Obviamente
el encuentro entre lo real de lo simbólico (la letra del significante) con lo
simbólico de lo real (la verdad) es lo literal que vira al litoral. En
sentido inverso, el litoral que vira hacia lo literal.
El
método científico sutura los dos campos y por eso las letras rayan lo real y
por eso Einstein se preguntaba ¿por qué demonios las letras que surgían de las
fórmulas eran luego verdaderas en lo real? Nunca le pareció obvio. El método
científico, para asegurar que la verdad, formando parte de lo
simbólico y no de lo real, coincida con éste se conforma con el método
experimental: comprobar cuándo las
fórmulas, además de ser verdaderas en lo simbólico, coinciden con el fenómeno
(cara observable de lo real). Hacen así a la letra verdadera simbólica
equivalente a la verdad de lo real.
Ese
campo es el que estamos tratando de des-suturar, para no confundir la verdad
con lo real sino como un lugar, y no como un saber verdadero que es como
muchos psicoanalistas la sitúan (Freud el primero). Tomar el saber del
inconsciente como un saber verdadero es un error de características
descomunales sobre todo al final de la cura.
Ya
en el matema de los 4 discursos, está la verdad como lugar bien
diferenciada del Saber del inconsciente.
C.
B.
“Tomar
al saber del inconsciente como un saber verdadero es un error de
características descomunales sobretodo al final de la
cura." Esa frase implicaría quedarse atascado en lo que Lacan
llama la histerización del lenguaje; por qué no amplias en lo que refiere al
final de la cura?
Amanda
Oliveros
El
significante es tonto (bête) dice
Lacan; aunque lo llamemos un Saber, no sabe nada. Es una pura herramienta para hacer
significaciones. Y siempre fracasa en esa denotación. Tanto porque no lo puede
hace del-todo en la tópica del Inconsciente, como porque él no remite a nada
que no sea otro significante. A esta remisión es lo que Lacan denomina "Un
Savoir". Sobre lo real no tiene ni idea, pero puede amarrarlo o
amarrarse en él. Es la triskelización. La condensación. O la inversa, un real
se inscribe en él. Es la metonimia. Pero eso no acaba nunca. La verdad,
como lugar, no es más que una manera de indicar que lo que está ahí actúa como
verdadero. De la misma forma que lo que está en el lugar del agente actúa como
si fuese un semblante. Fíjate que sí lo que está ahí es el sujeto dividido
atrapado en el discurso del amo, como desgraciadamente están muchos análisis de
analistas; supongo que es lo que denominas histrificación. (histerización)?
Por
eso Lacan sitúa que, en el discurso analítico, es el Saber el que debe estar en
el lugar de la verdad, pero no porque él sea verdadero. Ésta es toda la
cuestión, como decía Lacan. Y el semblante está ocupado no por el significante
(ése que dice que si está en el lugar del agente está en su lugar natural
de semblante; no es que el significante sea semblante, sino que ocupa ese
lugar porque es el lugar más "natural" para el significante) sino por
el objeto @.
El
problema que tiene ese Saber es que goza y goza tanto en su aprehensión como en
su ejecución. Por eso los psicoanalistas aman tanto a su Inconsciente aunque
les dé más de un disgusto. De eso deben curarse. El Saber del inconsciente es
algo por lo que se debe pasar pero no quedarse en él, ya que lo importante es
que cuando el Saber actúa desde la verdad lo que cambia es que los S1 están en
el lugar de la producción. Es decir, ya no comandan al sujeto (como, dicho en
términos freudianos, “la pulsión comanda al sujeto”, que es como muchas veces
se nos presenta en la consulta). Es, pues, una manera de hacerlos saltar o
incluso de producir nuevos.
Por
otro lado ese no-saber que puede ser in-sabido se ve claro que no sabe porque
justamente sus imposibles los sutura con la otra tópica; la del sentido. No
creo que se deba decir que el sentido fuga sino que sella y cementa. ¿Qué
cementa? Pues el síntoma que se construye con dicho sentido. Sólo disponemos
frente a ello de dos herramientas según Lacan: la homofonía
(“similicadencia” en Freud) y el equívoco de sentido. Una en el juego de la
palabra o del decir con la fonetización de la letra del significante (real de
lo simbólico), la otra con el referente o efecto de sentido gracias
al otro registro (lo imaginario) y es por eso por lo que hay que apuntar al
sin-sentido para pinchar el síntoma y que el discurso se vuelva de nuevo
sobre el otro imposible: la significación; y cuando se consigue que
ésta esté castrada, apuntar al tercer imposible: el sexo. Es mi lectura de L'Étourdit.
