Societat Catalana de Contracepció
Actualmente, aunque estén a nuestro alcance los métodos anticonceptivos, las mujeres siguen quedándose embarazadas sin quererlo. Y esto, obviamente, nos hace preguntarnos: ¿Qué es lo que hace que alguien que no quiere tener hijos no ponga medios contraceptivos? ¿Por qué sabiendo sobre los métodos que previenen el embarazo no hay un buen cumplimiento?
Cuando el embarazo no es buscado conscientemente, la mujer y el hombre se encuentran en una situación de conflicto. El embarazo imprevisto es una situación vivida como imposible de sostener y que genera angustia, por lo que consultan al profesional, y algunas veces, lo quieren resolver (deprisa, deprisa sin pararse a pensar) lo antes posible.
Este embarazo inoportuno, problemático, que desequilibra, que introduce un malestar, puede terminar de diferentes maneras.
Al atender a la mujer y a su pareja es importante, además de evaluar si tienen una decisión tomada, plantear algunas preguntas a cada uno de ellos:
Para que estas preguntas puedan dar lugar a que el sujeto se haga cargo de lo que le supone la situación en la que se encuentra y el grado de consciencia subjetiva de la decisión que quiere tomar y si es consciente de lo que suponen las diferentes opciones.
Es un momento en el que ha de escoger, y escoger quiere decir siempre perder algo, renunciar a alguna cosa.
Ante el embarazo:
El acompañamiento
en este momento permite un espacio con un tercero, el profesional no implicado emocionalmente,
para tratar está situación de crisis de la mujer y de
Cuando un sujeto habla dice más de lo que quiere decir. Si enuncia: “Quiero las pastillas”, desde la comprensión remite a un significado muy preciso. Pero si escuchamos un poco más la petición, se puede comprobar que cada sujeto dice y quiere cosas diferentes. Asimismo sucederá con la palabra “aborto”, “niño”, “hijo” o cualquier otra, les palabras no tienen un solo significado. Las leyes que organizan el discurso tienen diferentes vertientes, por un lado remiten a un objeto preciso (las cosas son lo que son), y por otro lado, la palabra tiene la propiedad de no adherirse a ningún significado, esto quiere decir que cada persona que consulta plantea una cuestión específica que es importante tratar en su individualidad.
Si es cierto
que la mayoría de veces estamos en el plano de la comprensión, en las entrevistas
nos proponemos la difícil tarea de pararnos y no responder rápidamente a lo que
aparentemente se nos demanda; intentamos preguntar para que el sujeto pueda
hacerse preguntas sobre lo que dice. ¿Y
esto por qué?
Porque cuando respondemos comprensivamente, que también lo hacemos, es quien escucha quien interpreta lo que dice el otro y, inevitablemente, esta interpretación estará imbuida de los ideales, de los principios morales y de los prejuicios del interpretador. El tema es difícil, pues lo que se intenta, al parar esta función de la comprensión, es crear el vacío necesario, el silencio para que surja el decir de la mujer, con sus deseos, sus ideales y sus principios morales. Y a menudo son profundamente diferentes a los nuestros. ¿Y cómo soportar esta diferencia? Esto puede ser tema de otra sesión.
Antes, los profesionales hablábamos de embarazo no deseado. Esta designación introduce la dimensión del deseo. Sabemos que el deseo tiene que ver con las vicisitudes del inconsciente, por eso la expresión no deseado aplicada a un embarazo siempre queda entre comillas.
Actualmente, en cambio, suele precisarse que se trata de embarazo imprevisto, no programado o no querido, en tanto que lo que explica la mujer es que no ha buscado conscientemente el embarazo, que no ha habido intención razonada de quedarse embarazada.
Ante estos casos que se decían embarazos no deseados y que nosotros preferimos llamar no programados por la razón y la consciencia, dicen: quiero una cosa y hago otra.
