El abordaje de la nominación desde la doctrina del
significante y el discurso
Recordatorio
Una vez más insistimos en que estamos estableciendo operaciones con el
significante y no con el signo. En la filosofía o en la ciencia, las
operaciones se basan siempre en unos elementos finales que o son signos o son
puras letras, y que son denominados muchas veces de la misma manera: signos. La
polisemia ha producido mucha confusión, ya que signo en un sentido es lo que
representa algo, luego estamos en la tópica de la representación; por contra,
signo en la otra acepción se refiere a un aparato de pura escritura.
En el aspecto del signo como representación, que es el que estamos
tratando, todavía puede hacerse otra
subdivisión. Una cosa es el signo lingüístico y otra el signo lógico y lo
explicitamos en los apartados que siguen. En el aspecto del signo como
escritura también hay que diferenciar tres aspectos. Uno, la marca que supone
el rayado de algún real y que no significa nada ni tiene ningún sentido, usada
para el efecto sobre el aparato psíquico de un goce externo a él, habitualmente
cuando se es tomado como objeto @ del Otro en su fantasma. Dos, el rasgo, que
suele ser una marca considerada desde su vertiente simbólica, forma parte del
significante. Y tres, la letra, que supone ya un aparato de escritura, un
alfabeto, y que permite dar soporte a la trama significante, sea en su
vertiente fónica (hablada) sea en su vertiente de escritura (para efectuar la
significación en la tópica del inconsciente).
Vistas estas diferencias, recordamos que abordamos el tema de la nominación
sólo con la teoría del significante, siendo éste nuestro último elemento en la
doctrina[1].
En consecuencia, en psicoanálisis se ha de sustituir el signo y su estructura
sintáctica (del tipo que sea) por el
significante y la estructura del discurso.
La nominación en la lingüística
Las disciplinas que al cientificizarse pueden prescindir del concepto de
sujeto y lo sustituyen por un sujeto ideal supuesto, en este caso el hablante
ideal, tienen la solución mucho más fácil para nombrar. Es la palabra, o el
significante, el que la sostiene, el que nombra algo que para Saussure es una
imagen mental. Es decir, representar y nombrar son prácticamente lo mismo.
Aunque debe hacerse una diferencia: nombre común frente a nombre propio. El
nombre común nombra muchas imágenes a la vez, por ejemplo vaso. Por contra,
nombre propio sólo nombra una imagen, por ejemplo Luis[2].
La primera precisión que debemos hacer es que no se nombran cosas, sino que
se nombran imágenes mentales de cosas. Luego estamos en la unión, en un signo,
del significante y la imagen mental. Registro que, en psicoanálisis, Lacan
define como el que produce como efecto el sentido, si se amplía la imagen
mental con el concepto de “idea” de Platón. Los lingüistas son precisos en
ello: la cosa es una “realidad” extralingüística. El uso en lingüística de “su
signo” para aplicarlo a la realidad del mundo es una simbolización y no pertenece al registro estricto de la lengua,
pertenece a lo que denominan cosas del mundo. Queda así el sentido sin
diferenciarse bien con el significado saussoriano. Introducir el registro
imaginario en el psicoanálisis, radicalmente diferenciado del registro real,
permite situarlo como un referente para el sentido o para la oración en el
decir.
La segunda precisión que debemos hacer es que el nombre propio es una
categoría que también nombra varios a la vez y sólo el contexto permite
individualizarlo. Es verdad que es diferente del nombre común, pero no deja de
ser la diferencia entre lo general, el vaso, y lo particular, Luis. En
psicoanálisis no se puede ser simplemente Luis, ya que hay que ser ‘un Luis en
concreto’. Es decir, utilizar un nombre propio como nominación no nos sirve, y
de hecho sabemos que quien lo utiliza, o utiliza un significante que hace esa
función, es un psicótico.
La tercera precisión es que tanto el nombre común como el nombre propio
sirven para nombrar la imagen de la cosa que ocupa la función gramatical de
sujeto como la de objeto, indistintamente, mediante la utilización de un
sintagma nominal. Sólo los pronombres personales, los que sustituyen al nombre
en las lenguas, hacen una distinción cuando ocupan una de las dos funciones, e
incluso diferencian dos clases de objetos (imágenes en este caso), directo e
indirecto.