C.B.
Es
Lacan quien emplea el término “histerización” en el seminario sobre la
disolución, y para salir de la tal histerización del lenguaje porpone
"Une contre-analyse".
Esta
frase ubica bien el problema: "el sujeto dividido atrapado en el
discurso del amo"; se dice que muchos análisis de analistas se quedan ahí,
pero si se quedan ahí ¿cómo pueden operar en las curas para
otros? Eso se ve mucho en la vertiente universitaria que se difunde como
extension del psicoanálisis.
Amanda
Oliveros
El
pseudo-éxito del psicoanálisis, cuando fracasa estrepitosamente, es que se
transmita como un saber-conocimiento universitario. Lo han reconvertido en una
psicoterapia de alto nivel. Aunque quizás sea eso menos malo que convertirlo en
una psicoterapia de bajo nivel que es lo que circula por aquí. Hay que optar
por buscar refugio en los espacios que el discurso del amo y el universitario
ofrecen: psicoterapias de algún tipo, o poner de nuevo en marcha el discurso
analítico.
C.B.
Téngase
muy en cuenta la diferencia entre discurso universitario y enseñanza en la
universidad.
R. Cevasco
En la ciencia el discurso analítico también cuenta; contexto de descubrimiento: Einstein soñó la teoría de la relatividad (“el deseo del sabio” creo que lo llama Lacan, pero luego no se recoge). En nuestro caso sí debemos recoger el discurso universitario pero no ponerlo al frente. La participación en la universidad tiene sus problemas, pero como en lo social o donde sea, por ejemplo en la salud mental.
Lo que parece fundamental, grupos aparte, es no presentar el psicoanálisis como un saber más; es lo que yo denomino psicoterapia: aplicar un saber-conocimiento a un caso. Por contra, hay efectos psicoterapéuticos nada desdeñables en el dispositivo analítico para aquéllos que sólo hacen un pequeño recorrido. Tanto en mi pequeña experiencia como docente como en la más amplia en salud mental he comprobado una y otra vez tanto lo dañino de lo primero como lo beneficioso de lo segundo.
C.B.
Siento
mucho no haber participado con anterioridad, y con la precisión que este
seminario se merece; asuntos de fuerza mayor me lo han impedido. Pero quiero dar
mi opinión al respecto de las últimas notas sobre el interés de la
conceptualización respecto a “los discursos” para el psicoanálisis y en
particular para Lacan. Por un lado, que el concepto de discurso es mucho más
antiguo que la lectura que Lacan hace del mismo: el discurso en Aristóteles, en
Cicerón, el famoso discurso de Julio César no son ninguna tontería. El discurso
de Cristo a los apóstoles, el discurso de Ptolomeo, o el de Galileo a
Si
éstos ya estaban descubiertos, ¿cuál ha sido el aporte del psicoanálisis? Para
Freud, 'Dora' nos lo dice explícitamente; Freud nos enseña que Dora no habla
por hablar, no habla de cualquier manera, y su enorme esfuerzo (todavía se lee
así) es dejarnos como herencia que Dora construye un discurso alrededor del
'agujero' del deseo, y alrededor de este discurso que Freud nos deja como
herencia, el discurso psicoanalítico. Para Lacan no se trata de un discurso, se
trata de 4, los cuatro discursos. ¿Por qué dice esto de entrada? Si no mal
recuerdo, y ruego a R. Cevasco que lo precise, en la presentación que hace de
su investigación sobre “Los discursos...” en P&S, dice que lo fundamental
para Lacan, y por supuesto para el psicoanálisis es el paso de un discurso a
otro, como el sujeto “hace el paso” de un discurso a otro. Y desde aquí, para
mí, todo se aclara. ¿Siempre traerá de entrada el discurso del Amo? ¿O en la
actualidad hay que trabajar para que pase por ello? ¿Con qué dificultad
introducirá “el supuesto saber” su puesto en relación al saber, pasando por el
discurso universitario? (Aquí queda claro que la enseñanza en la universidad y
el discurso universitario, para Lacan, no es lo mismo). O sea, ¿cómo funciona el
saber en el recorrido analítico de ese sujeto en particular.
