Introducción a
Introducción
Lacan definía al neurótico en el Escrito
“Subversión del sujeto....” como un sin nombre. Conocemos los esfuerzos del
neurótico para hacérselo incluso cuando traspasa dicha dificultad al campo
social. En el medioevo, el nombre del sujeto, generalmente ligado a una saga
antropológica, era uno de los bienes más preciados y por el que se podía llegar
a violencias extremas si éste estaba amenazado. Todo lo que está ligado al
concepto de Honor ha dado lugar a ríos de tinta, y a actos, a lo largo de los
dos últimos dos siglos. ¿Son lo mismo? Creemos que no. El nombre familiar del
sujeto está ligado a una saga que conocemos como la saga del nombre del padre
en lo social; por contra, el honor estaba más ligado al registro imaginario por
el lado del narcisismo. En concreto, a la identificación simbólica que lo
sostiene en Freud, El Ideal del Otro. Pero el discurso psicoanalítico nos
enseña que por mucho que un sujeto se nomine como perteneciente a una saga, eso
no lo libera de darse una nominación para él mismo independiente de la saga,
debe darse lo que denominaremos un nombre singular. Además de dicho nombre
singular debe nombrarse como perteneciente al lado macho o hembra del lenguaje.
Decimos singular porque no deseamos usar el término de nombre propio de la
lingüística o de la lógica por las razones que más adelante, en este seminario,
se explicitarán solas. Tenemos así cuatro nombres o nominaciones (no
diferenciamos de momento) que no pertenecen al mismo registro ni ocupan el
mismo lugar en la estructura; de hecho, unas dependen de cómo se establecieron
las otras.
En ese cuadrángulo formado por la nominación simbólica del nombre del
padre, del Ideal del Otro y los nombres singulares se
juegan muchos de los aspectos de la cura psicoanalítica. Incluso en las
demandas de algunos sujetos pertenecientes a familias cuya saga es socialmente
de cierta importancia, dicha demanda puede ser incluso el motivo de consulta.
Pero también aparece en familias proletarias o de etnias concretas. Lo que
deseamos aclarar es que en ese cuadrángulo no todos los términos pertenecen al
mismo registro ni son del mismo nivel. Para establecer esas diferencias es
fundamental establecer la estructura del
padre, ya no la del significante del Nombre-del-Padre. De igual forma que
Lacan acabó con todas las definiciones heteróclitas de la figura materna al
construir el concepto del Otro, hay que establecer los diferentes niveles del
padre y hacerlos depender de una única estructura fundamental, insistimos, no
ya de un significante[1].
De la misma forma que Lacan estrujó la estructura del Otro y obtuvo muchísimos
elementos de doctrina, ahora hay que hacer exactamente algo parecido con la
estructura del padre y obtener elementos de doctrina nuevos. El primer paso va
a ser el giro del concepto que denota dicha estructura: del Nombre-del-Padre al Padre-del-Nombre. Y el segundo es que ya la estructura de la cadena
significante va a depender de operaciones que incluyen algo más que ella misma.
Operaciones que no sólo utilizan significantes sino que en ellas el
significante se articula con imágenes, ideas o reminiscencias, y con un real
imposible. Operaciones que permiten obtener el objeto @ como producto y no
sólo, tal como hemos visto en el ítem anterior, como resto de operaciones en la
cadena significante.