Pero la lingüística sí que nos deja una gran distinción y muy precisa: el
verbo, el adverbio, el sustantivo y el adjetivo. La representación de la imagen
de una cosa con sus cualidades y la representación de la imagen de una acción y
sus circunstancias. Estas segundas imágenes, mas específicas, que no podemos
denominar estrictamente nominación, introducen lo que será en nuestros días una
operación o una nota intensional. Pero lo que sí nos queda claro es que la
representación es dual: un significante se asocia mediante la barra del signo a
una imagen pero dentro de un círculo tal como lo escribía Saussure.
Cuando se agrupan signos y se construye una unidad superior (un sintagma en
la lengua, o su equivalente en el habla: una oración) se obtiene un producto
denominado sentido que ha dado serios quebraderos de cabeza a los gramáticos y
a los psicólogos cientificistas. Pero no entramos en el problema del sentido,
aunque indicamos que sólo está en el aparato psíquico del hablante, por
disponer del registro imaginario, y nunca corresponde con un mundo exterior.
Ello implica que el sintagma u oración construya una trinidad: significantes,
significados (imágenes mentales) y sentido, pero ese sentido es exterior a
La nominación en lógica
En lógica no se trata de que el significado de los signos sean imágenes,
sino que son objetos. Se trata de la unión de un significante con un objeto. El
signo lógico asocia un significante a un objeto conceptual[3]
denominado referente. Un objeto es una definición conceptual de una cosa y en
la filosofía y la ciencia muchas veces se supone que son lo mismo o equivalentes,
esto plantea una diferenciación distinta de la lingüística en relación a los
nombres. En lógica hay dos tipos de nombres, ya que no hay función verbal a
partir de la obra de Frege: los que nombran dichos objetos denominados nombres
propios y los que nombran a los predicados denominados nombres comunes. El
concepto de predicado agrupa tanto a la función verbal como la función adjetiva
de la lingüística, incluso la adverbial que no sea modal. Lo que en la lengua
se sitúa como nombre propio o nombre común se define en la lógica como nombre
propio, y lo que en la lengua se define como verbo o adjetivo, incluso
adverbio, se pone en la lógica bajo el paraguas del nombre común. No es
entonces extraño que para situar al adjetivo “verde” como predicado fuese necesaria
la cópula del verbo ser y que durante mucho tiempo eso ligase la lógica con
Ahora bien, la lógica sí quiere hablar de las cosas del mundo, así que no
usa como significado la imagen mental, sino la referencia (Bedeutung, referencia en Frege). El signo lógico, a diferencia del
lingüístico, asocia un significante a un objeto, insistimos, objeto que
representa a la cosa del mundo. Hay que recordar que también se usa el término
objeto par referirse a cosas abstractas cuando son nombradas. Es la unión de
dos representaciones distintas la del significante y la del objeto; se hace de
forma semejante y sólo el lugar, encima o debajo de la barra, los diferencia.
Luego el signo lógico también es dual, pero veamos que la cosa no es tan
sencilla cuando se pasa al enunciado.
No está de más recordar estos esquemas: Esquema
de las diferentes articulaciones del signo en la lógica y en la lingüística
Este doble uso de significado, con funciones diferentes, en la semiología y
la semiótica ha despistado a la parroquia psicoanalítica hasta límites que
rayan lo absurdo y la retrotraen al pensamiento mágico. Produciendo un
retroceso análogo al que Lacan critica a Jones con su teoría del simbolismo.
Volvamos a la oración o al sintagma. La lógica exige que los enunciados no
sólo representen, sino que sean verdaderos: la denominada función verdad. El
sentido no tiene por qué ser verdadero ni falso, es, y por eso con su equívoco produce el síntoma cuya clínica
nos lo demuestra cada día. Es justamente porque no es verdadero por lo que
puede hacerse estallar dicho sentido. Este aspecto del psicoanálisis en la
dimensión de la interpretación ha vuelto locos a los cientificistas que la ven
arbitraria.