De
allí o no entrará en el “histerizar”; todo sujeto tiene que pasar por el
discurso histérico (histerizarse no quiere decir hacerse histérico, sino pasar
por el discurso que prima el deseo como fundamental a su proceso), y cuando
pasa por el discurso analítico, una y otra vez, podrá trabajar con “el objeto”
en sus distintas facetas.
Aclarado
estos puntos, para algunos de ustedes quizás muy elementales, mi opinión, por
mi propia experiencia como analizante y por mi escucha como analista, que de
esto no se sale, siempre estamos dando vuelta de un discurso a otro: del
discurso del Otro, a un Otro del discurso, y es en este dar vueltas que Lacan
empalma con el nudo borromeo. No hay solución al nudo, no se puede salir del
nudo, porque sería salir de la estructura; no se puede salir de la ronda de los
discursos, porque sería dejar de “decir”, y dejar de decir sería la muerte del
sujeto, o lo que es lo mismo, el derrumbe de la estructura. La cuestión es lo
que hace el sujeto de un dar vueltas o otro, de un nudo a otro, de un discurrir
a otro, de un anudar a otro. Éste es el material con que opera el
psicoanálisis, no es direccional. Del discurso del amo al discurso
psicoanalítico, como si pudiéramos sacarnos de encima el discurso del amo.
Lo
vemos claramente en el mundo actual, lo que ello significa, como si pudiéramos
sacarnos de encima el discurso universitario (la posición del sujeto con
respecto al saber); con esto denuncio desde como surge el débil mental, en su
descreimiento del saber del Otro, o del Otro, a pensar. Como si nos pudiéramos
sacar de encima el discurso de la histérica; sabemos que ha producido esto, los
fenómenos psicosomáticos, la bulimia y la anorexia, la drogodependencia, etc. Y
para concluir, el peligro que significa que la ciencia y la política en
particular logren sacarse de encima el discurso psicoanalítico (que no es lo
mismo que el psiconálisis), se sacarán de encima el lapsus, la falta, el Otro
barrado, etc. Denuncio que con esto se nos presenta el sujeto feliz. Adviene el
sujeto de la felicidad.
Alberto
Caballero
La discusión que se abre, si bien no es de
topología directamente, en algún punto se debe encontrar. Una inquietud a
propósito de los discursos: ¿Qué discurso se pone en juego cuando la
preocupación actual en un amplio número de psicoanalistas es por lo que el
psicoanálisis debe hacer frente al empuje del capitalismo y “su oferta de
objetos para el goce”? O dicho de otra manera ¿le corresponde al psicoanálisis o
a los psicoanalistas “decir algo” con respecto al empuje del capitalismo y de
qué manera sería tal decir y en qué lugar? Es la forma como algunos han
pensado al psicoanalista fuera del consultorio. ¿No sería otra forma
análoga al caso de aplicar un saber-conocimiento a lo social? El psicoanálisis
como una herramienta, un útil que se puede sacar para resolver los problemas
del mundo. El psicoanálisis puede ser una herramienta de pensamiento, y la
ganancia de saber puede ser utilizada si se hace con las ideas claras.
Beatriz Maya
Si en el texto de los Otros escritos "Acte de fondatión" habla de dos secciones
en la escuela, psicoanálisis puro y aplicado, y en este apartado se
refiere a lo terapéutico dentro de lo médico (que es lo que él proponía como alternativa
a la psicoterapia, y que más valdría que algunos se lo releyeran antes de
meterse ha hacer escuelas) ¿por qué no pensar usar no tanto su clínica aplicada
sino su doctrina, y no su saber-conocimiento, para algo de la crítica en
lo social? Sólo meterse con el capitalismo me parece un poco "sacar los
pies del tiesto".