No podemos olvidar que Lacan comienza a estrujar la estructura del
Padre-del-Nombre una vez ha podido establecer la tesis fundamental: en lo real hay una falla y la relación
sexual no se puede escribir de forma lógica para sustituir dicha falla. Es
la forma lógica que indica que el tres no
existe en psicoanálisis. Entre los dos sexos no hay ninguna posibilidad de
establecer una relación lógica que suture la falla de la división de la especie
en dos. Luego, como no hay manera de escribir un tres que ligue un uno con
un dos, lo que tenemos es que la
dimensión tres no existe en psicoanálisis. Este punto lo aclaramos desde el
punto de vista geométrico al final de este ítem. En consecuencia, toda la estructura
va a ser suplencias de ese tres que no hay manera de escribir. Clínicamente
podemos indicarlo mediante el caso Juanito: disponer del falo como tercero no
le impide
Sabemos, por los dos ítems anteriores, que esas suplencias no son
equivalentes: no es lo mismo la cadena-nudo borromea de tres nudos, que hemos
denominado personalidad paranoica, que la pseudocadena-nudo de tres nudos
fallida: dos posibilidades de personalidad esquizofrénica, cadena que debe ser
reparada con un sinthoma en el punto de fallo. Y estos dos no son equivalentes
a la cadena-nudo borromea de cuatro nudos en la que un cuarto nudo, como
sinthoma, anuda borromeamente a los tres registros que están des-anudados entre
sí. La diferencia fundamental es que en la cadena-nudo de cuatro nudos
verdaderamente borromea el sinthoma borromeo,
además de ser una suplencia, es una nominación. En las personalidades
psicóticas el sinthoma no es una nominación sensu estricto. De ahí que jamás se
debe confundir el sinthoma-nominación con el sinthoma-reparador aunque puedan
los dos ser cuartos nudos, puesto que producen estructuras distintas más allá
del número de nudos que
Si se diferencia eso claramente, tampoco se confundirá el síntoma con el
sinthoma. El primero se da entre lo simbólico y lo real tal como Lacan lo sitúa
en el Escrito “La tercera” y luego
deberemos ver en cada caso como situarlo en las estructuras fallidas y en la
cadena-nudo borromea. Lo que ha hecho confundir mucho a algunos colegas es que
en el caso de las personalidades psicóticas un elemento (que no es nominación)
hace de sinthoma; y como dicho elemento puede ser un síntoma en otras
estructuras acaban concluyendo que el sinthoma es un síntoma que hace de prótesis.
No es correcto por dos razones: primera, porque se iguala la función de
sinthoma en la psicosis con el de la neurosis,
lo que no es correcto por la nominación ya comentada; segunda, porque
entonces no se puede diferenciar el sinthoma del síntoma en
http://carlosbermejo.net/presentaciones%20orales/superyo%20y%20sinthoma.htm
En el caso de psicosis, que no son personalidades sino que están
desencadenadas y apuntan a la locura, el sinthoma es el segundo nudo que repara
el trébol psicótico fallido para que ésta no aparezca; un caso sería un buen
delirio: aún se ve entonces más claro que el sinthoma no tiene porqué ser el
cuarto nudo sino que puede ser el segundo. Insistimos, el nudo del sinthoma
dependiendo de qué estructuración tiene, nominación o reparación (o de otro
tipo), no da lugar a la misma estructura clínica y esa es la gran potencia para
el diagnóstico diferencial y para la subsiguiente dirección de la cura teniendo
en cuenta la estructura del padre.
El nombre
del sujeto en la nominación simbólica
Recordamos ahora la solución que Lacan ofrece en el escrito mencionado para
el nombre del sujeto. Lacan lo obtiene sólo de operaciones en la cadena
significante, es decir, no necesita los tres registros para definirlo pero
debemos entenderlo, en ese momento de su doctrina, de forma que se da por
supuesto una nominación simbólica con una cadena-nudo borromea. Ésta es la
metáfora paterna en esa época siendo la que sostiene el punto de capitón para
poder hacer las significaciones metafóricas. El nombre del sujeto siempre
depende de como esté la estructura del padre; de hecho lo que sigue a continuación
sólo sirve para esa nominación y habrá que estudiarlo para otros casos de
nominación y sus fallos.
Como veremos en el cuarto ítem el significante no tiene otra referencia que
otro significante por lo tanto al sujeto representado sólo le queda una
solución para nombrarse: efectuar una
significación muy especial lógicamente
anterior a la constitución de la significación habitual. Aquí Lacan hace una
excelente labor con las dimensiones de las cadenas significantes y su
significante fundamental,
Entonces, el nombre del sujeto es la significación que, al igualar su
enunciado con su enunciación, es decir, el punto donde el metalenguaje se
encuentra con el lenguaje, obtiene el famoso