Ahora una precisión: un signo verdadero no es el término que corresponde a
la lógica, sino al empirismo. Es el “dato” el que debe ser verdadero, luego el
signo será, al menos de entrada, verdadero de forma extralógica. Lo que tendrá
verdad lógica, o no, será el enunciado construido con dichos signos. Enunciado
contenido en el sintagma u oración. Lo mismo aplica cuando un signo lógico une
un significante y un objeto abstracto de la teoría.
Tenemos definidos así dos clases de signos: el lingüístico, usado para
construir el sentido, y el lógico, usado para construir la referencia;
denominados muchas veces signo semiológico y signo semiótico. Lacan utiliza
muchas veces el concepto de significación para los dos procesos, es la
ambigüedad del término alemán Bedeutung,
pero es explícito en diferenciar el efecto de sentido del efecto de
significación, aunque sustituye al final de su obra referencia[4]
por denotación. Por eso indica en el Escrito
“La instancia de la letra” que tanto la metáfora como la metonimia producen
efecto de sentido, pero sólo la metáfora traspasa la barra de
Volvamos al signo lógico.
Hemos indicado que el signo lógico del nombre propio referencia un objeto
El signo lógico que sostiene la predicación, nombre común, ¿qué referencia
tiene? Ante esta pregunta es cuando Frege consigue sacarse la cópula y dice que
el significado de un nombre común es un concepto, da igual si es un verbo o un
adjetivo o un adverbio. El esquema del signo lógico queda entonces así:
Eso permite que la unidad superior a los signos (equivalente al sintagma o
la oración) sea el enunciado. Éste,
si entramos a estudiar su composición, está formado por nombres propios y
nombres comunes: es la lógica de proposiciones.
Si un concepto no es ni verdadero ni falso en principio, y un signo lo es de
forma extralógica, ¿dónde situar la función verdad lógica (distinta de la
empírica)? Frege asocia a una proposición la función verdad: una proposición es verdadera o falsa en
lógica. Una proposición es un sintagma u oración que tiene valor apofántico. Y
una proposición que es verdadera es la que hace que el objeto referenciado por
el nombre propio quede atrapado (unido o ligado) al concepto referenciado por
el nombre común del predicado. Es entonces la función verdad la que liga el
objeto referenciado al concepto y ello necesita dos significantes. En
consecuencia, en la proposición existe una trinidad y no sólo dualidad. La
proposición incluye al significante (suma de dos), la referencia y la función
verdad. Pero es una trinidad intrínseca a ella.
Es decir, es la terceridad de la función verdad la que “anuda” el
nombramiento. Unamos ahora las dos trinidades, la del signo y la de la
proposición, en una tetrariedad:
Si un sujeto dice “Yo soy un hombre” podemos analizar el enunciado de dos
maneras distintas:
a) Escuchar los significados de los signos
saussurianos que forman parte de ella y ver cómo se construye el sentido que
para el sujeto toma dicho enunciado. Pero desde luego nada nos indica que haya
ninguna verdad en juego, de hecho todo su comportamiento puede ser contrario a
dicho sentido. Igualmente que cuando una jovencita nos indica “yo quiero ser un
chico”.
b) Escuchar el concepto hombre o chico y ver
si, como individuos, se comportan como tales, o lo que es lo mismo, ver la
verdad del concepto en relación a ellos como objetos.
Véase la similitud de dicha
tetrariedad con el constructo de discurso del amo en el que el significante
queda claramente desdoblado en una copulación y no en una suma o sintaxis. Uno
ocupando el lugar del semblante y el otro el del Otro, lo que permite
diferenciar claramente los significantes que representan al sujeto de los que
representan a la representación, en el segundo Lacan. Los Unos y el Saber del
Inconsciente en el tercer Lacan. El concepto desaparece y el sujeto dividido se
sitúa en el lugar de
Apuntes
para la modificación necesaria, apertura a la falta y lo imposible, para el
discurso psicoanalítico
Primera precisión: la lógica, al distinguir nombre propios y nombres
comunes, hace una igualación entre las cosas del mundo y los objetos referenciados:
el denominado universo del discurso.