En un momento en el que el marxismo, y su excelente
crítica del capitalismo, está en horas bajas como
doctrina (aunque vuelve como religión) algunos no saben qué oponer al discurso capitalista
(que es algo más que un discurso porque además es ideología y una manera de
mover el mercado, que existía antes que el capitalismo), se usa el
psicoanálisis. Me parece un cierto error, primero porque justamente a veces lo
que el psicoanálisis dice sobre la falta justifica que el capitalismo exista
para suturarla si no hay responsabilización del sujeto, o sea si
no se castra un poquito. Segundo, porque como muy bien indicaba R.
Cevasco, que de esto está más al tanto que yo, en un seminario en Barcelona, el
discurso capitalista necesita para la producción de la plusvalía todos los
otros discursos para que los sujetos sobrevivan. Algo así como matrix es
necesaria para que los humanos produzcan energía como una pila.
Y lo que me parece más fundamental: el real del
mercado no es el real del psicoanálisis. Son otros discursos, indica Lacan
en L'Étourdit, los que crean ahí
el suyo. No sé cómo la topología se puede unir ahí si no se hace lo que yo
intento o algo semejante: rigorizar la clínica con las herramientas que hagan
falta. Yo utilizo las que Lacan propone en el Escrito "Quizás en Vincennes". Y algunas más de mi propia
cosecha del campo científico actual.
A lo social quizá podemos llevar la intervención de
tipo interpretativo, quiero decir lógica, que permita que se cierre la
demanda que está en el tiempo apropiado. Es decir, ayudar a cerrar con
nuestro dicho el decir de otros para que no sigan repitiendo, pero no veo yo
mucho más.
Freud nos marcó un camino en El malestar en la cultura; yo me conformaría con poder situar
topológicamente al super-yo cultural un poco mejor. Porque ése es el que
está empujando al goce a las sociedades, en este momento por la vía de los
ideales izquierdistas-religiosos. Y seguramente el plano proyectivo fantasmático
dará la vuelta hacia los otros ideales menos religiosos y más perversos.
No sé si está de acuerdo. Pero eso sería un bonito
trabajo de escuela, ya que además ayudaría la clínica del día a día
C.B.
Os
reenvío unos pequeños apuntes sobre el goce y el lado femenino. Espero que
pueda ayudar a su comprensión. Es un pequeño apunte de enseñanza que proviene
de una supervisión institucional.
La
introducción del registro simbólico supone tres cosas:
a)
la capacidad del significante de representar a un sujeto para otro
significante.
b)
la introducción de un goce no biológico.
c)
La infinitud que supone que entre un significante y otro se pueda siempre
construir un tercero.
Esa
infinitud de lo simbólico, que jamás es encontrada en la naturaleza, es lo que
nos tortura, ya que impone un goce infinito. Por ejemplo, la tortura infinita,
etc.
Ahora
bien, la infinitud: el significante como representación para otro significante
es de un orden de infinitud denominado denso, es decir que aunque entre un
significante y otro puedan haber infinitos significantes, deja agujeros. Es el
denominado “Aleph 0”. Es el infinito de los números racionales o
quebrados. Ese agujero que siempre queda es lo que Lacan denomina el
deseo. Es decir, al significantizar la necesidad biológica siempre queda
un resto metonímico "no significantizado". Por eso es taponado
por el objeto @ como "petit @". Y es por eso que Lacan apuesta
siempre por el deseo. Este deseo proviene entonces de la vida, pues bajo él
está la necesidad. Es el componente libidinal del deseo (que se adjunta al
narcisismo), por eso pasa por el fantasma. Este petit @ se une a la causa
del deseo si articulamos la tópica del
espejo con la del inconsciente.
