea una ley moral
con sentido kantiano pone un límite contractual a lo que está dispuesto a
aceptar del sádico, lo cual impide de golpe la universalización de la máxima
sadiana y la hace amoral.
Vemos mejor así por qué el objeto
(Gute o Böse) sigue siendo trascendente, aunque encarnado
empíricamente en el agente del tormento. Sigue siendo trascendente porque,
originariamente, está referido a lo impensable de la cosa en sí. De resultas,
si, sometiendo a Kant mismo a un forzamiento, consideramos la cosa en sí no
como el revés incognoscible de todos los fenómenos, sino como lo impensable de
la pérdida de la madre, lo impensable de una nada que no sea cosa, descubrimos
que lo trascendente es menos una respuesta, para corregir mi fórmula del
principio, que la pregunta que viene al lugar de una pregunta que no es
formulable.
Es a causa de esta pregunta de lo
trascendente, pregunta que no se puede eliminar, por lo que las religiones, que
se dedicaron a desactivar esta pregunta adelantando una respuesta, van siempre
un trecho avanzadas sobre el cientificismo, el cual querría hacer una cruz
sobre lo trascendente.
Klossowski quiso hacer de Sade el
mejor de los cristianos. Si tiene razón, esto quiere decir que el cristianismo
es perverso. Zizek se preocupa de esto, cf. el subtítulo de uno de sus libros:
El cristianismo entre perversión y subversión. El problema es, en efecto,
que, por muy poco que sea que se diera un ersatz
de Dasein a la enunciación del imperativo categórico, se sugiere
"una malignidad del Dios real". La ley es moral sólo si es un
anti-mando, una enunciación que manda al enunciante y no una enunciación
mandada por el enunciante. La ley kantiana es moral sólo si todo sádico es un
masoquista que aceptaría la ley promulgada por éste. Entonces, podemos
fácilmente comprobar que, por ejemplo, es Sacher-Masoch quien maneja el
tinglado de Wanda, y no ésta, siendo, por otra parte, “Wanda" el nombre
que adopta Aurora Rümelin, para identificarse con el personaje que le preexiste
de Venus en las pieles. Es lo que llama la atención de Lacan en este
pasaje cuya lectura no se satisface con un paso de puntillas. Esta voluntad
kantiana de reenviar el objeto de la razón práctica a la cosa en sí no se
sostiene. Aunque reduzcamos al enunciante de la máxima a un punto de emisión,
incluso a una voz alucinada, " la voz incluso loca impone la idea del
sujeto". Tocamos allí a la idea que Dios necesita del sujeto, o sea de
Cristo, para que pueda atravesar la puerta después de la cual podrá ser
llamado.
Desde ahora podemos avanzar que
todo se juega alrededor de lo impensable. De este impensable, lo trascendente
se deriva como pregunta, y que ellas son las respuestas que levantan un campo
de minas en este impensable y las respuestas que lo preservan. He aquí donde
hemos llegado.
El otro caso de lo
"trascendente" se encuentra en Televisión (p. 49). Primero el
contexto. Según Lacan, el discurso analítico introduce algo nuevo en el amor
(allí dónde se "obtienen" los "callejones sin salida" del
"inconsciente"). Esto nuevo es "trascendente" (en el
sentido de número trascendente) y "se soporta por la denominada
transferencia". Lo que aporta de nuevo el psicoanálisis es la
transferencia del saber prestada al sujeto del inconsciente sobre el analista.
En matemáticas, un número trascendente, para definirlo con un ejemplo, es el
número
La identificación al síntoma es
la identificación a lo que, del cuerpo pensante, hace marca de este eclipse
antes de que el sujeto se enfrente con él como tal. Es otro uso de lo
trascendente.
21 de mayo de
2006
En el debate que siguió, animado
particularmente por las cuestiones y las observaciones de Yamina Guelouët, la
pregunta se planteó sobre la distinción entre lo impensable de la pérdida de la
madre y la tesis de Lacan que concernía al hecho de que el padre no tiene un
nombre que le convenga si no
Seminario de
Traducción: