Bienvenido a la consulta clínica de Carlos Bermejo:

 

 

            Si desea pedir hora de visita, esta consulta le ofrece la posibilidad de ser atendido/a por profesionales que trabajan en la clínica, con el método psicoanalítico en su máximo rigor.

 

            Quizás usted se pregunte ¿Qué es el psicoanálisis? y busca encontrar una breve definición para intuir a qué tratamiento se compromete. Podemos ofrecerle ésta: el psicoanálisis es una disciplina que nació tan sólo hace un siglo; su fundador fue el Dr. Sigmund Freud. Él fue quien construyó un método de investigación y de tratamiento clínico, una teoría del funcionamiento normal y patológico de una parte del aparato psíquico del ser humano.

 

            Llamamos psicoanálisis a la cura mediante la palabra, entendiendo por ésta la palabra hablada. En la era de la informática todo el mundo entiende que más allá de lo orgánico existe la programación simbólica. Lo que queremos decir es que además de la carga genética y su desarrollo biológico, un humano se define por tres características:

 

a)      Una, es capaz de hablar una lengua y bajo ella tener toda la estructura compleja del lenguaje. Una lengua basada en dicha estructura de lenguaje es algo más que un código de comunicación. Con un lenguaje, gracias a su plasticidad, pueden hacerse chistes y juegos de palabras que con un código de comunicación no se puede. Por eso, cuando no se quieren equívocos y malos entendidos, se construye un código reducido, rígido en el sentido, para que la comunicación tenga una sola comprensión para todo aquel que la reciba o emita.

b)      Dos, es capaz de construir objetos que no son naturales y tener un relación con ellos. Si bien es verdad que los animales a veces tiene algún objeto especial, nos referimos a los domésticos, los animales sólo se relacionan con objetos programados ya sea mediante imágenes innatas o por asociaciones o condicionamientos con otras imágenes. Es lo que se conoce como el registro etológico (psicología de animales) y que nosotros denominamos registro imaginario.

c)      Es gracias a ese lenguaje que no viene en la carga genética real de nuestro cuerpo, sino que está ahí, en el mundo, precediéndonos, por lo que somos capaces de, al incorporarlo como si fuese un Windows, crearnos un entorno en el que podamos ser un sujeto y no sólo un objeto del Mundo o de los demás.

 

 

Comprenderá usted ahora por qué una psicología que usa los mismos conceptos tanto para la psicología animal como para la humana es claramente insuficiente e impotente para intentar entender esos registros superiores sólo pertenecientes al ser humano. El humano no sólo vive en un mundo biológico, Real, por un lado, y en un mundo social (la sociedad a la que pertenece), Imaginario, por otro lado, sino que además vive inmerso en un mundo de lenguaje, Simbólico.

 

 

Podemos dar ahora la definición de la cura: tratar mediante el lenguaje hablado las dificultades en la construcción de dicho sujeto en relación con el mundo social o el que sea con el que tenga problemas. Se hace, pues, volviendo sobre su “historia”, no para saberla, sino para modificar las marcas, o huellas, o “chips” (la programación que ha sufrido), que lo hacen funcionar relativamente mal en algo y que le producen malestar en forma de síntomas. Éstos pueden ser de carácter, nerviosismo de todo tipo, angustia y depresión, o de comportamiento. Insistimos, no se trata tanto de saber por qué ocurre, sino de poder cambiar las simbolizaciones: la forma en la que el sujeto se programó frente a las dificultades que encontró. Sean estás de falta de amor, falta de interés por sus inquietudes o deseos por parte de sus progenitores o el entorno en general, sea el abordaje siempre complejo de las relaciones con las denominadas preguntas existenciales: los duelos sobre la pérdida de seres queridos, su muerte; el abordaje del ser sexuado: maternidad y paternidad, relación de pareja, la propia identidad sexual o cómo vivir la masculinidad y la feminidad.

 

            La persona que sufre trastornos y/o malestares, tanto psíquicos, como psicológicos e incluso físicos, que irrumpen en su persona provocándole diversidad de síntomas, se encuentra con dificultades más o menos graves a la hora de querer vivir su vida en función de su propio deseo, entendiendo por deseo aquel motor que orienta a cada uno y con el que cada cual suele guiarse para ir construyendo sus proyectos en las sucesivas etapas de su vida.

           

            Para este tipo de personas que quieren saber el por qué, de qué sufren, cuál es la causa de sus malestares, de sus síntomas y al mismo tiempo desean poder ir resolviéndolos para así ir abordando sus proyectos en función de su deseo, diremos que el tratamiento psicoanalítico les brinda la posibilidad de hacer un recorrido, una experiencia personal donde podrán ir descubriendo una nueva manera de responder y/o saber hacer con sus malestares, sus síntomas, angustia, etc., obteniendo así  sus beneficios terapéuticos y/o de curación. Creemos que en estos dos párrafos hemos respondido a las preguntas: ¿Cuándo está indicado y para quién sirve un tratamiento psicoanalítico?

           

            Nos quedaría aún otra pregunta: ¿Cómo funciona un tratamiento psicoanalítico?

Brevemente, podemos decir que en un tratamiento psicoanalítico hay un compromiso entre el paciente y el psicoanalista. El paciente vendrá a sus sesiones y hablará de todo aquello que desee, de todo aquello que se le ocurra, y el psicoanalista escuchará al paciente e intervendrá cuando lo crea necesario ayudando al paciente a que  pueda ir encontrando las respuestas a las preguntas que se hace y a posibilitarle la manera de seguir en su recorrido hacia la curación, marcando muchas veces simplemente el obstáculo que le impide avanzar, con lo que el sujeto encuentra una nueva respuesta. Así pues, podemos decir que el tratamiento psicoanalítico es un tratamiento cuyos efectos terapéuticos y/o de curación se consiguen mediante la puesta en juego de la palabra que constituye al sujeto. Eso se efectúa mediante la asociación libre por parte del paciente y la intervención del psicoanalista en el momento adecuado.