Pero
para lo pulsional nos encontramos con el goce introducido por el significante
sin provenir de ningún real biológico en juego. Es un goce que atrapa al
organismo, y goza de él, es el cuerpo de goce. Éste, que Freud denomina
pulsional, debe encontrar un objeto que haga de exterior para que no sea psicosomático,
pasando por una etapa autoerótica (en la que se mezcla goce con líbido y que
despistó mucho a Freud) y lesione al cuerpo; es el objeto @ plus-de-goce. Estos
significantes crean un espacio de goce que ya no es denso sino compacto, no
tiene agujeros, como los números irracionales (que sumados a los racionales
construyen los reales). Por eso el Goce del Otro es tan horroroso, pero el goce
no es algo que provenga del registro real, insistimos, sino que se basa en el
significante. Entonces es de una infinitud superior y es el
Aleph 1. Por eso Lacan no apostó por el goce como solución
sino que había que atemperarlo. De él no se puede escapar, decía Freud.
Entonces
el Inconsciente, o la significación fálica, intenta, desde el significante en
su aspecto denso (la relación al Otro del significante), dar cuenta del goce
del significante en su aspecto compacto (el Otro del goce, o antigua pulsión).
O dicho de otra manera, desde la significación construida con el aspecto
material del significante dar respuesta al aspecto de sustancia gozante del
significante. Une también así la causa del deseo con el plus-de-goce.
El
plus de goce no es significante sino pedazos (letras) que son subconjuntos de
ese espacio creado de goce. No hay que perder jamás de vista la definición
topológica de espacio: un conjunto dotorado de una topología. Una topología es
un conjunto dotado de subconjuntos del conjunto primero que cumple una serie de
propiedades. Luego un conjunto nos es denso o compacto mas que refiriéndose a
la topología que se ha definido en él. Cuando no se especifica es porque se ha
definido la topoogía denotada como Topología Usual. La topología conjuntista,
con la que Lacan estudia el goce, topología de la letra, no es la de las
cadenas significantes que es
¿Y
el goce hembra? pues es todavía un espacio más allá. Es como los números
complejos, un componente real y otro imaginario (la famosa raíz cuadrada de
menos uno que los matemáticos denotan “i”). Su orden de infinitud es el mismo
que el de los reales Aleph 1. Cosas raras que tiene la aritmética transfinita:
lo números complejos tienen el mismo orden de infinitud que los números reales
que son un subconjunto suyo.
Clínica
Por
un lado, si no hay significante fálico, el goce específico hembra es confundido
con el Goce del Otro, ya que el sujeto no puede diferenciar denso de compacto.
Por eso el "empuje a la mujer en algunas psicosis", y el temor a
dicho goce hembra en los neuróticos.
Este
espacio mas allá supone que hay un goce que no pasa por el significante ni como
representación ni como sustancia gozante. Entonces, si un sujeto dispone del falo
y la función fálica, además de castrarse debe castrar al inconsciente para que
una fórmula (no-del-todo fálico) le indique que el goce hembra en parte
está en el Goce del Otro y en parte en el Otro goce (que sólo pasa por lo
imaginario y lo real).
Es,
pues, un goce infinito de segundo orden y algo más para los neuróticos y
sólo el infinito de segundo orden para los psicóticos. Éstos confunden el
goce del Otro (goce de Dios en Schrebers) con el goce de la hembra. Por eso se
denomina “empuje a la mujer” y no “empuje a la feminidad”. No hay que
confundir la mascarada transexual ni cosas parecidas con lo femenino. Es empuje
a
).
En
algunos casos de psicosis, un sinthoma pequeñito hace de barrera al encuentro con
dicho goce en la psicosis y no hay que intentar curarlo.
En
el caso de la neurosis, Lacan define el goce femenino como un goce envuelto en
su propia contigüidad. Esto lo hace en el Escrito
“ Ideas directivas para….”. En ese momento sólo disponía de la teoría de
cadenas significantes o homología a la que me refería antes.
Es
conocido que en los años setenta en los hospitales psiquiátricos el diagnóstico
diferencial complicado era en mujeres “o histería o epilepsia”. Ello se debía
los trastornos denominados psicomotores o crisis psicomotoras. El problema era,
además de que no disponían de los aparatos con definición como ahora para la
neurología, que el goce hembra se presentaba no “rasgado” sino en “descarga
sobre el organismo al que había atrapado” cuando se estaba en el todo fálico
del lado hembra,
. Si, para complicar las cosas, encontraban algún foco
irritativo no acaban de concluir y se diagnosticaba “histeroepilepsia”. Eso
ahora no se ve casi nunca, si en un servicio una histérica hace epístonos todo
el servicio corre a verlo. Por contra, la clínica actual de la histeria
Lacaniana, que está en una especie de para-todo fálico al estilo macho, resulta
que ese goce que no ha podio “rasgar” goza de su cuerpo y lo tensa sin crisis
de descarga y produce la fibromiálgia. Un goce compacto que produce el dolor.