Una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. El deseo inconsciente se habrá de encontrar por lo que hace y no tanto por lo que dice que quiere. Lo que es enigmático, lo que no se sabe, está del lado del acto que se realiza sin saber por qué.
De hecho, las mujeres suelen acompañar el relato con frases sobre el momento actual de su vida: “no me lo esperaba, ha venido en el peor momento”, “actualmente es imposible tener un hijo”. Son estas expresiones las que hablan de la imposibilidad de encontrar un espacio en su vida que le permita acoger a un hijo.
Pero cuando una
mujer plantea razones muy lógicas, económicas, sociales, de edad, es decir, que
no es el momento de tener un hijo, esto no nos asegura forzosamente que este
embarazo no sea deseado, si tenemos en cuenta que querido no quiere decir lo mismo que deseado. El deseo es
inconsciente y a menudo los sujetos no queremos aquello que sentimos que
deseamos. El deseo puede determinar que hagamos cosas “sin querer”, que se nos
escapen, como los lapsus, los síntomas, los actos fallidos... Por lo tanto, es
frecuente que aquel hijo que va contra
la planificación consciente puede ser el que tiene más garantías de ser
deseado, aunque puede llegar a ser no querido. Esto es importante a la hora de
escuchar la determinación de una mujer de abortar, porque lo que se hace por
razones prácticas y de confort no deja de ser conflictivo para una mujer cuando
va contra su deseo verdadero. Sabemos que no todos los hijos son buscados
conscientemente, pero cuando ya se ha producido la gestación existe la
posibilidad de una buena aceptación.
Si pudiéramos captar que lo que programa es
el deseo inconsciente y que éste no se educa, quizás podríamos sentir algo
cuando escuchamos: “me olvidé de tomar la pastilla”, “se rompió el
preservativo”, “pensaba que por una vez no pasaría nada”... Es decir, en un
momento se ha descuidado y no ha hecho aquello que podría haber hecho. ¿Qué
decimos los profesionales en estos casos? “Que no se olvide otra vez”, “que no
le vuelva a pasar”... Le decimos otra vez lo que ya sabe. Quizás podríamos
escuchar alguna cosa más y reconocer en este lapsus algo del inconsciente, de
lo que no sabe que sabe. Necesariamente nos hace preguntarnos cual es su “petición”
y más aún cuando hay re-petición.
El inconsciente de la mujer, cuando es interrogado, si responde que no era deseo de hijo quiere decir que es deseo de otra cosa. Mujeres de todas las edades y con situaciones donde la imposibilidad de hijo se hace evidente nos hace decir que algunos embarazos se producen por otras cuestiones que la de ser madre.
Estos embarazos, no buscados conscientemente, aparecen en momentos conflictivos de la mujer o de la pareja, sin que tengan conciencia de que son la expresión sintomática de un conflicto psíquico, de un interrogante o de una problemática personal. Son cuestiones internas que se expresan con este acto, allí donde las palabras no han podido hacerlo.
El embarazo, el aborto y la adopción se
inscriben como un acto fundamental en un momento determinado puntual y preciso
de la historia de una mujer. Si el embarazo se produce a partir de un conflicto
no resuelto, las dificultades vinculadas a este conflicto continúan, sea cual
sea la resolución, y pueden responder a
diversos factores. Mencionaremos algunos:
Y en la
particularidad de la adolescencia:
Cuando el embarazo es la expresión sintomática de un conflicto, tener el hijo, abortarlo o darlo en adopción son maneras diferentes de darle salida.
El profesional facilita e invita a la mujer y a la pareja a una o más entrevistas, para que no les pase por alto qué puede haber en juego en esta situación en la que se encuentran y para que puedan abordarla como sujetos responsables. Una entrevista en la que la verdad del sujeto es convocada.
