Apreciado/a  internauta,

 

 

            Como ya habrá podido visualizar, esta página Web está destinada a profesionales de la disciplina. Muchos de sus contenidos serán un autentico galimatías para usted y previsiblemente piense que no tienen nada que ver con su interés o con su problema. Ésta es una página de herramientas técnicas para el diagnóstico y la cura de personas con diferentes trastornos o simplemente con problemas relacionales. De la misma manera que si abriese un manual de bioquímica para médicos no encontraría usted la relación con sus dolencias orgánicas, tampoco en muchos de estos trabajos la encontrará. Por ese motivo he querido, ya que usted tiene derecho a una información comprensible, escribir este artículo explicando un poco de qué va esta investigación en marcha, y qué tienen que ver con los problemas que se presentan en las consultas, por muy singulares que éstos sean.

 

            Vivimos en un momento histórico en el que el discurso dominante es el de la ciencia. Éste nos tiene acostumbrados a una rigorización exhaustiva y de gran nivel. Basta abrir un manual de física teórica para darse cuenta. O, en menor medida, un texto sobre inmunología clínica. Los científicos llevan aproximadamente 2.000 años, o más, construyéndola.

 

            El psicoanálisis, por contra, es un discurso muy joven, aunque no por eso no debe intentar rigorizarse con la misma exigencia, sea para la teoría o, fundamentalmente, la dirección de la cura. Aquí es cuando vienen las sutilezas.

 

            La primera: el psicoanálisis no es un saber sobre algo como la psicología científica o la medicina. No se trata de que usted le cuente sus problemas a un profesional que “sabe sobre el tema” y éste le indique qué es lo que debe hacer o cómo debe comportarse. ¿Se da usted cuenta de lo que supondría que alguien le dijese como tiene usted que vivir su vida? ¡Como si alguien tuviese un sistema mejor que el de los demás! Esa vía nos adentraría en una religión y es en otro lugar, si el interesado lo desea, donde debe ir a  buscar eso. El psicoanálisis es una experiencia a la que el sujeto accede para poder encontrar las respuestas, mejor dicho, para construir las respuestas a las dificultades que tiene para que sus deseos se relancen y pueda realizarlos mejor dentro de las circunstancias a las que está sometido. Aunque muchas veces la capacidad de transformación de esas circunstancias es mayor de lo que creía el analizante antes de terminar la cura.

 

            En ese camino encontrará todas las dificultades de las respuestas que se dio en su momento a lo largo de su larga historia, y que le pueden estar cargando de síntomas y de angustia o depresión, y es por ello que el analista debe ayudarle a situarlas y relacionarlas entre ellas o con determinadas cuestiones estructurales (comunes a la mayoría de sujetos). Pero insistimos, la respuesta es particular e incluso con algunos tintes de singularidad personales.

 

            La segunda, y muy ligada con la primera: ¿cómo estudiar esa experiencia en la que está implicado el sujeto en su particularidad? El método científico no nos sirve. ¿Por qué? Pues porque en la ciencia no se tiene en cuenta a los sujetos, en ciencia se trabaja sólo con objetos. EL hígado es un objeto, el cuerpo de la medicina es un objeto, eso quiere decir que las respuestas del sujeto ante los problemas, que denominaremos subjetividad, están descartadas en la ciencia. La ciencia tiende a estudiar leyes universales: un antidepresivo debe serlo para todo el mundo, no para una subjetividad en particular, y no debe causar daños a nadie. Es verdad que luego esto no se puede cumplir del todo y aparecen las excepciones y lo denominado idiopático o lo iatrogénico, sólo aplicable a un sujeto; pero eso es un parásito en la ciencia. Por contra, en el psicoanálisis lo que se busca es justamente lo particular de cada uno, sus anhelos más íntimos, su forma de desear, etc.

 

            Creemos que se comprende así mucho mejor el origen de esta página y lo que transmite: ¿cómo construir un rigor equivalente al método científico para el psicoanálisis? Un rigor no importado de la ciencia, como intenta hacer la psicología, sino intrínseco a la clínica que se desprende de la experiencia psicoanalítica. En eso estamos con otros colegas.

 

            Tercera, y ligada a la anterior: ¿cuál es la diferencia princeps con el rigor de la ciencia? Sabemos que ésta sutura todo aquello que pueda hacer que las cosas queden en incertidumbre, y nos referimos a la incertidumbre absoluta, no a la estadística, que puede ser cuantificable. También sabemos que en la ciencia las proposiciones no pueden quedar en contradicción, es decir, una cosa no puede ser verdad y falsa a la vez. ¡Cuántas veces en la vida las situaciones se presentan así! Es decir, la ciencia parte de que la doctrina o la doxa o la teoría deben ser consistentes y no entrar en contradicción. Por contra, el psicoanálisis parte de lo contrario, siempre se está batallando con esa contradicción. La mayoría de las decisiones humanas no pueden excluir la parte que no se sabe, como hace un ingeniero cuando diseña un aparato, sino que hay que trabajar con lo que hay sin ninguna prepotencia, más bien cierta impotencia. Bien, estimado lector que has llegado hasta aquí, entonces el rigor del psicoanálisis debe incluir esos puntos de falta, inconsistencia e impotencia. Y es lo que denominamos “preservar el universo de la falta”.

 

            Cuarta, y muy interesante: podemos entonces utilizar las herramientas que la ciencia ha ido construyendo pero efectuándoles una modificación. Deben ser “ampliadas”, en un cierto sentido, para que quepa ese universo de la falta. Es decir, tenemos que abrir lo que la ciencia cerró para su construcción. Éste que le escribe está trabajando en esa labor: utilizar el saber científico modificado. Con ello se consigue una mejor dirección de la cura, más corta en el tiempo y con menos malestar para el sujeto. Eso sí, éste debe acceder.

 

            Espero que esta explicación haya resultado útil y aclaradora. Un cordial saludo.

 

                       

 

                                               Carlos Bermejo Mozas