Vemos
así que se pude unir la teoría del goce mediante cadenas significantes con el
goce como “espacio” de letras. Esta unión nos ayuda a dar una definición
precisa para la clínica de nuestros días. No debemos olvidar que un cadena
significante tiene un referente de un poliedro, en el primer modelo homológico
de la cadena significante, y éste a su vez puede entenderse como un espacio
topológico conjuntista. Esta es la doctrina que une la teoría de la letra como
soporte material del significante y la teoría de la letra como recubrimientos
del espacio que el significante crea. ¿Se visualizan mejor así los dos tipos de
letras? Lacan nos ha puesto así los puntales para el psicoanálisis del siglo
XXI y quizás el de XXII. Ha hecho un trabajo en analogía la que hicieron los
antecesores de Aristóteles para el conocimiento.
Un
añadido:
Es
por el hecho de que el Goce Otro, el que se equipara a los números
complejos, no pasa por el Inconsciente por lo que Lacan intenta darle un
significante. Sí, es raíz cuadrada
de menos uno la nueva unidad no significante, o sea, en su jerga, no es una
unidad numérica real (simbólica en nuestro caso), es decíamos, el que se
añade a la unidad de los Unos. Ejemplo:
c=3.1+4i; tres unidades uno y cuatro
unidades i.
Entonces,
Lacan, sustituye esa "i" por S(
). Parece una contradicción porque acaba de darle un
significante a lo que no pasa por el significante. Por eso algunos indican que
el S(
) es el significante de la mujer. Es un error de bulto.
Yo
creo que hay que ser más cuidadoso, ya que S(
) no es el significante de lo que no pasa por el
significante, sino el significante que marca que algo no pasa por el
significante, que no es lo mismo. Y para que ese significante se construya
advirtiendo de un más allá, debe estar construida la tópica
pseudometalingüística del Inconsciente por
.
C.B.
Estimado Carlos:
Habría otro significante para lo que denotas como
"hembra"? La feminidad, la femenité es diferente de le feminin,
lo femenino, donde situar ahi, lo que llamas la "hembra". Un saludo
cordial,
Amanda Oliveros
Llamo
“hembra” al lado hembra del goce. La feminidad incluye otros elementos con el
falo imaginario, la privación etc. En L'Étourdit
Lacan sitúa eso, por el lado de la identidad, del moi. Hay que desarrollarlo bien porque tiene gato encerrado (es más
complicado de lo que parece).
Hay
ahí un asunto de identificaciones y operaciones que hay que establecer bien.
Estoy un poco liado con el cuarto -1 en el que sitúo la privación y sin
eso no sé articularlas bien.
C.B.
Estimado Carlos: Interesante lo que indica Caballero: el paso de los discursos al nudo podrías desplegar algo mas al respecto?
Amanda
Oliveros
¿Cómo articular estructura de nominación con los discursos? El que lo ha tratado de hacer, muy rápidamente a mi entender, es Richard Abibon. Tiene página Web propia.
Para Lacan el nudo, o los registros, son las dit-mensiones del decir. Es decir, un paso muy básico para obtener el "espacio que alberga dicho decir". Del decir, pero si son dit-mensiones, ya estamos en el dicho.
Si recordamos los primeros párrafos de L'Étourdit, Lacan nos propone una estructura del metalenguaje que falla, distinta de la que nos ofrece la gramática generativa. No hay estructura de árbol jerarquizada ni estructura profunda frente a la superficial. La estructura del lenguaje no es la misma que la de la lengua por eso la tópica del inconsciente es distinta de la del sentido y debemos separarlas radicalmente en contra de la lectura Milleriana. En Freud y Lacan a veces se confunden pero Lacan al final las diferenció claramente. La lectura Milleriana es des-orientación en ese sentido.