A veces podemos funcionar sobre suposiciones: “Que toda madre quiere a su hijo” o “Que toda mujer tiene derecho a abortar”. Y es cierto que puede ser así, o no, y si nos identificamos sin saberlo y si hablamos por la mujer, a veces no le damos la oportunidad de hacerse cargo de lo que le corresponde y le es propio.
Nuestra función es ayudar a que el sujeto descubra qué significa este embarazo en este momento y qué relación tiene con su propia historia. Cada embarazo y cada decisión son diferentes. Nuestra tarea es entender esta diferencia, cómo se inscribe este embarazo en el contexto de la situación actual y el porqué de su decisión.
No podemos homogeneizar, ni integrar la petición de la mujer según protocolos; se trata de buscar y localizar la fisura, la entrada y tomar partido por la división del sujeto para que retome, en su palabra, su singularidad, y pueda elucidar las características sintomáticas de este embarazo imprevisto.
Dos cortos ejemplos para ilustrar lo que se ha dicho hasta ahora:
Una chica de 28 años se ha quedado embarazada; tiene una relación con un chico desde hace un mes y dice que esta enamorada; está por ella, al chico lo ve responsable, él tiene un hijo. Considera que teniendo este hijo ella madurará, y dice “¿Ha sido un fallo o lo hice con buena intención?”; ella lo tendría, pero sola no. Es él el que dice que no es el momento, que es muy precipitado.
Una chica de 27 años tiene una relación con un chico desde hace tres meses; sabe que se ha quedado embarazada el día de Reyes, que ella había contabilizado como seguro, como día no fértil; como pareja están muy bien, él tiene 34 años, separado, con problemas de esterilidad y recién operado de un testículo. Ahora él, con este embarazo, se ha sacado un peso de encima pues es la confirmación de su fertilidad. Ella se encuentra muy segura en esta relación, pero considera que se han de dar tiempo, primero ir a vivir juntos y más adelante ya tendrán hijos.
En estos dos casos podemos ver dos chicas con unas mismas características y, también, podríamos decir con un mismo perfil: la misma edad, una situación similar (hace poco que conocen a la pareja), surge la anterior pareja del chico.
En el primer caso, la chica dice que tendría el hijo si él la apoyara y se siente obligada a interrumpir el embarazo porque él considera que no es el momento. En el segundo caso, para ella es demasiado precipitado y quiere interrumpir la gestación, les ha ido bien para saber que él no es estéril.
Con estos ejemplos, sólo quería poner de relieve que la vivencia personal de cada mujer es muy diferente. La primera no abortaría, se encuentra forzada por el hombre. En el segundo caso, es ella la que asume la decisión.
Me parece importante destacar cómo la escucha también beneficia el rol del profesional porque preserva su lugar, sin transformarse en padre, madre, amigo, enemigo o en quien dice lo que tiene que hacer, lo que le conviene, lo que es mejor o lo que él haría con la mejor intención del mundo; sin duda, la capacidad de escucha y de acogida facilita la tarea basada en la concepción del individuo como un ser humano activo y responsable en torno a su problema y a su resolución.
Además, cuando trabajamos los aspectos psicológicos de la demanda, realizamos una tarea de prevención para evitar abortos de repetición.
Anna Casino
Psicóloga clínica, psicoanalista
CASSIR
Aray, J. Aborto. (1968). Estudio
Psicoanalítico. Paidós. Buenos Aires.
Sentís Hortet, M. (1993). “Condiciones
asistenciales que permiten trabajar los aspectos psicológicos de la demanda de
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Sentís Hortet, M. (1999) “L’embaràs com a
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experiències (compilació). Centre d’Higiene Mental de Cornellà i Col·legi
Oficial de Psicòlegs de Catalunya. Barcelona.125-133.
López, S. (Octubre 2005). “L’atenció
psicològica en l’avortament provocat”. A: Full Informatiu. Col·legi
Oficial de Psicòlegs de Catalunya. 183; 8-10.
Barcelona 15 de febrero de 2006