Cosa igual a objeto. En psicoanálisis sabemos que no es lo mismo, y por ello
debemos tener la teoría de los objetos @ como representantes de
De ahí que debamos romper esas falsas terceridades, o tetrariedades, y dar
paso al constructo de discurso[6]
muy cercano a lo que hemos elaborado en el ítem anterior desde la geometría,
pero ahora lo hacemos desde la lógica, y que en un próximo ítem intentaremos
unir. Luego, en consecuencia, tampoco podemos
suturar al sujeto en un signo mixto lingüístico-lógico entre su representante,
su imagen y él como objeto. Signo que sería una mezcla del signo
lingüístico y el signo lógico, tal como suelen hacer los filósofos. Un signo
que toma al significante como representante de una imagen, el significado en el
sentido saussoriano, y que referencia un objeto, el significado fregeano. Un
signo que resuelve de un plumazo el concepto de simbolización al que nos hemos
referido. Un signo que elimina u oculta el concepto y se desliga de
Ahora debemos insistir en
que tampoco existe la verdadera dimensión tres en lógica pese al intento de sostenerla con la sutura
que supone dicho signo, y por ello, cuando hay que hacer ciencia, se abre esa
dimensión tres y hay que sostener una “suplencia” con la dimensión cuatro:
significante, concepto, verdad, referente. Una suplencia en paralelo a la
suplencia que construyó Descartes con las dimensiones. Suplencia que debe
aumentar a cinco sí además se introduce
Aun aceptando dicho signo suturante, para las patologías, debemos recordar
que en el discurso analítico no puede escribirse en una página bidimensional.
Nuestro “signo”, que recordamos no tendría subjetividad y por eso es el centro
de la cadena-nudo de la personalidad paranoica, necesita la tridimensionalidad
para escribirse; es decir, será una condensación[7]
en triskel, lo que implica la rotura de los vértices y su sustitución por lo
cruces:
Aquí el significante es un S2. Hemos visto en los ítems
anteriores, con la doctrina del cuarto nudo, como el triskel pasa a ser un
anudamiento de cuatro que deberemos estudiar y comenzamos a intuir que quizá un
quinto nudo empieza a imponerse para situar bien la dit-mensión de la verdad,
que permita situarla a-medias.
Recordamos que Lacan, para el álgebra psicoanalítica, nos propuso primero
la alienación como alternativa al signo (sólo entre dos significantes y con dos
objetos: @ y
http://carlosbermejo.net/puntualizaciones/El%20Saber%20y%20la%20verdad.htm
Segunda precisión: la lógica, aunque avanza considerablemente sobre la
lingüística con la definición de la referencia, no consigue tampoco diferenciar
el nombre propio cuando ocupa la función de sujeto de cuando ocupa la función
de objeto en
Tercera precisión: el nombre propio tampoco diferencia a sujetos
particulares de la singularidad de cada sujeto individual. Con la diferencia de
que ella sí que intenta abordar el problema.
Antes de explicar ese abordaje recordamos la solución de Lacan para la
diferencia entre sujeto y objeto y a su vez con
El psicoanálisis se basa en los 4 discursos, aparte de la estructura del
lenguaje, y eso ya es una diferencia con las otras disciplinas que no tienen en
cuenta a los 4 y sólo el suyo propio y los signos que con él construyen. Nos
referimos evidentemente a la doxa, pues en su praxis sí que actúan los otros
tres aunque no son recogidos en
Saberes que han
circulado:
[1] Entendemos por último lo mismo que por primero: no hay un elemento suelto distinto de él. No debe hacerse nunca de la letra un elemento primero como en el álgebra. Y tampoco considerar como primero la marca de la que puede surgir el significante, ya que ésta es un simple efecto de otro significante, pero que no lo es para el sujeto.
[2] La lengua sólo diferencia así lo general de lo particular.
[3] Así hay que entender lo que Freud denomina Objekt.
[4] Referencia que ya había indicado explícitamente en el Seminario XII que no existe para el lenguaje.
[5] El
objeto habitual psicoanalítico es el objeto narcisístico tomado como imagen.
Por eso el narcisismo está ligado al sentido y no a
[6] Basado evidentemente en la teoría de la cadena significante o de las cadenas significantes para ser más precisos. La primera topología de Lacan.
[7] No sólo una metáfora