Nos propone Lacan una especie de dualidad en la que las frases se aplican las unas a las otras (como si fuesen un metalenguaje) en cualquier orden. Ahora bien, el acto de decir siempre se escapa, porque cada una de ellas, además de poder indistintamente hacer de sujeto u objeto, según se la utilice (recuérdese lo del subjectum que ya he explicado), denuncia la inexistencia de la otra. Este punto es oscuro en el mismo Lacan que escurre el bulto en algo que no acaba de ver claro y que tendré que aclarar algún día, pero que va por la idea de que ninguna denota nada y por eso remiten todas a un existencia vacía. El decir ex-siste al dicho y éste aunque esté construido con enunciación y enunciado es el único que tiene dit-mensiones. Me baso en lo que él mismo indica cuando dice que el nudo no es metáfora sino que él incluye a lo real para que ex-ista.
Con los discursos, tal como nos lo recuerda Alberto Caballero, Lacan pone cuatro pero resulta que rompe la simetría rotacional cuando indica que en cada paso de un discurso a otro ha operado el discurso analítico. Lacan siempre mete, contra el operacionalismo popperiano, lo definido dentro de la definición; es su manera de mantener en la doctrina la tesis de que no existe el metalenguaje. Por eso hablaba yo de dualidad: a aplica sobre b pero b aplica sobre a y todo se sostiene de todo y no de unos principios básicos o de unas materialidades básicas como en la ciencia. Entonces el decir es el "acontecimiento" que ocurre en un espacio de dit-mensiones pero ex-iste al dicho mismo.
Y ahora la diferencia fundamental: el decir no es la palabra. Entre el decir y el dicho se entremezcla la estructura del discurso. Por eso mi interés en situar la verdad y el Otro y los lugares del discurso en la cadena-nudo de 12 hilos. Por contra la palabra puede ir desamarrada de un discurso (debilidad mental).
Es
evidente que la cura es por la palabra y no por el decir. Ya que el sujeto
puede decir de muchas maneras, por ejemplo un sueño. Una vez más hay que
articular el aparato de escritura y el de palabra. Que no sean lo mismo no
quiere decir que no estén articuladas. Baste recordar el Seminario XI cuando
Lacan indica que la pulsión es la invocación al Otro, esta fundiendo palabra y
apelación pulsional (invocante en la ocasión). Eso lo hace para justificar el
paso de lo autoerótico a lo pulsional. Y se le mezcla la parole con la pulsión.
Si diferenciamos el decir, como creador de la pulsión en el dicho, de la
enunciación de la palabra articulada y
su enunciado veremos que no es lo mismo las dos cadenas significantes horizontales
(parole) del grafo del Escrito “Subversión
…” que la cadena vertical retroactiva en la que Lacan adjunta la pulsión. Para
diferenciar el dicho del decir y articularlo con la parole yo he introducido
una nueva cadena punteada en el trabajo colgado en la página Web sobre el
super-yo y el síntoma.
Un aparato de decir que siempre ex-siste, escribe la pulsión como dicho, y éste puede pasar a formar parte de la enunciación en el enuncido articulado como palabra. Es la mejor articulación entre imposible, Ello e Inconsciente que Lacan nos ofrece en L’Étourdit sin utilizar dos Otros.
Cuando los faraones hablaban decían acto seguido "Que así se escriba". Nosotros funcionamos al revés muchas veces "así se escribió porque así lo ha dicho (parole)". La palabra son las funciones que operan sobre el nudo o son condicionadas por él. Son las que lo modifican o puden modificarlo. Pero una palabra que no toma valor pulsional (responder en términos de pulsión avanzaba ya Lacan) no sirve para gran cosa. En eso sí que el Millerismo estuvo atento, si el analizante no goza de la pulsión invocante no hay análisis posible.
¿Qué hay de común entre el decir-dicho y la enunciación-enunciado?
Toda el álgebra que Lacan construyó, las letras de doctrina de todo tipo: que son significante en la experiencia; por eso indica que el S1, aun siendo “pulsional” puede ocupar toda la frase entera. Es, pues, la teoría del significante la que nos une la palabra y el decir. En el discurso están tanto los lugares que el nudo crea como el álgebra que condiciona la palabra.
C.B.